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9 de noviembre de 2013

Frederic Bruly Bouabré (1923, Costa de Marfil)

Frédéric Bruly Bouabré

De este hombre me fascinan varias cosas. En primer lugar su obsesión por crear una escritura fonética, que para él no era una invención sino un descubrimiento, revelado en una sucesión de visiones que acontecen al mirar objetos cotidianos con un espíritu atento e investigador. Un espíritu como el suyo, conectado con la belleza y lo divino.

Frederic detestaba escuchar que su cultura no tenía un lenguaje escrito hasta la llegada de los occidentales, y estaba empeñado en demostrar lo contrario. Por eso se dedicó a descubrir una escritura destinada a convertirse en el Alfabeto del Oeste Arficano.

Convencido de que África occidental tiene un legado escrito olvidado, descubre los vestigios de esta escritura perdida a través de varias fuentes, la primera de ellas: las pequeñas y hermosas piedras de un pueblo llamado Bekora, en las que encuentra signos que depura e interpreta. Su segunda fuente son las escarificaciones y tatuajes de las etnias africanas que conoce. La tercera, las pesas de Akan que se utilizaban para pesar el oro. También encuentra pinturas simbólicas y trazas de escritura en las manchas negras de los plátanos, en las formas de los huitos, en objetos como un peine… (a través del grafismo de las cosas se llega a la materialización de las ideas).

Bruly-Bouabre-Frederic-estracto del alfabeto

pesas de Akan

 

Una investigación de toda una vida en esta dirección le ha llevado a crear (encontrar) un corpus de 401 pictogramas (448 según otras fuentes) que ilustran la cantidad de sonidos (sílabas) que un ser humano puede pronunciar. Juntos componen lo que él llama el Alfabeto del Oeste Africano.

Uno podría pensar que una persona tan peculiar viviría apartada de la vida laboral pero no, Frédéric estuvo desempeñando distintos puestos como secretario o auxiliar en organismos gubernamentales hasta 1982.

Su tarea como investigador, filósofo y artista comenzó en 1948 tras una visión maravillosa. Se le apareció el sol en sus siete estadios de color y a partir de entonces se definió a favor de la belleza y la paz (a Dios no le gusta la guerra). Su obra viene de alguna manera a construir una base que corrobore estos principios, tanto su alfabeto, como sus dibujos y sus escritos son una oda al patrimonio universal, la belleza natural, lo africano, el amor…. Él cree en el proyecto de una nueva sociedad sustentada en la unidad mundial y el mestizaje cultural.

Aunque es más conocido por sus dibujos, es su obra literaria y filosófica el verdadero engranaje de su particular visión. Como por ejemplo el Libro de Leyes Divinas, compuesto de 973 preceptos sobre distintas esferas de la existencia.

Frédéric Bruly Bouabré

arte outsider africano

Sus dibujos son la materialización de las revelaciones que diariamente recibe. La otra cosa que me fascina en él es su persistencia tanto en la creación (dibuja diariamente, se siente obligado a transcribir cada revelación) como en el mantenimiento de un formato que permanece inalterado a lo largo de los años.

Siempre trabaja en un tamaño de papel estándar: la cuartilla (10 x 15cm), sus herramientas son un bolígrafo negro y lápices de colores. En el centro: el dibujo, un objeto simbólico sobre un fondo de color enmarcado por un filete de otro color y un escrito en torno, siempre en mayúsculas, que describe la visión. Este escrito comienza siempre tras un punto rojo que “abre el ritual” y, cuando hay espacio suficiente, se cierra con su propio símbolo: un asterisco. Por detrás encontramos su firma y la fecha de la revelación.