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13 de marzo de 2016

José Manuel Egea. Quedar negro para siempre

Desde que tenía diez años José Manuel Egea (Madrid, 1988) se ha sentido fascinado por el mito del Hombre Lobo y en particular por la fase de transformación del hombre en bestia, por ese paso de blanco a negro, de ser humano a criatura poderosa y terrible.

Aunque empezó a pintar y dibujar siendo muy niño, José Manuel Egea ha desarrollado la mayor parte de su obra en los talleres del Colectivo Debajo del Sombrero, que le acogen desde 2010. Su obra abarca desde el dibujo y la intervención de revistas, hasta muñecos y máscaras, pasando por la escultura y la acción.

La “lobez” en la obra de Jose Manuel Egea

La fábula del hombre que se transforma en lobo es la raíz de la obra de Egea y como ésta también participa del carácter performático del mito. Una de sus líneas de trabajo consiste en la intervención de fotografías que arranca de revistas y que raya con bolígrafo hasta que el retratado queda sepultado bajo el negro de la tinta, desapareciendo tal y como le conocemos para dar paso al monstruo.

Al observar de cerca las imágenes comprendemos que la dirección e intensidad del trazo de bolígrafo o rotulador es fundamental para provocar la emergencia de la bestia. Egea no se conforma con cubrir la imagen de negro. Se trata más bien de invocar al animal que late dentro del retratado y que pugna por salir. Se raya en la dirección en la que el pelo brota de la cara. Se raya con muchísima fuerza, dejando huella en el papel violentado. Trascendiendo su aparente lisura, transformándolo a él también.

Obras de Egea de 2012 y 2013

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Obra de Egea de 2015

A Egea no le resulta difícil conectar con la lobez –como él mismo la llama– que reside bajo la apariencia de las personas. Él la conoce bien debido a sus propios accesos durante los que se manifiestan su necesidad de aullar para tranquilizarse y su pasión por rasgar todo tipo de cosas, en especial su ropa.

Su familia cuenta que en casa tiene la manía de romper papeles, de preferencia imagenes de revistas y de libros, sobre todo de arte, que deben esconderle para evitar que los corte o les arranque las tapas. Su familia mitiga esta pulsión ordenando los libros con los cantos hacia dentro para que no se vean las cubiertas. También rasga todos los cuadros y láminas. Algunos de estos siguen colgados con las telas rotas y caídas hacia delante con el cosiguiente desconcierto de las visitas.

El imaginario de Egea

El imaginario de Egea se nutre de figuras y rasgos físicos asociados al universo del Hombre Lobo, se influencia por el lenguaje de los cómics de Marvel y ante todo, emerge como un universo propio: singular y consistente.

Las garras son una estilización puntiaguda de una mano en la que suele señalar una articulación en cada dedo mediante un círculo.

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Obra de Egea de 2013

Las orejas, también puntiagudas, a veces recuerdan más a las orejas de un conejo que a las de un lobo, como si en ellas lo más importante fuera señalar lo asombroso de su crecimiento. A menudo vacía, ennegrece o perfora los ojos en las imágenes de las revistas. Es raro que no intervenga los ojos para hacer desaparecer de ellos “lo humano”.

La luna llena, cuya aparición está en la leyenda asociada a la transformación del hombre en lobo, es representada por Egea como una especie de granada que contiene fecunda a otros círculos a su vez.

Algo que también está muy presente en su obra es la representación del hocico y las fauces del lobo o, expresado en sus propias palabras, el “morro hasta aquí” al que también llama “factor machista”, lo que no se sabe muy bien qué significa. Podemos ver este morro dibujado sobre la fotocopia de una fotografía en la que aparece junto a unos niños. Arriba a la izquierda está la luna-granada.

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Intervención de Egea sobre fotocopia de fotografía

También hay una serie de palabras o frases que le atraen y que repite misteriosamente mientras dibuja: andrógino, nacimiento, transformación, machistar, Fantariló, Guéndido, me gustaría ver nacer a mi padre, sacristía, nacer desnudo, cordón umbilical, Aldano Pegalobeces, el tonto la playa, pegar la lobez a un adolescente se vuelve medio hombre medio lobo, Que duerman con él, ponerse negro, hipertricosis, crisálinda, quedar negro para siempre, los hominidos –los hominidos al parecer le dan mucho miedo.

Intereses recientes

En su trabajo reciente está muy interesado en los palos, los coge de la calle y los arranca de los árboles. Los considera asociados a la muerte del Hombre Lobo, lo que resulta una confusión interesante porque tradicionalmente sólo se puede matar a un hombre lobo con una bala de plata, si bien resulta más orgánico y potente la imagen de la estaca, tradicionalmente asociada a la muerte de los vampiros. Esta fusión o confusión entre seres legendarios no es disparatada. Ambos son considerados los dos mitos más universales que existen. Ambos están relacionados con el hombre-bestia que es indestructible por medios convencionales y los dos son extremadamente fuertes, astutos y rápidos.

Un arquetipo: La Fuerza

El otro ser legendario que atrae a Egea, aunque en menor medida que el Licántropo es el superhéroe de Marvel Hulk, la Masa, cuyo principal atributo es la potencia descomunal de su enorme cuerpo y al que Egea gusta de imitar.

José Manuel Egea parace sentir una atracción especial por la fuerza además de, como venimos diciendo, una habilidad singular para sacar la bestia que mora debajo de lo apariencial, para revelar lo poderoso, lo animal, lo negro. Hay una carta del Tarot, el arcano número XI “La fuerza”, que refleja bien la potencia simbólica de las creaciones de Egea. El Arcano XI es representado en el Tarot de Marsella como una mujer que abre las fauces de un león. Las abre sin esfuerzo, a pesar de su nombre, porque esta carta simboliza ante todo un pasaje: una apertura al conocimiento del inconsciente. Invita a superar la máscara para conocer lo animal que reside en nosotros y convertirlo en poder. Esa fuerza arcaica entendida no sólo como poder físico sino también como poder mental parece ser un motor y una línea de búsqueda plástica para José Manuel Egea.

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Retratos de José Manuel Egea. ©Teresa Isasi

 

Fuentes de las imágenes y la información:

La información y anécdotas sobre Jose Manuel Egea provienen de Luis Sáez, Gemma Calleja y Lola Barrera Lemus del Colectivo Debajo del Sombrero así como de Mª Angeles Laura Moreno Moreno, madre del artista.
Las imágenes han sido facilitadas por el Colectivo Debajo del Sombrero siendo las de retrato de la fotógrafa ©Teresa Isasi.

Artículo completo próximamente en la revista Bric-à-Brac.

11 de octubre de 2015

Sauvages. Charlas sobre literatura, arte y locura

Sauvages. Charlas sobre literatura, arte y locura

 

Este año tengo el placer de colaborar en la segunda edición del Festival FES-MAP, el Festival de las Artes y la Salud Mental que tiene lugar en los Pirineos.

El festival se compone de charlas, exposiciones, proyecciones de cine e intervenciones murales.

Una de las exposiones, llamada “El afuera” y que curiosamente tiene lugar en la Plaza de Los Fueros está formada por las obras de tres creadores españoles a los que quiero y sigo desde hace tiempo y cuya obra reuní en la exposición Arte Expósito: Dunya Hirschter, Fernando Ventura y Chus Oliva.

SAUVAGE. ENCUENTRO SOBRE ARTE, LITERATURA Y LOCURA propone una aproximación al encuentro de las artes y la mente humana en toda su diversidad. La charla de presentación en la que participo tendrá lugar el sábado 14 noviembre a las 12:00h en la Sala Genius, Bendita Ruina, Coso Bajo, 79, Huesca. Allí estarán Carlos Castán (escritor y crítico literario), Adriana Leira (fotógrafa y realizadora de “El revés del tapiz de la locura”) y Araceli Fernández del Campo (educadora y gestora cultural en Caixa Forum).

Podéis encontrar la información completa y descargar el programa (ole por el diseño, dicho sea de paso) en la web www.fes-map.com

3 de marzo de 2015

Sauvées du désastre, œuvres de deux collections de psychiatres espagnols (1916-1965)

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Esta exposición que puede verse en París entre el 7 de marzo y el 11 de abril de 2015 en la Galería Christian Berst recoge obras realizadas en España por enfermos mentales desde los años 10 hasta los 60 del pasado siglo xx, obras que han sido salvadas de la desaparición gracias al interés de dos figuras infaltables de la psiquiatría española, el Dr. Gonzalo Rodríguez Lafora y el Dr. Ramón Sarró Burbano, así como a la voluntad de sus respectivas familias por conservar tan importante legado.

Ambos psiquiatras, Lafora y Sarró, fueron figuras singulares en su época, psiquiatras inquietos y controvertidos que supieron ver más allá de la cerrazón de la psiquiatría española imperante y que cultivaron una intensa relación con lo que sucedía en Europa, desarrollando entre otros intereses, curiosidad y ánimo de estudio hacia las obras realizadas por enfermos mentales. Ambos expandieron los límites de la enseñanza que se impartía en su país, cursando parte de su formación en el extranjero y ambos sufrieron la politización de la psiquiatría durante la época de la dictadura.

En España, tras la guerra, los psiquiatras del bando ganador quisieron romper con el discurso anterior en pos de un «regeneracionismo moral» que no podía permitir que se desdibujara la frontera entre la cordura y la locura. Esto supuso un gran condicionante para los investigadores y una gran depreciación del arte realizado por los enfermos mentales, cuya puesta en valor, interpretación y conservación fue llevada a cabo por unos pocos psiquiatras aislados que, siguiendo la estela de Hans Prinzhorn, observaron estas creaciones con interés diagnóstico y antropológico. Entre ellos destacan Gonzalo R. Lafora, Ramón Sarró, Joan Obiols o José Antonio Escudero Valverde.

El grueso de la exposición que hoy podemos contemplar en la Galerie Christian Berst está formado por obras pertenecientes a la colección de Gonzalo R. Lafora, obras anteriores a su exilio forzado por la Guerra Civil Española y que se remontan por tanto a los años 20 y 30.

El Dr. Lafora intentó reunir una colección inspirada en la de Hans Prinzhorn, y consiguió exponerla en dos ocasiones. La primera en España, en diciembre del año 1935, en una “Exposición sobre plástica psicopatológica” organizada en el Instituto Cajal de Madrid. La segunda en París, en 1950 en el marco de la Exposición Internacional de Arte Psicopatológico que tuvo lugar en el Hospital de Sainte-Anne. Una exposición que contaba con obras procedentes de cuarenta y cinco colecciones de diecisiete países, agrupadas por diagnósticos psiquiátricos.

Las obras de la colección del Dr. Ramón Sarró son algo posteriores, fueron realizadas entre los años 50 y 60 y son en su mayor parte anónimas. Ramón Sarró Burbano promovió una exposición de Arte Psicopatológico en 1958 con motivo del IV Congreso Mundial de Psicoterapia organizado por el H. Clínico de Barcelona y analizó extensamente las obras de los enfermos mentales en su libro “De la teoría mitologemática al homo demens” centrándose en el estudio de algunos casos que vivió de cerca como el de Buey, un paciente con esquizofrenia que llevaba a dibujo sus delirios y cuya producción lamentablemente se ha perdido.

La mayor parte de la colección del Dr. Sarró ha desaparecido. Las obras supervivientes que podemos ver aquí, fueron rescatadas en los años 80 por el mismo Sarró y su nieto Ramón Sarró Maluquer en una visita a un Hospital Mental de Reus. Luego las obras se extraviaron de nuevo y permanecieron en paradero desconocido hasta comienzos del 2000, cuando aparecieron en dos tandas, en sendos rollos mal conservados en rincones de la inmensa casa que el doctor tenía en Barcelona. Por fortuna, poco después tuvieron lugar dos proyectos expositivos que propiciaron su restauración, Il.luminacions, una exposición organizada por Pilar Parcerisas sobre los visionarios en Catalunya y Pinacoteca psiquiátrica en España 1917 – 1990 una amplísima muestra comisariada por Ana Hernández de excelente planteamiento que reunió entre otros, obras del Dr. Lafora y del Dr. Sarró.

Más información en la web de la galería Christian Berst

24 de enero de 2015

Arte Outsider. La pulsión creativa al desnudo

art brut en españa

 

Ya falta poco para el lanzamiento de la publicación “Arte Outsider. La pulsión creativa al desnudo” una versión depurada y revisada de mi tesis doctoral “Procesos creativos en artistas outsider“. Ahora la Editorial Sans Soleil está trabajando sobre la prueba de imprenta, puliendo los últimos detalles… y es probable que para finales de febrero ya se pueda adquirir en distintos puntos de venta, entre ellos La Central y también por Internet, en la página web de la editorial.

Estos son los capítulos principales del libro (sin desgranar los subapartados):

Capítulo 1. Repetición, estereotipia y estilo
Capítulo 2. Arte mediúmnico y visionario
Capítulo 3. Escritura plástica
Capítulo 4. Bordados, textiles, muñecos
Capítulo 5. Reciclaje y acumulación
Capítulo 6. Microuniversos, máquinas maravillosas y mapas

Aquí os dejo la sinopsis: “Existe una pulsión irrefrenable en el ser humano que le empuja a expresarse más allá de la escasez de medios, la falta de formación artística o las circunstancias adversas. Esa necesidad, nacida de la urgencia y las pulsiones más primarias, es especialmente rastreable en el arte realizado por personas diagnosticadas con enfermedades mentales, excluidas de la sociedad o que viven al margen de las convenciones. Es en ellos precisamente en quienes mejor se manifiesta la fuerza y autenticidad del arte outsider, la necesidad de expresión que nos arrastra a los límites del impulso creativo y que nos acerca al origen del misterio del hecho artístico.
En un momento de creciente sensibilidad ante las manifestaciones del arte outsider y ante un panorama bibliográfico escaso, Graciela García nos ofrece un completo recorrido por los procesos creativos de estos artistas que desarrollan su obra al margen de los circuitos académicos, museísticos y comerciales del arte convencional, destacando las convergencias existentes entre ellos y categorizando los lugares comunes que son habituales en este tipo de creaciones. La repetición, lo mediúmnico, la fusión entre escritura y plástica, el reciclaje y la creación de microuniversos son algunos de los grandes hitos que marcarán este viaje a través de lo más profundo del impulso creativo humano. Ningún otro lugar más apropiado para observarlo que aquí, desnudo, en el arte más puro de intenciones, el arte outsider.”

30 de noviembre de 2014

Fallece l’Eusebi

eusebi spanish art brut

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eusebi spanish art brut

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El pasado 21 de noviembre falleció en Barcelona l’Eusebi, un personaje entrañable del barrio de Gracia que se dedicaba a hacer retratos de la gente que encontraba por el barrio.

El arte le salvó del suicidio y, según cuenta, le trajo la felicidad. Su tragedia nos suena de lo más familiar: después de trabajar 14 horas al día de contable vivió como algo dramático encontrarse con que no tenía nada que hacer.

“Cuando me jubilaron me quería suicidar pero una voz gloriosa me dijo: ¡No hombre, no! Tienes alma de artista, vuélcate en eso y ya verás que serás feliz…
Y así ha sido, y hasta que me muera seguiré haciéndolo.”

Este documental de Iban del Campo nos ayuda a conocer quién fue l’Eusebi, entre otras cosas, una víctima y un superviviente de la tiránica sociedad en la que vivimos, que explota nuestra fuerza de trabajo desproveyéndonos de nosotros mismos.

En el documental se puede ver que mucha gente le va a echar de menos. Era una persona afable e inteligente que tenía una visión de la reencarnación original. Decía que la muerte era un “traspaso” y que él quizás se transformaría en un bar lleno de gente. Espero que así haya sido.

 

5 de octubre de 2014

Manuel Montalvo, Purivios y otros juegos

Manuel MontalvoManuel MontalvoManuel MontalvoManuel Montalvo

Mi flechazo con Manuel Montalvo fue en 2010, en la exposición que el MNCARS dedicó a RoseMarie Trockel. En dicha muestra, titulada RoseMarie Trockel: Un Cosmos, la comisaria Lynne Cooke tuvo el acierto de añadir obras de otros artistas que por diversas razones completaban el imaginario de Trockel. Entre esas obras figuraban las de algunos artistas outsider como Judith Scott, James Castle o los cuadernos del poco conocido Manuel Montalvo.

Puedo afirmar sin atisbo de duda que aquellos libritos de Manuel Montalvo fueron lo más impactante de la exposición y que de hecho son de lo mejor que he visto en el campo del arte. Ahí quedan como testimonio de la pulsión enciclopédica del hombre, como muestra de amor al arte, al conocimiento y al deseo de compartir.

A día de hoy sé que el artista los llamaba “Purivios” y que los hacía para regalarlos a sus familiares con la intención de que les acompañaran, como material de consulta.

Entre los saberes recogidos en los Purivios se encuentran mamíferos, pájaros, escudos, banderas nacionales, monumentos famosos y listas de todo tipo. Todo ello alternado con microscópicas leyendas que en lenguaje de procesador de textos tendrían ¡no más de dos puntos! Uno de los libritos, tan densamente trabajado como  los demás, mide aproximadamente 5 x 3 cm.

Manuel Montalvo falleció hace sólo tres años dejando atrás una ingente cantidad de obra de lo más ecléctico. Era un hombre sencillo y afable que nació en una familia pudiente y que nunca se interesó por el estilo de vida convencional. Por satisfacer a su padre empezó derecho y filosofía pero sólo aguantó un año y enseguida volvió a volcarse en su pulsión creativa desbordada. Era de estas personas que siempre andaba con fragmentos de minas o ceras en los bolsillos y que pintaba sobre cualquier superficie, con saliva si no tenía agua. Uno de sus hermanos, el que mejor le entendió, insiste en lo portentosamente rápido que dibujaba. Un día le dio un catálogo de Goya a las 11 de la noche y se lo devolvió a la mañana siguiente plagado de dibujos en cada página.

Aun siendo completamente autodidacta, estuvo en contacto con varios artistas españoles y apuntaba como promesa del arte informalista cuando sólo tenía 20 años. Su obra es puro juego, y quizás por eso coqueteó con todos los estilos y no se detuvo en ninguno, lo que hizo que no encajara en el mundo del arte. Llegó a interesar a la galerista Juana Mordó pero, a pesar de tener talento, Manuel era indisciplinado y panorámico, poco compatible con el mercado del Arte.

El arte era un ejercicio inevitable para Montalvo, era su principal forma de comunicarse y de expresar su amor a la vida. Especialmente conmovedores son los recortables que hacía para sus sobrinos. Dibujos abigarrados sin un espacio de papel en blanco que recortaba después para crear multitud de personajes que mover por escenarios también dibujados por él. O las gomas de borrar talladas con temas como “Prehistoria” o “La Grecia de Pericles”.

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1 de mayo de 2014

Dunya Hirschter

BIOGRAFÍA

Dunja Koprolčec nació el 18 de marzo de 1954 en Croacia. Estudió inglés y literatura comparada en la universidad de Zagreb y con dieciséis años se inició en el mundo del teatro.

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En febrero de 1975 entró a formar parte del grupo Globe Theatre, que fue un referente del teatro experimental balcánico durante la segunda mitad de los años setenta hasta principios de los ochenta y cuya influencia perdura hasta nuestros días. El grupo tenía un marcado carácter experimental y Dunya fue, de sus miembros, la más rádical y quizás la cabecilla. A Dunya se la tenía por una mujer fuerte, valiente e idealista que empujaba el arte al límite, hasta llegar a fusionarlo con la vida.

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zlatko-buricA principios de los años 80 se dedicó a viajar y de entre todos los viajes hubo uno que la marcó. Fue el descubrimiento de Marruecos y más concretamente de la ciudad de Tanger, destino de muchos hippies y artistas de aquellos tiempos. No se sabe bien lo que sucedió allí, pero Marruecos fue para ella una experiencia intensa, el punto de inflexión entre las dos Dunyas, la Dunya artista y la Dunya que terminaría convirtiéndose en vagabunda. Entre otras cosas se sabe que fue allí donde se convirtió al Islam y donde se gestó su separación de Zlatko Buric, hoy famoso actor con residencia en Dinamarca, con quien compartió la pasión por el teatro pero no el interés por el Islam. Al principio pensó que él se convertiría, que la seguiría, pero no fue así y Dunya decidió separarse.

Desde aquel primer viaje, regresó periódicamente a Marruecos y en una de sus estancias conoció a un hombre musulmán que quería casarse con ella, pero la familia de él no aceptó y Dunya lo vivió como un acontecimiento trágico. Pensaba que les habían hecho brujería y se sintió desgraciada el resto de su vida por haberse quedado sola y sin hijos.

Su última aparición en escena fue para la representación de “Fashion Show” en 1984, tras lo cual se retiró de la vida pública.

Desde entonces vivió en varios lugares sin preocuparse de visados ni permisos de estancia, lo que le valió ser deportada a su cuidad natal, Osijek, donde tenía un hermano. Como no quería quedarse en Croacia, ni tampoco vivir con su hermano, volvió a España con un nuevo nombre: Dunya Hirschter.

En España vivió un año en Madrid, en el parque de la Mezquita de la M30, alimentándose gracias a la caridad de la comunidad musulmana y durmiendo en la mezquita. Para Dunya fue una época durísima, se sentía muy desprotegida y tenía frecuentes crisis nerviosas. Escuchaba voces y se sentía perseguida. Por aquel entonces, en el parque, comenzó a trabajar en una labor de bordado en un gran manto, que lamentablemente no se conserva.

De allí viajó a Málaga donde conoció a unas personas de Granada que le ofrecieron trabajo y la llevaron de vuelta a esta ciudad que para ella era símbolo de convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos. El trabajo no le duró porque Dunya tenía un comportamiento extraño, que asustaba a la gente, pero al menos en Granada se encontraba en una ciudad más pequeña y amable; y lo más importante, con una comunidad musulmana grande y muy unida.

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Dunya apenas tenía ingresos, tan sólo una pequeña pensión que recibía de Croacia. Es por esto que las mujeres de la comunidad musulmana le llevaban alimentos y se ocupaban de sus necesidades. Ella no trabajaba para ganar dinero, ya que por un lado no conseguía mantener los empleos y por otro, la vida en este mundo había dejado de interesarle. Tampoco vendía sus creaciones, aunque de vez en cuando creaba algo para una amiga a cambio de dinero.

Dicen que pasaba muchas horas en la mezquita y que ocupaba siempre el mismo puesto, detrás del biombo que delimita el área de las mujeres, con su Corán entre las manos, vestida de forma extravagante con prendas muy viejas personalizadas por ella. En la mezquita ella tenía lo más cercano a un espacio y a una familia, pero no conseguía integrarse bien debido a que hablaba mal español y a que salvo excepciones, se la tenía por una loca.

La falta de relaciones sociales le venía muy mal, hacía que se aislara más y más y que se volcara en sus bordados, dibujos y collages.
A veces no salía durante días, dedicándose fanáticamente a sus obras y al estudio del Corán, hora tras hora, sin dormir ni comer.

Cada vez que su hermano se retrasaba en el ingreso de su pensión o cuando sentía que estaba a punto de perder la pequeña casa que tenía en el Albaicín, sufría crisis nerviosas que asustaban a los vecinos y que le valieron ser ingresada en un hospital, donde le diagnosticaron esquizofrenia y le sometieron a un tratamiento con psicofármacos muy duro. Dunya era consciente de su enfermedad y sufría por ello pero se negaba a tomar medicamentos, por lo que transitaba entre momentos de lucidez y estados de delirio.

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Así pasaron los años en Granada, cada vez más aislada, sin ser entendida por la gente del barrio, que veían en ella a una extraña y alta figura, vestida con ropas coloridas y un pañuelo en la cabeza. De duro carácter y marcado acento croata.

Una amiga que de vez en cuando la visitaba, después de no verla durante días, llamó a la policía para forzar la puerta de su casa: la hallaron sentada en la cocina, muerta. Fue enterrada el primer día enero de 2009, en el cementerio musulmán de Granada.

Si bien a su muerte han surgido algunos obituarios que cuentan parte de su vida y le rinden homenaje en virtud del legado que dejó como integrante del Globe Theater, Dunya murió sola y completamente alejada de ese breve pasado glorioso. En su tumba no hay inscripción alguna.

OBRA

La obra de Dunya se compone esencialmente de collages y de prendas y accesorios intervenidos. Mención aparte merece lo que podría ser su pieza central, el Corán que utilizaba a diario.

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Los collages de Dunya son composiciones de varias capas que combinan el dibujo de motivos ornamentales con el troquelado, muy fino y minucioso, de papeles semitransparentes. A veces incorporaba elementos que encontraba en la calle como cáscaras o elementos vegetales.

Tenía tal escasez de medios y una necesidad tan grande de expresarse que la mayoría de dibujos están trabajados por ambas caras e incluso las capas ocultas pueden estar recubiertas de minúsculas flechas y adornos de colores donde no queda ni un milímetro del papel sin cubrir.

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Dunya no podía dejar de emplear el arte como su principal medio para expresar sus sentimientos. Es posible que mediante la ropa embellecida por ella quisiera proclamar su singularidad y protegerse de su propio lado trastornado y de las miradas incomprensivas de los demás.

En Dunya llama la atención el contraste entre esa idea oscura que tenían de ella los vecinos, esa imagen de mujer mahumorada, de duro acento, inflexible (parece que se ponía muy agresiva si por ejemplo a alguien le sonaba el móvil en la mezquita) y el colorido y vitalidad que vuelca en sus creaciones textiles. Ese acto de coquetería que es adornar con colores y dorados las propias gafas, el abanico… parece demostrar que había en ella un mundo alegre y rico que ofrecer al que la mayoría de la gente, por falta de llave, no podía o no quería acceder.

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Cuando uno intenta asomarse a su proceso creativo y observa sus creaciones, los collages, sus bordados, el Corán, tiene la sensación de que el tiempo se detiene. Sus creaciones nos resultan cautivadoras porque en ellas se suspende la noción del tiempo tal y como la entendemos. Se suspende la tiranía de la utilidad. En esta sociedad donde toda tarea debe ser justificada y todo minuto debe ser optimizado, se presentan rara vez objetos que disuelven el concepto de tiempo, lo dejan flotando, lo banalizan.

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Dunya-Hirschter

Algo de Dunya se ha quedado entre sus bordados y entre las páginas de su manoseado libro, algo físico: humores corporales y algo inasible: precisamente en esa relación con el tiempo reside el poder de la permanencia de Dunya en sus creaciones, el extraño halo que los envuelve y convierte en objetos cargados de algo que no sabemos describir.

Sus prendas son el resultado de un acto muy íntimo de comunión entre la persona y el imaginario que se construye para cubrirse y presentarse ante el mundo.

Dunya sufre una desalineación entre la realidad y la idea que ella tiene de su destino. Su traje nos recuerda a otras obras de arte outsider realizadas por mujeres en psiquiátricos, el vestido de novia que tejió Marguerite Sirvins con hilos extraídos de sus propias sábanas; el diario bordado en la chaqueta del uniforme, por dentro y por fuera, de Agnes Richter; o el misterioso conjunto conocido como La Robe de Bonneval, concebido como traje ritual para la reconciliación de una pareja que nunca más se encontraría. Se trata de obras donde las prendas de vestir son un objeto simbólico que prentende aliviar una carencia dolorosa, de libertad, de cordura, de amor, de una vida “normal”.

 

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En cuanto al Corán, hablamos de éste como si fuera una obra pero por supuesto esto es de algún modo un esnobismo que nos permitimos al sacarlo de contexto, pues para ella era un objeto inefable al que profesaba el máximo respeto. Asociarlo a una intención artística sería una blasfemia. Representaba el centro de su fe y una fuente inagotable de estudio. Es curioso porque la mayoría de los “respetos” se manifiestan como una especie de miedo a lo respetado. La mayoría de personas que respetan algo no se atreven a tocar su objeto de veneración. Más raro es encontrar “respetos” como el de Dunya, que dialogan con él y lo intervienen.

Dunya debía sentir su Corán como una parte tan íntima de sí misma que se nota que lo manejó con libertad. Lo mejoró estéticamente, lo hizo más usable, recortando papel sobrante y añadiendo pestañas para manejarlo mejor. Lo quemó en algunas páginas, quizás intencionadamente (quemaba a menudo parte de sus obras porque le gustaba o le parecía espiritual el efecto del papel quemado). Lo subrayó con fluorescente, lo dibujó, coloreó e incluso festoneó en la parte de abajo, quizás en un estado alterado de conciencia de los que da el trabajo prolongado. También le cambio el lomo, lo bordó con hilos de colores, creando una desconcertante y caótica composición.

La obra de Dunya puede verse hasta el 21 de mayo en La Galería Alegría de Madrid.

Créditos:

Gracias a Moumina Wagner, Nadja El-Shohoumi y Jessica Moroni por la información facilitada.

Las fotografías de Dunya joven provienen de: www.jutarnji.hr

Las fotografías de Dunya con pañuelo han sido facilitadas por: Moumina Wagner.

Las dos fotografías de los collages de Dunya son de Antonio Riccio.

El resto de fotografías de la obra de Dunya son de Álvaro Acinas (Galería Alegría).

2 de abril de 2014

Arte expósito, exposición de arte outsider en Madrid y Barcelona en la Galería Alegría

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Los próximos días 3 y 5 de abril se inaugura en Barcelona y Madrid la exposición “Arte Expósito” que tengo el placer de comisariar. La propuesta forma parte del proyecto Jugada a 3 Bandas, que tiene como objetivo poner en relación a galerías, comisarios y artistas.

BARCELONA:
Inauguración el jueves 3 de abril a partir de las 17h.
Consell de Cent 159 08015 Barcelona. (visitas concertadas)

MADRID
Inauguración el sábado 5 de abril a partir de las 11h. Doctor Fourquet 35 28012 Madrid.
De martes a sábado de 11 a 19h.
Aquí podéis descargaros el texto de la exposición Arte Expósito en el que se habla un poquito de cada uno de los artistas.

coran_dunya_hirschterDunya Hirschter (Fotografía Álvaro Ancinas)

fernando ventura

Fernando Ventura

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Ramón Losa