12 de agosto de 2009

Máquinas


Fig. 1. François Monchatre, “Puedo llamaros Hélène” (1977).


François Monchatre (Francia, 1928) está fascinado con la aviación y construye excéntricas máquinas con todo tipo de materiales. Si éstas son interesantes de por sí, las completa con curiosos títulos, poéticos y ocurrentes. Entre otros oficios, François contruyó muñecos y fue limpiador de cristales.


Su obra se encuentra recogida en la Fabuloserie (la colección de Alain Bourbonnais) al igual que las extrañas máquinas de Joël Negri (Francia, 1949) que replantean la relación del hombre con la locomoción.

Fig. 2. Joël Negri, “El carro a vela” (s.f.)

Joël Négri era albañil de profesión y tenía cierta experiencia trabajando con mosaicos y azulejos. Sus primeros trabajos fueron relieves pero poco a poco se fue sumergiendo en su principal inquietud que gira en torno a la rueda. Realizó una serie de ‘carros’ con cabezas humanas o de animal. Objetos híbridos a caballo entre el juguete y la máquina, lo orgánico y lo mecánico.


En sus últimos trabajos ha virado su interes a creaciones más abstractas sin llegar a abandonar su léxico preferido compuesto de alas y ruedas.


Fuente imágenes: Outsiders: An Art Without Precedent or Tradition. (1979) London: Arts Council of Great Britain.


19 de julio de 2009

Innovación-repetición

Donald Mitchell “Sin Título” (2001)

Quitemos al arte la vestidura de innovación con la que ha estado coqueteando y que finalmente triunfó con Las Vanguardias hasta nuestros días. Sin ese corsé, el arte aparece libre de linealidad, como compañero del ser humano, camarada de miserias y celebraciones, siempre las mismas y diferentes.

Así mirado, el arte muestra la relación significativa entre creación y repetición, de la humanidad en conjunto y de cada experiencia individual.

Podemos hacernos la pregunta a la inversa ¿qué es lo que no se repite en la obra de un autor? Las anécdotas, las ocurrencias, los regalos del azar. De este modo lo significativo y esencial (lo repetido) es refrescado por lo inesperado (lo diferente). Como en un romance imposible, la entropía corteja al principio de constancia de Freud, o viceversa.


Pereña señala el principio de constancia de Freud, como “función secundaria impuesta por la necesidad de la vida”. Y señala “la tendencia originaria del sistema neuronal es la inercia, el nivel cero, la evacuación total de la excitación”. El principio de constancia sería el intento de trasladar la homeostasis, como regulación de la constancia fisiológica del flujo sanguíneo, la temperatura, etc. (López Fdez. Cao, ¿Nos hace la creación aptos para la vida?)

Podría pensarse que tanto la inercia como la entropía son tendencias naturales cuya pugna rige el movimiento y la estabilidad necesarias para la vida. La repetición, en cualquier caso, es una utopía, ya que aplicada a lo humano no puede ser idéntica. La repetición siempre sucede en dos momentos diferentes, no puede ser simultánea.

Del otro lado se encuentra el tan alabado concepto de “inspiración” entendido como un intento de contactar con lo nuevo o irrevelado. Como si lo nuevo fuera un espíritu al que se puede invocar pero que sólo se manifiesta si lo desea.

La ausencia de inspiración es la nada creativa o repetición. Lo curioso es que el estado de inspiración es en cierto modo un estado alterado de conciencia cercano por lo tanto al ritual, al automatismo, al trance… marcados todos ellos por la repetición.

Entendemos la repetición como parte fundamenteal del arte. Incluso su negación desesperada pone de manifiesto su importancia.

Las creaciones que estudiamos, espontáneas y obsesivas, dejan al desnudo esta necesidad humana de repetir.

Repetir conductas, generar monotonías, hábitos, rituales…


El artista pinta para entenderse, para entender el mundo, para entenderse en el mundo, o para constatar y expresar su no comprensión, el abismo insondable de la ininteligibilidad de sí y del mundo, para marcar la diferencia entre sí mismo y el otro, la irreductibilidad del ser frente al otro. Para hablar del fracaso de la identidad y la falacia de la identificación, para hablar, para no hablar cuando el lenguaje no tiene ya nada que decir.
(López Fdez. Cao, ¿Nos hace la creación aptos para la vida?)

2 de julio de 2009

Pierre Carbonel



Imágenes de Pierre Carbonel, sin título ni fecha encontrados. Fuente: http://www.les-metamorphozes.com/galerie/pages/artistes.htm


Encuentro bastante complicado obtener información sobre Pierre Carbonel (Anglet, Francia, 1925), apenas unas notas biográficas en las que se cuenta que dedicaba a sus creaciones todo el tiempo que le quedaba tras su ocupación como vendedor de artículos de perfumería.
Sus pinturas me parecen enigmáticas y no acierto a desentrañar el proceso pictórico, parece que experimentó con mezclas de emulsiones “combates de densidades líquidas” era como describía él sus creaciones (Karlins, 2001, ¶ 21)
Se trata de pinturas orgánicas que tienen algo de sedimentaciones rocosas, materia erosionada y subterránea que se reúne para conformar rostros.
También tiene algunas pinturas en las que el motivo de representación no es el retrato pero lo más habitual es que se dedique a encontrar las caras que se forman en las emulsiones que prepara.
Los colores (nunca colores puros ni brillantes) apoyan esta sensación de encontrarnos ante algo subterráneo. Al parecer se basaba en una capa tal de texturas que podía llegar a engrosar el lienzo hasta 10 centímetros.

KARLINS, N. F. (24 enero 2001) Special Edition: Outsider Art. En Artnet. Recuperado el 2 de Julio en http://www.artnet.com/Magazine/reviews/karlins/karlins1-24-01.asp

22 de abril de 2009

Dibujos en el suelo de Marie Lieb



Marie Lieb pasó varias temporadas internada en un psiquiátrico por mania. Allí se servía del suelo de su cuarto como lienzo para escribir y dibujar. Con tiras de retal blanco realizaba composiciones donde aparecían asteriscos y flores. También algunas inscripciones.

Tenemos testimonio de su trabajo a través de dos únicas fotografías sobre las que Wilhelm Weygandt, asistente del Dr. Emil Kraepelin, comenta: “…Motivos compuestos con tiras de sábanas de una mujer maniaca, esparcidos en el suelo de su habitación.”

29 de marzo de 2009

Máquinas maravillosas… continuación

Giant Whirlings, Vollis Simpson

Vollis Simpson (1919) en Carolina del Norte utilizó la energía del viento y el sistema de calefacción de su hogar para mover sus molinillos gigantes, algunos de más de 10 metros. El metal empleado en su fabricación procede de piezas de vehículo encontradas en vertederos. Le interesaban sobre todo los reflectores que devolvían brillos de colores en todas direcciones.


Giant Whirlings, Vollis Simpson


En Fay-aux-Loges, Francia, encontramos Le Manège, obra de Pierre Avezard (1901-aprox. 1980) consistente en un conjunto móvil de figuras de madera y metal construidas con latas de conservas y otros materiales de desecho. Posee una réplica de 12 metros de altura de la Torre Eiffel, un átomo de molécula gigante y flores y plantas de metal entre otros objetos fantásticos. En la actualidad se encuentra en La Fabuloserie, un museo privado de piezas de Art Brut.

A Pierre Avezard, llamado Petit Pierre (1909-1992) le gustaba decir que nació antes de lo previsto. Sin siquiera el agujero de las orejas, por tanto sordo y medio ciego, se le confió el “oficio de los inocentes”: pastor. La invasión de las máquinas en la vida del hombre le dejaba perplejo y pasaba sus días analizando el movimiento de los aparatos con los que se topaba. Solitario y fascinado por la velocidad a la que cambia el mundo, comenzó a construir este carrusel que aún hoy sigue girando con ensordecedor chirrido de hierros.

23 de febrero de 2009

Piedras y estética del azar

El azar es definido por André Bretón como “el encuentro entre una causalidad externa y una finalidad interna”.

La piedra forma parte de esos objetos que pueden ayudarnos a entrar en contacto con nuestros deseos. Aniela Jaffé sugiere que “la animación de la piedra tiene que explicarse como la proyección en la piedra de un contenido, más o menos claro, del inconsciente”.

La piedra está en el origen del proceso creativo de algunas personas que se dan a la creación de manera repentina. Así sucede en la historia del cartero Ferdinand Cheval, a quien una piedra sirvió de detonante para entregarse a la loca tarea de construir un palacio ideal que se le había aparecido en sueños. A él se entregó durante 33 años y nunca se habría planteado dar forma a esa visión de no ser porque un día se topó con una piedra cuya extraña forma le resultó fascinante. Ya llevaba mucho tiempo acumulando piedras que llamaban su atención en el jardín de su casa. Las recogía durante sus viajes en bicicleta o en sus paseos con carretilla.

Mon pied avait accroché un obstacle qui faillit me faire tomber; j’ai voulu savoir ce que c’était. C’était une pierre de forme si bizarre que je l’ai mise dans ma poche pour l’admirer à mon aise [...] C’est une pierre molasse, travaillée par les eaux et endurcie par la force des temps, elle devient aussi dure que des cailloux. Elle présente une sculpture aussi bizarre qu’il est impossible à l’homme de l’imiter: elle représente toute espèce d’animaux, toutes espèces de caricatures.

Coleccionar piedras y envanecerse de poseerlas parece algo común a muchos artistas. Carlo Zinnelli, que pintó más de 3000 obras en un psiquiátrico de Verona, caminaba acompañado de piedras de formas sugerentes que acumulaba en sus bolsillos rebosantes. También Nek Chand estaba fascinado por las piedras de formas extrañas. Cuando trabajaba como inspector de carreteras, empezó a acumular piedras en una pequeña cabaña que se había construido en la jungla, en un terreno donde soñó que se asentaba el corazón de una gloriosa dinastía. En 1965, tras una ardua labor de acumulación de materiales, comenzó a construir su paraíso. Ya antes había dispuesto sus piedras en torno y erigido las primeras figuras con cemento y ropa vieja.

La piedra cuenta además con ese componente de “eternidad” que nos hace conectar emocionalmente con ella, como demuestra Max Ernst en esta carta a Giacometti:

Alberto [el artista suizo Giacometti] y yo padecemos de esculturitis. Trabajamos con rocas de granito, grandes y pequeñas, procedentes de las morrenas del glaciar Forno. Maravillosamente pulidas por el tiempo, las heladas y la intemperie, son fantásticamente bellas por sí mismas. Ninguna mano humana puede hacer eso. Por tanto, ¿por qué no dejar el duro trabajo previo a los elementos, y limitarnos a garrapatear en ellas las runas de nuestro propio misterio?
Max Ernst. Carta desde Maloja 1935.

Volviendo a la intervención del azar, de lo que podríamos llamar “los regalos del azar”, podemos considerar el encuentro de Ferdinand Cheval con su piedra-detonante como una serendipia. Desde el descubrimiento de la penicilina hasta el átomo de Bohr, la ciencia está llena de estas felices casualidades. Pero Louis Pasteur advierte de la importancia de la predisposición de la voluntad para que ello suceda. “Dans le champs de l’observation le hasard ne favorise que les esprits préparés»

Serendipia es un neologismo de irregular fortuna, que en ocasiones se funde con otros conceptos como el principio de sincronicidad (de Gustav Jung) o el azar objetivo (hasard objectif) que es uno de los conceptos fundamentales del surrealismo y procede de Engels, aunque fue André Breton, teórico del movimiento, quien le dio el peculiar sentido que apuntábamos al comienzo de este capítulo. Este designa la confluencia inesperada entre lo que el individuo desea y lo que el mundo le ofrece. Así, uno está pensando en determinada persona y de repente, al cruzar una esquina, topa con ella. Se trata, pues, de coincidencias o casualidades, pero cargadas de un valor emocional que las vuelve significativas.

25 de enero de 2009

¿Arte "outsider" vs arte "insider"?

Los nombres de artistas outsiders están escritos en cursiva…


Sandra Sheehy

Rosa Zharkikh

Jeanne Tripier

Andy Warhool

Heinrich Reisenbauer

Vanessa Losada

Marguerite Sirvins

Vanessa Losada

Madge Gill

Christopher Wool

Marie Rose Lortet

Michael Johanson

Bispo do Rosario

Sheila Hicks

Judith Scott

Sheila Hicks

Gabriel Urbach

Peter Doig

Chris Johanson

Meret Oppenheim

Hedwig Willms

Marcel Duchamp

Bispo do Rosario




18 de enero de 2009

ACM, esculturas de piezas mecánicas




A. C. M. (Francia, 1951) era un chico extramadamente tímido que consiguió empezar estudios de arte a pesar de no haber terminado la enseñanza secundaria (por ser considerado mal estudiante).

Su época en la Academia de Bellas Artes fue especialmente dura. No se sentía cómodo con el resto de los estudiantes y su tendencia a intelectualizar el arte o llevarlo hacia la política (eran los tiempos que siguieron a 1968). Intentó suicidarse varias veces y se refugió en autores como Rainer Maria Rilke, Friedrich Nietzsche o Antonin Artaud.

En 1976 su vida dio un giro cuando heredó una casa en ruinas que había sido una fábrica. Allí se le abrió un mundo de posibilidades y comenzó a limpiar y pintar pequeñas piezas mecánicas que juntas, construían extraños edificios, catedrales, barcos…

Las imágenes proceden de http://www.abcd-artbrut.org/article.php3?id_article=477 y http://c-monster.net/blog1/2008/01/25/photos-outsider-art-fair-nyc/

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19