29 de diciembre de 2010

El deseo de ser enterrado en su obra

En África Nukain Mabusa (Sudáfrica, 1910-1981) y en EEUU Billy Tripp (Tenessee, 1956) han compartido sin saberlo el mismo extraño deseo, el de ser enterrados en sus creaciones para descansar para siempre junto a su obra.

También el mítico cartero del art brut, Ferdinand Cheval (Francia, 1836-1924), quiso ser enterrado en su Palais Idéal pero las autoridades no se lo permitieron.

De los tres Billy Tripp es el único que sigue trabajando en la construcción de su obra, que se llama The Mindfield y lleva haciéndolo desde 1989. The Mindfield es una estructura colosal compuesta en su casi totalidad por piezas de acero. En ella se insertan alusiones a la vida del autor y su familia, que conviven con perfiles y piezas industriales de todo tipo, corazones de metal, réplicas de sus pies y sus manos u objetos encontrados que se han integrado en la arquitectura. Él concibe esta escultectura como una conversación consigo mismo y como un homenaje a sus padres.

Como puede verse en el vídeo, Billy tripp trabaja el acero con cariño y respeto por el material. No por ser frío e industrial parece menos vinculado a él que Nukain Mabusa a sus piedras pintadas. Mabusa empezó a decorar con puntos y motivos geométricos las piedras y cantos rodados de una colina llamada Revolver Creek. Comenzó de manera espontánea, animado por el resultado de pintar las dos chocitas que se había construido para vivir. A continuación, extendió la creación por su entorno inmediato en el triángulo que consideraba su jardín, para terminar interviniendo la totalidad del paisaje de la colina. Como a Ferdinand Cheval, tampoco le fue posible ser enterrado allí por motivos legales. Se suicidó a los 71 años.

26 de diciembre de 2010

Friedrich Schröder-Sonnenstern

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Friedrich Schröder-Sonnenstern (Lituania, 1892-1982) vivió una juventud conflictiva que transcurrió entre reformatorios y asilos y que fue forjando en su personalidad el odio que siempre sintió por cualquier figura que representara la autoridad. Más tarde fue declarado enfermo mental y alternó todo tipo de trabajos con períodos de internamiento en psiquiátricos y prisiones. Durante una temporada fue curandero y obtuvo bastante dinero como vidente. Sin embargo, todo lo que recaudó lo donó a los pobres.

Empezó a dibujar durante una estancia en la cárcel en 1949, animado por un artista. Su imaginario bizarro y sádico causó interés en los ambientes artísticos de Berlín y fue apoyado entre otros por Hans Bellmer. A partir de 1959, con 62 años, comenzó a ganarse la vida con su obra.

Suele trabajar con lápices de color sobre veladuras suaves para conseguir profundidad. No es de extrañar que despertara la admiración de Hans Bellmer ya que ambos artistas comparten esa atracción por los cuerpos que mutan hacia lo monstruoso, explorando lo perverso que brota de interrumpir el devenir de las formas redondeadas. En el caso de Schröder-Sonnenstern, al fusionarlas con animales, creando anatomías híbridas que flotan en espacios lavados.

El turbador universo de Friedrich Schröder-Sonnenstern ha pasado a formar parte de la historia del arte como uno de los más interesantes del arte outsider y como un epígono del surrealismo.

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5 de diciembre de 2010

Eugene Von Bruenchenhein

Eugene Von Bruenchenhein (Wisconsin, 1910-1983) trabajó la mayor parte de su vida en una panadería, aunque su verdadero deseo habría sido dedicarse a la creación artística.

Sin embargo, no consiguió que le reconocieran como artista y tan sólo después de su muerte hemos empezado a interesarnos por el extraño mundo que recreó en sus pinturas, por las fotos estilo pin-up que realizó a su mujer y por otras extravagancias como sus esculturas con huesos de pollo. A pesar de la falta de apoyo de su entorno él nunca dudó de su talento y vivió aislado en una burbuja compartida con su esposa Marie, una burbuja donde la creación ocupaba un lugar importante y alcanzaba cada rincón de su pequeña casa.

A Marie la retrató en multitud de fotografías eróticas en las que ella posaba adornada con bisutería barata o improvisada, por ejemplo adornos navideños. Muchas de las primeras imágenes en blanco y negro fueron coloreadas por Von Bruenchenhein, son las que tienen un halo más turbador. Quizás lo que inquieta en las imágenes es el acceso al universo de la pareja, donde se adivina la ingenuidad la modelo y su fe en el arte de su marido, reflejada en miles de imágenes que dejaron de ser privadas cuando ya ninguno de los dos esperaba ningún reconocimiento.

Las pinturas de Eugene Von Bruenchenhein son también exuberantes. No se conforma con una gama de colores sino que intenta abarcar todo el espectro en cada uno de sus cuadros. Aplica el óleo con las manos y  lo hace resbalar para crear efectos orgánicos en la representación de criaturas marinas, paisajes fantásticos o explosiones nucleares (a partir de los años 50 se obsesionó con la Guerra Fría).

Las fotos de la casa de Eugene Von Bruenchenhein proceden de stoppingoffplace
Las esculturas con huesos de pollo han sido tomadas del libro Outsider Art Source Book

Su retrato de la web oficial, de donde también se ha tomado la imagen de su pintura.
Las fotografías de Marie son del libro  de John Maizels Raw Creation y de hesitationwaltz

31 de octubre de 2010

Ronan‐Jim Sévellec, el estudio y el artista

Ronan-Jim Sevellec

Ronan-Jim Sevellec, 196. Imagen a escala (2000), 42x58x45. Imagen procedente de: TOSATTI, B. (2006) Beautés insensées. Figures, histories et maîtres de l’art irrégulier. Milán: Skira.

El artista Ronan‐Jim Sévellec (Brest, 1938) parece haber querido retratar su fascinación por el Síndrome de Diógenes. Sus interiores a escala recrean espacios  íntimos y oscuros dentro de cajas de plexiglás. En oposición a los espacios idealizados de las casas de miniatura victorianas, Sévellec se sumerge en la escenificación de interiores que muestran el declive de los objetos durante años de uso y acumulación. Su propio estudio parece una de sus obras.

Ronan-Jim-Sevellec

El estudio de Ronan‐Jim Sévellec. Fuente

Los paralelismos entre los estudios de los artistas y sus obras son revisados por Ángel González en uno de los capítulos de su libro Pintar sin tener ni idea. En él habla de los estudios como caldos de cultivo de serendipias. Antes de que la obra comience siquiera a esbozarse ya camina entre los objetos y herramientas del estudio, entre los desórdenes o los órdenes del espacio de trabajo.

La mesa de trabajo del artista plástico Albert Porta (Barcelona, 1946) tiene el material colocado de manera que no bloquee su inspiración, que la deje surgir. Más conocido como Zush/Evru, Albert Porta creó Evrugo, un Estado que representa ante todo un estado mental y que posee su propio mapa, alfabeto, moneda, pasaporte y bandera. Buena parte de su universo plástico se basa en la invención de sus propios sistemas y rituales creación.

zush

Detalle del Estudio de Zush y obra

23 de octubre de 2010

Listas e inventarios (Seminario Artescrituras en La Casa Encendida)

¿El inventario es una técnica narrativa? En el seminario Artescrituras se habló de la supuesta objetividad de los inventarios, de las listas de Borges, de las de Georges Perèc, “me gusta hacer listas” dijo Rodrigo Fresán, que también mencionó las listas en las canciones de Bob Dylan; y Dora García las letanías, la idea de archivo ligada a la mortalidad, a la acumulación.

Cuando elaboramos una lista, da igual que sea de la compra, aun agotado lo imprescindible deseas añadir más registros. Para ser una buena lista ha de coquetear con agotar el tema, en un simulacro de conclusión.

ignasi aballíIgnasi Aballí [fragmento de instalación] Fuente

Al ver la obra de Ignasi Aballí pienso que se descubre algo en el proceso de elaborar listas, me refiero a algo más allá de la contemplación de una fría sucesión de registros. La acumulación de elementos es más que la suma de ellos. Se crea un significado. Se pone de manifiesto la distancia con la realidad, que al mismo tiempo se acerca y queda más lejos, algo así (aunque sea cursi) como cuando miramos el firmamento y las medidas con que funcionamos quedan en suspenso.

bispo_do_rosarioBispo do Rosário [fragmentos de sus listas bordadas]

Debe haber algo de placer en transformar el caos, en fabricar concreciones al volverlas visibles.

Cuanto más se anote más se salva de la pérdida. Así lo vivió Bispo do Rosàrio (Ver más entradas sobre Bispo en elhombrejazmin.com) en su batalla contra el tiempo, mientras preparaba su inventario general del mundo.

El origen mismo de la escritura es hacer listas. El lenguaje escrito se ideó para hacer inventarios y registrar las operaciones monetarias. Platón cuenta una fábula acerca de la invención de la escritura que advierte de los peligros que entraña para la memoria: Cuando el dios egipcio Thot inventó la escritura, presentó su creación al rey de Tebas esperando ser alabado por su ingenio. Para su sorpresa, el rey reaccionó con un profundo recelo. Pensaba que materializar la sabiduría en un escrito equivaldría a cambiarla de sitio, es decir, a que abandonara al individuo y su comunidad para pasar a manos de unos pocos, que podrían repetir las palabras sin necesidad de comprenderlas.

10 de octubre de 2010

Giovanni Battista Podestà y la muerte

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La muerte aparece en las creaciones de Giovanni Battista Podestà (Italia, 1895-1976) como una sombra domesticada, en ningún caso como un tabú. Su experiencia con la muerte y el duelo parte de la infancia, con el prematuro fallecimiento de su padre. Más tarde combatió en las dos guerras mundiales, de la primera vuelve turbado por las atrocidades presenciadas. La segunda no hace sino reactivar la herida abierta con la primera.

La vuelta a la vida civil tampoco le resulta sencilla porque Italia sufre en esos momentos un cambio profundo en su fuerza laboral que abandona el medio rural y con él sus raíces tradicionales más profundas. Podestà siente su identidad bascular y se vuelca en su producción pictórica y escultórica. La imagen de la muerte está también presente en sus ropas, desde el abrigo hasta las corbatas pintadas.

Podestá se instala en Laveno, donde entre otras excentricidades asiste a cada enterramiento. Aunque no conozca al difunto, acompaña al cortejo fúnebre y pronuncia algunas palabras a modo de despedida. La recreación de su propia muerte es otras de sus obsesiones. Construye su propio ataúd y algunas piezas pequeñas como esta que se muestra Le mie spoglie mortali (s.f.) donde unos esqueletos entregan su cadáver a la tierra. El autor utiliza cabello y pelo de su barba para reforzar la semejanza con su autorretrato.

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Las imágenes y la información para este post proceden de: TOSATTI, B. (2006) Beautés insensées. Figures, histories et maîtres de l’art irrégulier. Milán: Skira.

26 de septiembre de 2010

Sobre el signo artístico

(…) cada uno de nosotros a lo largo de una vida inventa su propio bestiario (…), un repertorio de signos zoológicos propio. Todos estamos obligados a ello porque nacemos incluidos en una constelación de signos y nuestra vida consistirá en la alteración o la permanencia, el crecimiento o la mengua, de esos signos heredados que puden ser una fortuna o una condena según sepamos descifrarlos.

Félix de Azúa, Autobiografía sin vida (Mondadori).

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Creaciones de Bill Traylor

19 de septiembre de 2010

Objetos insólitos

“Nada es sólito apenas se lo somete a un escrutinio sigiloso y sostenido”

J. Cortázar, La Vuelta al Día en Ochenta Mundos

Al comienzo de Manual de Instrucciones (Historias de Cronopios y de Famas) Julio Cortázar nos invita a descubrir las fisuras de lo apariencial:

“Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.”

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Julio Cortázar (izda.) y detalle de obra de Bispo do Rosàrio (dcha.)

Creo que Julio Cortázar (que sí conoció a Adolf Wölfli) no conoció a Arthur Bispo do Rosário pues de haberlo hecho, le habría dedicado algún lugar en sus escritos. Es seguro que le habría encantado la ligereza con que pasaba de largo de la funcionalidad de los objetos. Su empeño en reconstruir el mundo desde su propio criterio, a través del más arbitrario de los inventarios.

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Detalle de obra de Bispo do Rosàrio

Como él, otros creadores como Ferdinand Cheval, Nek Chand, Tressa Prisbey o Bodan Litnansky se sintieron fascinados por algunos objetos que encontraban. Quisieron ver en ellos repertorios de formas donde otros sólo veían basura o trastos viejos.  Comenzaban acumulándolos (versión “bruta” del coleccionismo) antes o mientras construían. Cheval y Chand miraban sus piedras, Prisbey sus lápices y Litnansky sus muñecas. Sabían que algún día servirían para algo, les darían “el regalo” de inspiración que necesitaban para comenzar.

La artista Bessie Harvey (Dallas, 1929-1994) guardaba objetos que le llamaban la atención en una maleta en la que se adentraba en busca de ese regalo. Existe en el proceso creativo de estas personas el placer de construir algo a partir de lo que se considera nada. El placer de no saturar el universo.

“El objeto tiene una existencia independiente, pero el artista actúa como el que, paseando por una playa, descubre una concha o una piedra pulida por el mar, se las lleva a casa y las coloca sobre una mesa, como si fueran objetos de arte que revelan su inesperada belleza”. (Humberto Eco)

El acto creativo permite abrir fisuras en la cotidianidad (que se desplaza cuando la empujas suavemente con el hombro) como hace la cronopia Agnés Varda y algunas personas que aparecen en su película “Los espigadores y la espigadora”.

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