Archivo de la categoría ‘máquinas maravillosas’

18 de julio de 2014

La Casa delle Girandole de Donato Zangrossi

Gracias a Giada Carraro, especialista en arte irregolare veneciano, por enviarme su gran pequeño libro dedicado a “La Casa de los Molinillos, el Arte Cinético de un Poeta Astrónomo Veneciano”.

En él se cuenta la historia de Donato Zangrossi, conocido como Guido o Nono Zangrossi (el abuelo Zangrossi) quien decoró con molinillos de colores la fachada de su casa en Campo Castelforte, Venecia.

Los padres de Zangrossi (1905-1990) regentaban una frutería y Guido, aunque apuntaba maneras como estudiante, tuvo que ponerse a trabajar como operario en una fábrica siendo aún joven y conformándose con dedicar sus flecos de tiempo libre a la lectura.

Zangrossi era un devorador de libros que tenía predilección por los temas de físca y astronomía. Nunca dejó de anotar en sus cuadernos teorías que aunaban ciencia y poesía ni tampoco apuntes relacionados con la moralidad. Resulta muy ilustrativo de su talante que una de sus citas favoritas fuera de su admirado Kant: “Dos cosas colman mi alma de nueva y creciente emoción: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”. Esta frase nos ayuda a imaginar al personaje asomado a su ventana, entre molinillos, devolviendo el saludo a las barcas, con la mirada afable y soñadora que se aprecia en las fotografías.

Zangrossi se casó y tuvo tres hijos con su primera esposa, que falleció joven. A su segunda mujer la encontró un año después y fue con ella con quien se instaló en la casa que había pertenecido a sus padres. La casa que se convertiría en La Casa delle Girandole. El momento propicio para entregarse a su obra no llegó, como sucede en muchos casos de artistas outsider, hasta la jubilación.

Empezó poco a poco, muy discretamente, primero con un molinillo, luego con dos. Algunos más en la segunda planta… hasta que terminó creando un complejo e hipnótico sistema dinámico que fascinaba a los que navegaban la calle veneciana. Mucha gente tenía rituales asociados al paso por el pintoresco lugar, incluso los estudiantes universitarios acostumbraban a observar en qué sentido giraban los molinillos para vaticinar el resultado de sus exámenes.

Me parece como si Zangrossi hubiera encontrado, con sus molinillos, una forma materializar ese anhelo de aunar ciencia y poesía o al menos de plasmar su visión del mundo como un maravilloso mecanismo que sigue girando mientras nos hacemos preguntas existenciales, como las que él anotaba en sus cuadernos ¿Qué soy? ¿Qué es el universo?

Desgraciadamente, tras su muerte, su obra se deterioró y ha desaparecido. Por suerte nos quedan testimonios como este librito de Giada Carraro de lo que fue durante muchos años la ilusión de un hombre, a la que dedicó su creatividad y su cariño, además de exahustivos cuidados de mantenimiento y con la que alegró, sin proponérselo, el día a día de sus vecinos.

“La casa delle girandole. L’arte cinetica di un poeta astronomo veneziano” está editado por Linaria y que puede adquirirse en IBS o en Libreriauniversitaria

Más información y bibliografía sobre Donato Zangrossi en el genial blog de Henk Van Es Outsider Environments

la_casa-delle-girandole-giada-carraro

la_casa-delle-girandole-giada-carraro

la_casa-delle-girandole-giada-carraro

<img class="aligncenter size-full wp-image-1524" title="la_casa-delle-girandole-giada-carraro_3" src="https://elhombrejazmin.com/wp-content/imagenes/2014/07/la_casa-delle-girandole-giada-carraro_3.jpg" alt="la_casa-delle-girandole-giada-carraro" width="600" height="392" srcset=” width=”600″ height=”458″ />

 

 

24 de octubre de 2012

Charles Dellschau, el carnicero que soñaba con volar

charles dellschau's flying machine

Charles Dellschau (Texas, nacido en Alemania, 1830-1923) era carnicero y no había desarrollado ninguna actividad creativa hasta el momento de su jubilación. Sin embargo desde los 78 hasta los 92 años, dedicó toda su energía a dibujar artilugios inventados para volar. Completaba cuadernos de notas de gran formato con varios tipos de aparatos que cobraban vida a través de la acuarela y el collage. Integraba incluso papel de carnicería y hule en sus creaciones.

En ocasiones las máquinas representadas se parecían a globos o dirigibles que portaban un piloto o pasajeros, en otras se trataba de imágenes más líricas que visionarias: barcos que flotaban en el aire gracias a paraguas, bicicletas, autobuses o tranvías fantásticos… Dellschau gustaba de enmarcar sus creaciones con motivos rayados o geométricos e inscripciones, un indicativo de su consciencia de estar realizando algo con valor plástico más que un boceto preparativo para la construcción de una máquina.

La humanidad ha soñado siempre con volar. En la mitología, los héroes vuelan con frecuencia gracias a caballos voladores, alfombras mágicas o sandalias aladas y cuando no las tienen las construyen, como Dédalo o como el herrero Volund. Más allá de la Techné, todas las culturas creen o han creído que el alma puede dejar el cuerpo y volar. Dice Patrick Harpur en “El fuego secreto de los filósofos” que cuando los vuelos de la imaginación chamánica fueron excluidos de la modernidad como imposibles, el mito tuvo que ser laboriosamente representado mediante la construcción de aviones e incluso de cohetes espaciales.

¿Qué sucede cuando se encuentra una aspiración romántica como volar con un reto técnico? Es curioso que el primer helicóptero que obtuvo permiso comercial, el Bell Model 47, fuera obra de un hombre con una visión lírica: Arthur Young deseaba inventar un nuevo tipo de máquina voladora que fuera una metáfora del espíritu en evolución, el sí-mismo alado que bautizó como psicóptero.

En el momento en el que Charles Dellschau componía sus máquinas voladoras existía una inquietud social por conseguir volar. En los recortes de periódico que pega en sus obras se hablaba incluso de un misterioso gas propiciatorio.

 

 

 

 

 

26 de noviembre de 2011

Le manège du Petit Pierre

El tiovivo de Pierre Avezard (Francia, 1909‐ 1992) es un conjunto móvil de figuras de madera y metal construidas con latas de conservas y otros materiales de desecho. Posee una réplica de 12 metros de altura de la Torre Eiffel, un átomo de molécula gigante, flores y plantas de metal entre otros objetos fantásticos. En la actualidad puede seguirse viendo en la colección La Fabuloserie.

A Pierre Avezard, llamado Petit Pierre, le gustaba decir que nació antes de lo previsto. Sin siquiera el agujero de las orejas, por tanto sordo y medio ciego, se le confió el “oficio de los inocentes”: pastor. La invasión de las máquinas en la vida del hombre le dejaba perplejo y pasaba sus días analizando el movimiento de los aparatos con los que se topaba. Solitario y fascinado por la velocidad a la que cambiaba el mundo, comenzó a construir este carrusel que aún hoy sigue girando con ensordecedor chirrido de hierros.

23 de enero de 2011

Máquinas (en busca del movimiento perpetuo)

l.c._spooner

L.C. SpoonerPoco se sabe sobre L.C. Spooner aparte de lo que se encontró en un libro de notas que data de 1911-1934. Éste estaba lleno de diseños de máquinas a las que Spooner había tratado de aplicar los principios de movimiento perpetuo y de auto-propulsión. Por desgracia, las fuentes de energía que pondrían en funcionamiento todos estos dispositivos son un misterio  desaparecido con el autor.

Ver otros posts sobre máquinas maravillosas aquí


Fuente: The End is Near! Roger Manley.

12 de agosto de 2009

Máquinas


Fig. 1. François Monchatre, “Puedo llamaros Hélène” (1977).


François Monchatre (Francia, 1928) está fascinado con la aviación y construye excéntricas máquinas con todo tipo de materiales. Si éstas son interesantes de por sí, las completa con curiosos títulos, poéticos y ocurrentes. Entre otros oficios, François contruyó muñecos y fue limpiador de cristales.


Su obra se encuentra recogida en la Fabuloserie (la colección de Alain Bourbonnais) al igual que las extrañas máquinas de Joël Negri (Francia, 1949) que replantean la relación del hombre con la locomoción.

Fig. 2. Joël Negri, “El carro a vela” (s.f.)

Joël Négri era albañil de profesión y tenía cierta experiencia trabajando con mosaicos y azulejos. Sus primeros trabajos fueron relieves pero poco a poco se fue sumergiendo en su principal inquietud que gira en torno a la rueda. Realizó una serie de ‘carros’ con cabezas humanas o de animal. Objetos híbridos a caballo entre el juguete y la máquina, lo orgánico y lo mecánico.


En sus últimos trabajos ha virado su interes a creaciones más abstractas sin llegar a abandonar su léxico preferido compuesto de alas y ruedas.


Fuente imágenes: Outsiders: An Art Without Precedent or Tradition. (1979) London: Arts Council of Great Britain.


29 de marzo de 2009

Máquinas maravillosas… continuación

Giant Whirlings, Vollis Simpson

Vollis Simpson (1919) en Carolina del Norte utilizó la energía del viento y el sistema de calefacción de su hogar para mover sus molinillos gigantes, algunos de más de 10 metros. El metal empleado en su fabricación procede de piezas de vehículo encontradas en vertederos. Le interesaban sobre todo los reflectores que devolvían brillos de colores en todas direcciones.


Giant Whirlings, Vollis Simpson


En Fay-aux-Loges, Francia, encontramos Le Manège, obra de Pierre Avezard (1901-aprox. 1980) consistente en un conjunto móvil de figuras de madera y metal construidas con latas de conservas y otros materiales de desecho. Posee una réplica de 12 metros de altura de la Torre Eiffel, un átomo de molécula gigante y flores y plantas de metal entre otros objetos fantásticos. En la actualidad se encuentra en La Fabuloserie, un museo privado de piezas de Art Brut.

A Pierre Avezard, llamado Petit Pierre (1909-1992) le gustaba decir que nació antes de lo previsto. Sin siquiera el agujero de las orejas, por tanto sordo y medio ciego, se le confió el “oficio de los inocentes”: pastor. La invasión de las máquinas en la vida del hombre le dejaba perplejo y pasaba sus días analizando el movimiento de los aparatos con los que se topaba. Solitario y fascinado por la velocidad a la que cambia el mundo, comenzó a construir este carrusel que aún hoy sigue girando con ensordecedor chirrido de hierros.

18 de enero de 2009

ACM, esculturas de piezas mecánicas




A. C. M. (Francia, 1951) era un chico extramadamente tímido que consiguió empezar estudios de arte a pesar de no haber terminado la enseñanza secundaria (por ser considerado mal estudiante).

Su época en la Academia de Bellas Artes fue especialmente dura. No se sentía cómodo con el resto de los estudiantes y su tendencia a intelectualizar el arte o llevarlo hacia la política (eran los tiempos que siguieron a 1968). Intentó suicidarse varias veces y se refugió en autores como Rainer Maria Rilke, Friedrich Nietzsche o Antonin Artaud.

En 1976 su vida dio un giro cuando heredó una casa en ruinas que había sido una fábrica. Allí se le abrió un mundo de posibilidades y comenzó a limpiar y pintar pequeñas piezas mecánicas que juntas, construían extraños edificios, catedrales, barcos…

Las imágenes proceden de http://www.abcd-artbrut.org/article.php3?id_article=477 y http://c-monster.net/blog1/2008/01/25/photos-outsider-art-fair-nyc/

7 de diciembre de 2008

juguetes contra la ceguera


Habiendo dedicado su vida al trabajo de la madera, Emile Ratier comienza a sentir que está a punto de quedarse ciego. La pérdida progresiva de la vista, le empuja a aferrarse a un mundo donde se potencian los otros sentidos. Sin dejar de trabajar el material por él más explorado, comienza a construir objetos de madera fantásticos y polisensoriales. Estos consisten en máquinas, norias, extraños tiovivos o relojes cuyo engranaje hacen funcionar los animales. El tacto y el sonido, toman un papel importante en el disfrute de estas máquinas de madera, clavos viejos, piezas de bicicleta y alambre. Ratier quedó completamente ciego a la edad de 65 años.

Páginas: 1 2