Entradas con la etiqueta ‘Hans Bellmer’

26 de diciembre de 2010

Friedrich Schröder-Sonnenstern

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Friedrich Schröder-Sonnenstern (Lituania, 1892-1982) vivió una juventud conflictiva que transcurrió entre reformatorios y asilos y que fue forjando en su personalidad el odio que siempre sintió por cualquier figura que representara la autoridad. Más tarde fue declarado enfermo mental y alternó todo tipo de trabajos con períodos de internamiento en psiquiátricos y prisiones. Durante una temporada fue curandero y obtuvo bastante dinero como vidente. Sin embargo, todo lo que recaudó lo donó a los pobres.

Empezó a dibujar durante una estancia en la cárcel en 1949, animado por un artista. Su imaginario bizarro y sádico causó interés en los ambientes artísticos de Berlín y fue apoyado entre otros por Hans Bellmer. A partir de 1959, con 62 años, comenzó a ganarse la vida con su obra.

Suele trabajar con lápices de color sobre veladuras suaves para conseguir profundidad. No es de extrañar que despertara la admiración de Hans Bellmer ya que ambos artistas comparten esa atracción por los cuerpos que mutan hacia lo monstruoso, explorando lo perverso que brota de interrumpir el devenir de las formas redondeadas. En el caso de Schröder-Sonnenstern, al fusionarlas con animales, creando anatomías híbridas que flotan en espacios lavados.

El turbador universo de Friedrich Schröder-Sonnenstern ha pasado a formar parte de la historia del arte como uno de los más interesantes del arte outsider y como un epígono del surrealismo.

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29 de junio de 2008

Las muñecas de Morton Bartlett

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Morton Bartlett, fotografías de muñecas entre 1940 y 1960

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Morton Bartlett en 1932 y dos fotografías de muñecas entre 1940 y 1960

Morton Bartlett (Boston, 1903-1992) comenzó a construir sus muñecas niña (y también algún niño) en1936, fecha de publicación del libro The Doll de Hans Bellmer. Sobreviven 15 de ellas, que fueron descubiertas en un sótano después de su muerte junto a dibujos, trajes y cerca de 200 fotografías.

Construir cada una de estas pequeñas personas (de aproximadamente la mitad del tamaño real de un niño) primero en arcilla y luego en yeso le llevaba cerca de un año. Buscaba un nivel máximo de realismo, con lo que cada detalle era tratado con minuciosidad y un correcto sentido de la anatomía. A continuación las pintaba, les colocaba una peluca, las vestía con trajes especialmente confeccionados para ellas y las fotografiaba en distintas situaciones: regañando a un perrito, durmiendo en la cama, llorando, tocándose el pelo… y en ocasiones en actitudes con connotaciones eróticas.

Barlett quedó huérfano a los 8 años y se sugiere que su interés por recrear la infancia está relacionado con este hecho. Aunque no sabemos casi nada de su vida, sabemos que estudió dos años en Harvard y, algunos testimonios encontrados tras su muerte, manifiestan plena consciencia del ejercicio de sublimación que era su actividad artística.

Mi afición es esculpir en yeso. Su objetivo es el de de todas las aficiones: soltar los impulsos que no encuentran expresión por otros canales.

El crítico de arte Jerry Saltz señala su similitud respecto al trabajo de otros artistas como Henry Darger, Hans Bellmer, Degas, Robert Gober, Charles Ray, Jake & Dinos Chapman, Sally Mann, Jock Sturges, Simmons y Cindy Sherman.

14 de octubre de 2007

MUÑECOS. Objetos de poder

¿Quién se siente a salvo de la soledad? ¿Puede ésta ser tan fuerte que te lleve a crear un prototipo de ser humano y proyectar en él una ausencia?

La ausencia de Francine, hija ilegítima de René Descartes fallecida a los cinco años, llevó a éste a construir una autómata a la que se refería como “mi hija Francine” y que le acompañaba en sus viajes. También Kokoschka encargó construir una muñeca que reprodujera fielmente a Alma Mahler con quien tenía una relación atormentada que terminó con el matrimonio entre ésta y Walter Gropius. Cuando recibió su muñeca, su decepción fue enorme ya que, a pesar de haber suministrado multitud de fotos y detalles al mejor artesano de Berlín, éste no había conseguido reproducir el tacto de la piel de Alma.

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OSKAR KOKOSCHKA – Autorretrato con muñeca (1922). Fuente

Hans Bellmer nace en Katowice (Polonia) en el seno de una familia puritana y burguesa. Su padre, adherido al partido nazi desde 1933, pretende que su hijo sea un ingeniero de éxito como él pero se encuentra con un adolescente rebelde mucho más interesado en jugar con muñecas para provocar a su padre. En 1920 abandonará sus estudios de ingeniería para dedicarse a la pintura.

Construye una muñeca articulada y la fotografía en distintos escenarios.

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Hans Bellmer, The Doll (Printed in 1983) Gelatin Silver Print. Fuente

Más delante, mantendrá el tema de la muñeca como eje de su obra sólo que la traslada a una mujer de carne y hueso, su pareja Unica Zürn, escritora y dibujante muy admirada por los surrealistas, autora de dos novelas autobiográficas “Primavera Sombría” y el libro que da título a este blog “El Hombre Jazmín”. Para articular su carne, Bellmer la ata con fuertes cuerdas. Esto trastorna la personalidad vulnerable de Unica que sufre frecuentes crisis esquizofrénicas y, a la salida de un internamiento, se tira por la ventana del apartamento de Bellmer.

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Hans Bellmer, fotografía del cuerpo de Unica Zürn atado y retrato de ella

Un caso muy distinto, y con ello volvemos al arte outsider es el de Katharina Detzel, internada en 1907 tras sabotear las vías de un tren como acto político de protesta. Estuvo encerrada en un asilo muchos años, durante los que no cesó de luchar contra el trato que recibían los internos. Era continuamente castigada por su comportamiento, lo que no le impidió escribir una obra de teatro, ni intentar crear una guardería o protestar contra la prostitución. Fabricó un muñeco de proporciones humanas con cuerdas y tela de su propio colchón. Éste representaba a los médicos y le servía como saco de boxeo para descargar su ira contra los que, ella pensaba, eran los auténticos locos.

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Katharina Detzel con muñeco fabricado por ella misma. Fuente: Art Brut, The Origins