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16 de enero de 2008

Imágenes de libretas (II)

Adolf Wölfli (1929), Heinrich Herman Mebes (1913).


Joseph Heinrich Grebing (1915/1921), Peter Meyer (Peter Moogg) (1920)



August Johann Klose (sin fecha) y Constance (sin fecha).

Eugen Hirneis (1910- 1915) y Emma Hauck, Carta a su marido (1909).

libretas
Cuadernos de Adolf Wölfli, (entre 1908 y 1930)

La mayoría de estas obras han sido realizadas por enfermos mentales en psiquiátricos y pertenecen a la colección Prinzhorn. Hay historias interesantes detrás de cada uno de ellos. Sólo hablaré de Emma Hauck, su cuaderno es una larga carta a su marido escrita desde el psiquiátrico. Aprovechaba todos los rincones de la hoja superponiendo unas frases a otras. El resultado es difícil de leer pero parece que necesitaba llenar el vacío de su existencia más que comunicar realmente con su marido. A veces repite obsesivamente una misma frase “ven”, “ven, cariño”, “¿Cuánto tengo que esperar hasta que te dignes a venir a buscar a tu mujer?/ Ven, ven, ven/ No puedo soportar seguir sin tí/ Quiero estar contigo/ No importa/ Ven, ven, ven/ ¿Me quieres?/ ¿Ven, ven, ven” Antes de entrar en el psiquiátrico de Heidelberg, Hauck no conseguía llevar bien su vida de esposa con niños. Se le diagnosticó esquizofrenia incurable y permaneció en la clínica hasta su muerte.

14 de octubre de 2007

La Sra. St

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Sra. St. Sin título,1890.
Collage, lápiz, tinta, acuarela, 269.0 x 25.0 cms (Inv. No 3417, detail).
Fuente:
www.prinzhorn.uni-hd.de

Esta extraña pieza fue creada en 1890 por una mujer de la que sólo conocemos las dos primeras letras de su apellido: St así como su diagnóstico: esquizofrenia. De grandes dimensiones, está construida a base de pequeños fragmentos pegados entre sí y decorados con motivos ornamentales y algún detalle figurativo.

14 de octubre de 2007

Bordar la memoria. Agnes Richter

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Agnes Richter. Fuente: http://prinzhorn.uni-hd.de

Si estuviera en un hospital de finales del SXIX sin comprender porqué he sido internada; si vistiera un frío uniforme día tras día y viera mi identidad cada vez más desintegrada; si fuera drogada contínuamente y a pesar de todo me quedara esperanza, yo también escribiría.

Pero escribir no era algo al alcance de cualquiera en aquella época, y menos para un loco, y menos para una mujer.

Agnes Richter, como el resto de las mujeres del psiquiátrico sólo podía asistir a los talleres adecuados a su género: los talleres de costura.

Allí consiguió hilo y aguja para bordar su biografía sobre la chaqueta de su uniforme.

También lo entalló para hacerlo más ajustado a sus formas. Así creó una segunda piel para contener su memoria, bordada por dentro y por fuera, hasta el último rincón. Porque en la batalla contra el olvido lo que no se escribe muere y lo que es peor ¿y si el recuerdo muere antes que ella misma?