15 de octubre de 2009

2×2 Forum für Outsider Art, Kunsthaus Kannen: Münster

2X2_outsider_forum

Hace poco tuve la oportunidad de participar en el 2×2 Forum für Outsider Art que tuvo lugar entre los días 1 y 4 de octubre de 2009. Consistió en una exposición del trabajo realizado en estudios y talleres de Alemania, Italia, Finlandia, España, Austria, Suiza, Luxemburgo, Rusia y Noruega reunidos en la sala de exposiciones del Kunsthaus Kannen, un espacio-museo para la creatividad creado dentro del complejo hospitalario Alexianer en la ciudad de Münster. Entre los expositores se encontraba la reputada Clínica Maria Gugging en la que han surgido creadores de la talla de August Walla y Rudolf Horacek.

Cada taller participante disponía de un pequeño stand de 2 x 2 metros donde exponer algunas obras, videos, libros, folletos, etc. Los videos también podían ser visionados en una sala de proyecciones adyacente, situada entre la gran sala de exposiciones y el espacio de los talleres que, cuando el tiempo lo permitía, se extendían a los bellos jardines.

Stand de La Manica Lunga Officina Creativa

Una pequeña pero bien provista videoteca y biblioteca de arte outsider estaba a la disposición de los expositores y de los participantes de los talleres. También podían adquirirse numerosos ejemplares, tanto de las propias publicaciones del centro como de editoriales externas y catálogos de exposiciones de todo el mundo.

Además de las espontáneas puestas en común entre los distintos estudios, se desarrolló un ciclo de conferencias y mesas redondas en las que participaban galeristas, arteterapeutas, psiquiatras, coleccionistas y representantes de museos de arte outsider.

La arteterapeuta Lisa Niederreiter planteó las cuestiones éticas que se derivan de la publicación y el marketing aplicados a este tipo de creaciones, apuntando hacia la normalización de estos artistas.

El Doctor Wolfram Voigtländer, psiquiatra y coleccionista de arte outsider de puso de relevancia que desde que los historiadores de arte lidian con el arte outsider y ya no lo hacen los psiquiatras han surgido más talleres.

Kunsthaus Kannen, vista exterior.

Como pudimos apreciar en el Foro, éste es un fenómeno evidente cuyo alcance es discreto en el caso de España. La impresión que me ha causado conversar con los representantes de los estudios adheridos a centros psiquiátricos es que muchos hospitales europeos son conscientes de que, al fomentar la creatividad de los pacientes y organizar exposiciones, se mejora su autoestima así como la imagen que su entorno tiene de ellos. Por supuesto, al final todo revierte en una mejor reputación para los centros, de este modo todo el mundo se beneficia. Es el caso de ARTeliers, un conjunto de talleres dirigidos por Ruth Ehemann en el Kantonalen Psychiatrischen Klinik Wil en Suiza. La propuesta ha ido evolucionando a espacios cada vez más grandes hasta contar con el enorme recinto de la antigua lavandería del hospital en el que tienen lugar talleres de cerámica, papel y nuevos medios.

En resumen, podría decirse que el arte outsider como fenómeno está lejos de apagarse. Su compleja relación con el mercado del arte no impide que sigan surgiendo creadores interesantes. Si además aceptamos que en muchos aspectos el hecho de coleccionar está cerca de lo patológico, asistimos a un mecanismo de retroalimentación entre los que hacen y los que coleccionan, incentivado por las ponderaciones de los galeristas e intermediarios.

A este respecto, Christian Berst, fundador de la galería Objet Trouvé de París, señala que el mercado del arte ha hecho caso omiso de las advertencias de Michel Thévoz “L’art brut n’est pas à vendre”. No sólo el Art Brut se vende sino que además se cotiza a precios cada vez más altos.

20 de septiembre de 2009

La vejez como oportunidad (I)

S. P. Dinsmoor, Jardín del Edén

De todas la realidades (la vejez) es quizá aquélla de la que conservamos más tiempo en la vida una noción puramente abstracta. (Marcel Proust)

En el primer año de carrera en Bellas Artes teníamos una asignatura en la que debíamos escoger un tema en torno al que desarrollaríamos un proyecto, nuestro primer proyecto de investigación plástica. Debido a nuestra juventud lo acometíamos sin miedo, jugando y dando la vuelta a los pequeños descubrimientos que hacíamos con la ingenua ilusión de agotar el tema.

Hablo de esto porque el tema que yo escogí fue la vejez. Bajo el título Viejos mi proyecto presentaba multitud de experimentos en todas direcciones. Desde retratos realistas dibujados en la residencia del barrio con todo tipo de técnicas que iba aprendiendo y ensayando, hasta interpretaciones abstractas de lo que serían enfermedades como la demencia senil o la artrosis, pasando por esculturas con perchas encorvadas y otras ocurrencias.

Más allá de la dudosa calidad del resultado, la experiencia me sirvió para enfrentarme a uno de mis miedos evidentes, el miedo a envejecer, acompañado de esa sospecha abstracta de soledad a la que podría aludir la cita de Marcel Proust.

Realicé unas cinco visitas a la residencia de ancianos. Las personas que allí vivían me acogían con solemnidad o indiferencia. Me parecía increíble que individuos de aproximadamente la misma edad viviendo en las mismas circunstancias pudieran tener actitudes tan diferentes según lo que cargaran a sus espaldas. Recuerdo un hombre que era pura energía y adoptó el rol de introductor regalándome un esbozo oral de cada una de las personas que yo iba dibujando.

Algunos nunca se enteraron de que les dibujé y otros pocos mostraron indiferencia pero por lo general, tuve que hacer cada retrato dos veces para poder regalárselo a quien posaba.

Saqué una conclusión obvia: ¿qué debo hacer para ser como este señor (el introductor) cuando sea vieja? ¿cómo he de conducirme? ¿qué debo evitar para no quedarme en un recodo?.

Aún sigo habiéndomelas con esa inquietud y aplico una mirada ávida sobre las personas que mantienen su curiosidad y energía intactas siendo ya mayores.

Algunos lo demuestran embarcándose en proyectos creativos sin experiencia previa, dejándose la piel para sacar al exterior algo que llevan dentro con la premura de quien es consciente de su propia finitud.

El momento de la jubilación es un punto de inflexión que cada cual vive a su modo, como una marginación o como una oportunidad para dedicarse a lo que uno siempre quiso hacer con la serenidad propia de los años.

Bruno Montpied en su artículo Outsider art, the situacionist utopia : a parallel se fija en aquéllos que acometen su entrega a la vida creativa impulsados por una reacción contra la segregación de los mayores.

Habiendo alcanzado la edad de retirarse, estos hombres –y a veces mujeres- se sienten excluidos de la sociedad en la cuál han perdido su lugar.
Sus fuertes personalidades curtidas por circunstancias de la vida no se conforman con el vacío al que se sienten relegados. Sus “Palacios Ideales” nacen de esa represión inaceptable. La experimentación es su lenguaje de protesta, como si floreciera de manera natural y no hubiera alternativa.

Juan Antonio Ramírez nos habla con humor del síndrome de Juan Palomo para destacar que muchos autores outsider que construyen “Palacios Ideales” lo hacen tras la jubilación debido a que trabajan con sus propios recursos y necesitan disponer de tiempo.

Hace falta tiempo libre para dedicarlo a una actividad no remunerada, buena salud, energía, y un lugar propio donde poder trabajar sin impedimentos legales. Estas cosas no suelen darse de un modo coincidente hasta la edad adulta, cuando ya se han alcanzado o descartado ciertos objetivos profesionales y vitales, o cuando algunos desengaños (o iluminaciones) empujan a los individuos hacia la materialización de sus sueños privados.

Según este enfoque, la jubilación es una oportunidad que aprovechan personas como Máximo Rojo que sorteó las advertencias de su mujer que intentaba disuadirle para evitar las burlas de los vecinos. Máximo quería recrear en su jardín un material informe de conocimientos que habitaba su memoria. Sucesos de la historia que le interesaban, personajes emblemáticos en su vida y algunas parábolas personales. Lo comenzó a los 67 años y lo trabajó con devoción hasta su muerte. Ahora, el jardín de cemento languidece en la propiedad abandonada de Alcolea del Pinar.

Su historia es similar a la de Franz Gsellman, que tardó en poder entregarse a su pasión de ingeniero frustrado por las obligaciones de la granja en que trabajó toda su vida. Lo hizo a los 48 años y le dedicó los 23 siguientes. Aunque su trabajo no es el de un ingeniero al uso sino el de un artista juguetón que creó una máquina disparatada que producía luz, sonido y movimiento bajo el ambicioso título de Máquina del mundo.

También Charles Dellschau realizó sus dibujos sobre máquinas para volar a partir de los 78 años y Vollis Simpson, fabricante de maquinaria para mover casas, utilizó sus habilidades durante la jubilación para construir sus llamativos molinillos de más de 10 metros de alto a fin de calentar su hogar.

Una energía sin tregua se aprecia en S. P. Dinsmoor (EEUU, 1843-1932), soldado de la guerra civil y profesor de primaria, que a los 65 años llega a Lucas, Kansas y construye su casa y su propio Jardín del Edén poblado por estatuas de cemento y 30 árboles de cemento conectados por ramas sinuosas. También construyó un mausoleo para poder exponer su propio cuerpo embalsamado. A los 89 años se casó con una chica de 21. Su cuerpo yace, tal y como él deseaba, enterrado en su jardín.

Otro caso extraordinario es el del sátrapa Camille Renault (Francia, 1870- 1954) que esculpe en cemento los personajes de su Jardín de las sorpresas a partir de los 64 años en Attigny, Francia. Lo emprende como un desafío a su suerte que en pocos años se llevó a uno de sus hijos (ya había perdido otro en la guerra) y a su mujer. También sufrió la pérdida de su casa en un incendio.

Como él, tampoco Tressa Prisbey (1896-1988) fue una persona afortunada, y de un modo similar, comenzó a trabajar en su Pueblo de botellas a partir de los 60 años.

Más adelante seguiremos viendo autores que comienzan su actividad artística a una edad avanzada. En este post hemos citado a creadores de “entornos” y esculturas y en otros momentos ya hablamos de Bill Traylor que comenzó a dibujar con nada menos que 84 años, a la “abuela Moses” (76 años) , a Elisabeth Layton (68 años) …

23 de agosto de 2009

Los dibujos de caras de Maria-Faustina Stefanini

Maria-Faustina Stefanini

La vida de Maria-Faustina Stefanini es intensa y seductora. Cuando acompaña a su familia a probar suerte en Francia es una chica atractiva de carácter fuerte e independiente. Tiene bastantes relaciones amorosas de las que resultan dos hijos que esconde en un primer momento y que termina entregando a la asistencia pública. Más tarde decide ir a París para ser actriz y cosecha bastantes éxitos. Llega a casarse con un marqués al que abandona nada más hacerse efectivo el matrimonio.

Maria-Faustina Stefanini fue una mujer atípica para su época, una de las primeras en conducir un automóvil y una hábil manipuladora de sus encantos. Se cree que fueron dichos encantos los que la liberaron de la cárcel donde cumplía una condena injusta. Su marido, deseoso de venganza, la acusó de espionaje y consiguió que la encarcelaran.

Produjo su obra pictórica en escasos dos años y su familia la relaciona con experiencias mediúmnicas. Realizó unos trescientos dibujos, casi todos sobre facturas de gasolina Mobiloil.

El día de Navidad de 1970 colocó un papel en la puerta de su casa diciendo “estoy de viaje”. Intrigada, una vecina hizo que forzaran su puerta y allí descubrieron a la marquesa en un estado de salud muy débil. Todas las paredes estaban cubiertas de frescos del mismo tipo que sus pequeños dibujos. Falleció en el hospital a los pocos días.

12 de agosto de 2009

Máquinas


Fig. 1. François Monchatre, “Puedo llamaros Hélène” (1977).


François Monchatre (Francia, 1928) está fascinado con la aviación y construye excéntricas máquinas con todo tipo de materiales. Si éstas son interesantes de por sí, las completa con curiosos títulos, poéticos y ocurrentes. Entre otros oficios, François contruyó muñecos y fue limpiador de cristales.


Su obra se encuentra recogida en la Fabuloserie (la colección de Alain Bourbonnais) al igual que las extrañas máquinas de Joël Negri (Francia, 1949) que replantean la relación del hombre con la locomoción.

Fig. 2. Joël Negri, “El carro a vela” (s.f.)

Joël Négri era albañil de profesión y tenía cierta experiencia trabajando con mosaicos y azulejos. Sus primeros trabajos fueron relieves pero poco a poco se fue sumergiendo en su principal inquietud que gira en torno a la rueda. Realizó una serie de ‘carros’ con cabezas humanas o de animal. Objetos híbridos a caballo entre el juguete y la máquina, lo orgánico y lo mecánico.


En sus últimos trabajos ha virado su interes a creaciones más abstractas sin llegar a abandonar su léxico preferido compuesto de alas y ruedas.


Fuente imágenes: Outsiders: An Art Without Precedent or Tradition. (1979) London: Arts Council of Great Britain.


19 de julio de 2009

Innovación-repetición

Donald Mitchell “Sin Título” (2001)

Quitemos al arte la vestidura de innovación con la que ha estado coqueteando y que finalmente triunfó con Las Vanguardias hasta nuestros días. Sin ese corsé, el arte aparece libre de linealidad, como compañero del ser humano, camarada de miserias y celebraciones, siempre las mismas y diferentes.

Así mirado, el arte muestra la relación significativa entre creación y repetición, de la humanidad en conjunto y de cada experiencia individual.

Podemos hacernos la pregunta a la inversa ¿qué es lo que no se repite en la obra de un autor? Las anécdotas, las ocurrencias, los regalos del azar. De este modo lo significativo y esencial (lo repetido) es refrescado por lo inesperado (lo diferente). Como en un romance imposible, la entropía corteja al principio de constancia de Freud, o viceversa.


Pereña señala el principio de constancia de Freud, como “función secundaria impuesta por la necesidad de la vida”. Y señala “la tendencia originaria del sistema neuronal es la inercia, el nivel cero, la evacuación total de la excitación”. El principio de constancia sería el intento de trasladar la homeostasis, como regulación de la constancia fisiológica del flujo sanguíneo, la temperatura, etc. (López Fdez. Cao, ¿Nos hace la creación aptos para la vida?)

Podría pensarse que tanto la inercia como la entropía son tendencias naturales cuya pugna rige el movimiento y la estabilidad necesarias para la vida. La repetición, en cualquier caso, es una utopía, ya que aplicada a lo humano no puede ser idéntica. La repetición siempre sucede en dos momentos diferentes, no puede ser simultánea.

Del otro lado se encuentra el tan alabado concepto de “inspiración” entendido como un intento de contactar con lo nuevo o irrevelado. Como si lo nuevo fuera un espíritu al que se puede invocar pero que sólo se manifiesta si lo desea.

La ausencia de inspiración es la nada creativa o repetición. Lo curioso es que el estado de inspiración es en cierto modo un estado alterado de conciencia cercano por lo tanto al ritual, al automatismo, al trance… marcados todos ellos por la repetición.

Entendemos la repetición como parte fundamenteal del arte. Incluso su negación desesperada pone de manifiesto su importancia.

Las creaciones que estudiamos, espontáneas y obsesivas, dejan al desnudo esta necesidad humana de repetir.

Repetir conductas, generar monotonías, hábitos, rituales…


El artista pinta para entenderse, para entender el mundo, para entenderse en el mundo, o para constatar y expresar su no comprensión, el abismo insondable de la ininteligibilidad de sí y del mundo, para marcar la diferencia entre sí mismo y el otro, la irreductibilidad del ser frente al otro. Para hablar del fracaso de la identidad y la falacia de la identificación, para hablar, para no hablar cuando el lenguaje no tiene ya nada que decir.
(López Fdez. Cao, ¿Nos hace la creación aptos para la vida?)

2 de julio de 2009

Pierre Carbonel



Imágenes de Pierre Carbonel, sin título ni fecha encontrados. Fuente: http://www.les-metamorphozes.com/galerie/pages/artistes.htm


Encuentro bastante complicado obtener información sobre Pierre Carbonel (Anglet, Francia, 1925), apenas unas notas biográficas en las que se cuenta que dedicaba a sus creaciones todo el tiempo que le quedaba tras su ocupación como vendedor de artículos de perfumería.
Sus pinturas me parecen enigmáticas y no acierto a desentrañar el proceso pictórico, parece que experimentó con mezclas de emulsiones “combates de densidades líquidas” era como describía él sus creaciones (Karlins, 2001, ¶ 21)
Se trata de pinturas orgánicas que tienen algo de sedimentaciones rocosas, materia erosionada y subterránea que se reúne para conformar rostros.
También tiene algunas pinturas en las que el motivo de representación no es el retrato pero lo más habitual es que se dedique a encontrar las caras que se forman en las emulsiones que prepara.
Los colores (nunca colores puros ni brillantes) apoyan esta sensación de encontrarnos ante algo subterráneo. Al parecer se basaba en una capa tal de texturas que podía llegar a engrosar el lienzo hasta 10 centímetros.

KARLINS, N. F. (24 enero 2001) Special Edition: Outsider Art. En Artnet. Recuperado el 2 de Julio en http://www.artnet.com/Magazine/reviews/karlins/karlins1-24-01.asp

22 de abril de 2009

Dibujos en el suelo de Marie Lieb



Marie Lieb pasó varias temporadas internada en un psiquiátrico por mania. Allí se servía del suelo de su cuarto como lienzo para escribir y dibujar. Con tiras de retal blanco realizaba composiciones donde aparecían asteriscos y flores. También algunas inscripciones.

Tenemos testimonio de su trabajo a través de dos únicas fotografías sobre las que Wilhelm Weygandt, asistente del Dr. Emil Kraepelin, comenta: “…Motivos compuestos con tiras de sábanas de una mujer maniaca, esparcidos en el suelo de su habitación.”

29 de marzo de 2009

Máquinas maravillosas… continuación

Giant Whirlings, Vollis Simpson

Vollis Simpson (1919) en Carolina del Norte utilizó la energía del viento y el sistema de calefacción de su hogar para mover sus molinillos gigantes, algunos de más de 10 metros. El metal empleado en su fabricación procede de piezas de vehículo encontradas en vertederos. Le interesaban sobre todo los reflectores que devolvían brillos de colores en todas direcciones.


Giant Whirlings, Vollis Simpson


En Fay-aux-Loges, Francia, encontramos Le Manège, obra de Pierre Avezard (1901-aprox. 1980) consistente en un conjunto móvil de figuras de madera y metal construidas con latas de conservas y otros materiales de desecho. Posee una réplica de 12 metros de altura de la Torre Eiffel, un átomo de molécula gigante y flores y plantas de metal entre otros objetos fantásticos. En la actualidad se encuentra en La Fabuloserie, un museo privado de piezas de Art Brut.

A Pierre Avezard, llamado Petit Pierre (1909-1992) le gustaba decir que nació antes de lo previsto. Sin siquiera el agujero de las orejas, por tanto sordo y medio ciego, se le confió el “oficio de los inocentes”: pastor. La invasión de las máquinas en la vida del hombre le dejaba perplejo y pasaba sus días analizando el movimiento de los aparatos con los que se topaba. Solitario y fascinado por la velocidad a la que cambia el mundo, comenzó a construir este carrusel que aún hoy sigue girando con ensordecedor chirrido de hierros.

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