9 de mayo de 2010

La Tía Sandalia, intérprete de la religión

Tía Sandalia y figura

El acto creativo encuentra fisuras por donde asomarse a realidades que normalmente no visita.

Un ejemplo es la historia de Sandalia Simón Fernández (Toledo, Villacañas, 1902-1987), más conocida como la tía Sandalia. Una mujer de condición humilde que, de un modo u otro consiguió entregarse a su actividad creativa sin encontrar la oposición que normalmente habría despertado en su entorno cualquier persona que descuidara sus obligaciones. En la sociedad de su tiempo en Villacañas lo normal era que los hombres se centraran en las labores agrícolas mientras las mujeres les ayudaban con esto y con las agotadoras tareas domésticas que incluían encalar un día tras otro las paredes de los silos en que vivían.

Quizás, los factores que le proporcionaron esa especie de inmunidad nada habitual fueron, por un lado, el carácter religioso de sus creaciones y por otro, su fuerte personalidad y el respeto que el pueblo sentía por las desgracias que sufrió a lo largo de su vida.

Los silos de VillaCañas.

El silo era la vivienda de las familias más humildes de la llanura manchega. Se conoce su existencia desde comienzos del siglo XVIII y aún en 1950 había 1.700 silos censados en el casco urbano de Villacañas, en la provincia de Toledo, donde vivió Sandalia Simón Fernández.

Se trata de viviendas excavadas en el suelo a 4 metros de profundidad. Al establecer su noviazgo, cada pareja compraba un solar de unos 470 m² y allí cavaba el silo con sus propias manos, abriendo el espacio necesario para alojar los dormitorios, la cocina, el comedor, las cuadras, el pajar y el gallinero.

Las paredes del interior se recubrían con cal, lo que además de sellar la roca, permitía que se aprovechara al máximo la luz del sol que entraba por las ventanas verticales (lumbreras).

Historia de la Tía Sandalia.

Siguiendo la trayectoria familiar, la Tía Sandalia vivía en uno de estos silos. Su infancia estuvo marcada por la figura de la madre, que se volcó en su única hija, transmitiéndole su religiosidad e intentando que aprendiera a leer, a lo que Sandalia se negó. Era por tanto ágrafa y la principal fuente de inspiración de sus creaciones religiosas procedía de los recuerdos del devocionario apocalíptico que le habían enseñado. Sandalia era tan devota que a partir de 1945, con la institución del culto al Nazareno, comenzó a vestir de forma permanente tal indumentaria.

Sandalia se casó a los 21 años, poco después del fallecimiento de su madre. Con su marido tuvo una relación entrañable y respetuosa, parece que él era un hombre sencillo y muy tolerante con las excentricidades de su esposa. Cuando éste partió a luchar en la Guerra Civil, el matrimonio ya tenía cuatro hijos.

Tía Sandalia

Se dice que fue una madre desapegada, al menos con su hijo mayor, que fue criado por otra familia. Es importante tener en cuenta que Sandalia sufría unos cinco ataques epilépticos al día y ya desde antes de dedicarse a la creación colaboraba poco en las tareas domésticas. Sin embargo, a partir del 25 de agosto de 1950 no sufrió ninguno más. Esta fecha coincide con el suicidio de uno de sus hijos y el inicio de una dedicación casi absoluta al modelado y a la pintura.

La gente del pueblo la ayudaba cuando sucedían estas crisis y se piensa que por miedo a que los ataques se reprodujeran le dejaban vía libre, Sandalia era tratada como un personaje un poco trastornado y también un poco temido, al que era mejor no molestar. Su propio marido indicaba a sus hijos “a madre no molestarla” y estos colaboraban en la preparación del yeso para modelar y después desaparecían respetando su soledad.

Un día que todos los hombres estaban trabajando en el campo, como era habitual, la vida de la familia se vio trastocada. Había desaparecido uno de los hijos de Sandalia, Ángel, y fue uno de los hermanos quien lo encontró, se había quitado la vida ahorcándose en un pozo. A partir de aquel momento la religiosidad de Sandalia se acentuó. Se volvió introvertida y se volcó en sus creaciones. Llegó incluso a retratar a su hijo con la soga que le provocó la muerte.

La obra.

silo de la Tía Sandalia

Las escenas que podían captarse en su casa combinan santos sangrientos, manteles de hule con flores de plástico, una paloma disecada que representa al Espíritu Santo… Sus primeras obras tenían un fin exclusivamente didáctico. Estaban destinadas a ser mostradas en momentos especiales, siempre por ella como guía intérprete y exégeta de los Misterios. No se puede saber con certeza porqué creaba pero está claro que ello le permitía destacar entre algunos vecinos y salir del anonimato general. A medida que veía su obra halagada se iba tomando más en serio su papel de artista o de persona dotada por Dios de un don especial. Finalmente dejó de crear para dedicarse exclusivamente a guiar a los interesados por su casa. Los visitantes debían guardarse mucho de ofender de alguna manera a Sandalia porque a poco que ella notara algún gesto de burla los echaba de su casa con cajas destempladas.

Sus creaciones están muy ligadas al trabajo del volumen, incluso cuando pinta, sus cuadros suelen tener elementos modelados. En cuanto a la técnica, partía de yeso o de los polvos que se usaban para enjalbergar las fachadas para así crear volúmenes amasando el yeso. Los detalles los afinaba con utensilios de cocina y los pinceles los construía ella misma con su pelo o con las crines de la cola de un burro.

Sus primeras figuras no tienen armadura interna pero las últimas sí, por lo visto había aprendido que esto les daría estabilidad y comenzó a construir estructuras con palos y sarmientos.

Cuando en 1982 se reconoció el valor de sus creaciones y se le dedicó una calle, les dio una capa de barniz bajo la cual añadió purpurina dorada y plateada, como si quisiera resaltar, con los elementos que tenía, la “divinidad” o la “belleza” de sus figuras.

Fuentes y datos de interés.

silo_exterior

Las imágenes de los silos proceden de encuentroarte
Las imágenes de la Tía Sandalia y de sus obras proceden del libro: ZARAGOZA SESMERO, V. (1997) “En la frontera del mito. la tía Sandalia (1902-1987)”. Toledo: Ilustrísimo Ayuntamiento de Villacañas.

En Villacañas puede visitarse el Museo del Silo y el Museo de la Tía Sandalia. El teléfono de información turística es: 925 56 03 42

19 de abril de 2010

Algunas curiosidades sobre la obra de Martín Ramírez

Martín Ramírez
Hay que ver las exposiciones solo y con personas distintas porque cada uno nos fijamos en unas cosas y porque viene bien que nos recuerden que nuestra mirada es sólo una de las muchas posibles.

Pasé por alto que los repetidos túneles que tanto obsesionan a Martín Ramírez están presentes también en los genitales de algunos de sus animales. Aunque sea aventurado divagar sobre lo que esto significa todo invita a pensar que las repetidas escenas en las que un tren sale de un túnel para meterse en otro representan el ciclo de la vida.

Martín Ramírez

Algo que ya había visto pero me ayudó ponerlo en palabras fue que lo realmente interesante de Ramírez es lo que no comparte con otros autodidactas, algunos lugares comunes a los que parece lógico acudir y que sin embargo él esquiva, creando formas de representar que son extrañas y que lo hacen único. Un ejemplo sería la manera de dibujar los escalones. En lugar de representar los contornos, las clásicas tres líneas horizontales, lo que dibuja es lo que no se ve, las líneas que no existen, y obvia las demás. Esto en cuanto a las líneas rectas, en cuanto a las curvas ya habíamos mencionado en otra entrada que las formas se emparentan con el crecimiento de las formas naturales, como los troncos de los árboles o los moluscos, que crecen de manera periódica, dejando sus huellas en la concha.

Mi amigo se dio cuenta de que el depresor de lengua que utilizaba como regla a veces le sirve también para trazar curvas cerradas y que en dos de las casi sesenta obras aparece una animal grande pisando a animales más pequeños.

A parte de eso se puede intentar adivinar qué figuras provienen de su imaginación y cuáles proceden de algún objeto o imagen que le sería familiar. La mayoría de las veces dibuja los ojos de forma esquemática y de frente, de la manera estereotipada que suelen hacerlo quienes no buscan una representación anatómica realista (por ejemplo los dibujantes egipcios) aun cuando las figuras están de perfil. Sin embargo uno de sus vaqueros sí tiene un ojo que está de perfil y además trazado de una manera que recuerda los dibujos animados. El caballo que monta también tiene los ojos en perspectiva y con volumen y lo que es más raro, se dibuja parte del ojo del lado de la cara que no se ve cuando lo normal en una representación “de memoria” sería no haberlo dibujado.

Martín Ramírez

17 de abril de 2010

Martín Ramírez – Milwaukee Art Museum

4 de abril de 2010

Martín Ramírez en el MNCARS

Martín Ramírez descubrió de manera intuitiva que trabajando la línea en sucesivas repeticiones podía levantar las formas del papel y dotarlas de corporeidad. Este sencillo gesto gráfico le permite construir asombrosos espacios donde la transición dentro-fuera se produce sin pedir permiso a la lógica.

Me pregunto qué habría pensado Escher de estas trampas bidimensionales que desafían nuestra percepción con una sencillez pasmosa.
Martín Ramírez (Jalisco, 1895- 1963) fue un campesino de origen indio que emigró a California para juntar algún dinero con el que sacar adelante a su familia y sus cuatro hijos. Allí encontró trabajo en el ferrocarril pero en 1931, las consecuencias del crack del 29 lo dejaron en la calle sin techo, sin idioma para desenvolverse y completamente desorientado. Entretanto la Rebelión Cristera arruinó a los suyos en Jalisco. Tuvo noticia de que su pequeña casa de adobe con huerta fue destruida y de que su familia se dispersó. Durante unos meses vagabundeó por las calles alimentándose de lo que encontraba y durmiendo donde podía. Nunca llegó a aprender inglés y su situación se agravó al caer enfermo.

Las autoridades lo llevaron a un psiquiátrico y allí produjo cerca de 450 dibujos durante los 33 años que estuvo internado bajo diagnóstico de esquizofrenia, depresión aguda, catatonia y psicosis. Él sabía que sus creaciones eran valiosas y a veces exponía los rollos terminados en la puerta del porche del pabellón. Sin embargo tenía que luchar para salvar los dibujos de los celadores, que registraban su habitación para destruirlos. Ramírez trabajaba con lo que tenía a mano, era un gran recolector de papeles de todo tipo, desde las notas de las enfermeras hasta papel de liar, sábanas de papel para camillas… que unía con pegamento de fabricación casera, elaborado con masa de pan, almidón de patata y su propia saliva. Ésta es la razón por la que muchas de sus obras fueron quemadas, pues se temía que contuvieran los bacilos de la tuberculosis.

En su imaginería se aprecia su vínculo con el ferrocarril, así como sus raíces mexicanas. Su universo está poblado por vaqueros, trenes, túneles, iglesias de la región de Jalisco y, ante todo, por sus características líneas concéntricas y ondulantes que son su unidad de construcción.

En el psiquiátrico, Ramírez decidió no hablar, por lo que se pensó que era sordo. Su mejor herramienta de comuniciación era el dibujo. No se cansó de repetir una y otra vez los mismos símbolos y algunas composiciones, entre las que se aprecian pequeñas variaciones en las formas.

La presencia de túneles en sus obras es constante. Juega con la ambigüedad espacial con algo tan sencillo como oscurecer sus arcos de líneas casi siempre por arriba. Ramírez parece fascinado con las construcciones humanas pero sus formas de líneas consecutivas se emparentan con el crecimiento de las formas naturales, como los mejillones o los árboles.

Parece que tuvo su léxico muy claro desde el principio, aunque no sabemos si los dibujos quemados serían acaso diferentes. La exposición del MNCARS no sigue un hilo cronológico ya que Ramírez nunca hablo de su obra ni fechó pieza alguna, sólo sabemos que las creaciones proceden de sus últimos 15 años de vida.

En el psiquiátrico estuvo en contacto con algunas imágenes que quizás influyeron en sus creaciones. Se sabe que proyectaban películas y que les facilitaban revistas. Algunos de sus dibujos incorporan imágenes impresas. Ramírez las pegaba al papel y les daba continuidad pictórica.

Una de las obras más chocantes porque se sale de su imaginería recurrente representa un barco en el agua. La forma de dibujar ambos elementos es sorprendente. Las olas se concretan en una filigrana que parece un recurso textil o medieval para atrapar la complejidad de un elemento natural.

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) de Madrid recoge en la exposición ‘Martín Ramírez. Marcos de Reclusión’ una muestra de 62 piezas que podrá visitarse hasta el 12 de julio.

14 de febrero de 2010

El Museo de Todo

Esta tarde, escuchando Radio 3 me he enterado de la reciente apertura (en octubre del año pasado) de un museo de arte outsider en Londres. Se llama The Museum of Everything y se encuentra en una antigua lechería y estudio de grabación en Primrose Hill.

El museo parte de una idea del coleccionista James Brett y sugiere múltiples significados para el término outsider art mientras cuestiona la noción de museo como un espacio dedicado a un área concreta de nuestro patrimonio cultural. Los creadores reunidos en esta primera exposición son considerados fuera de los parámetros de la cultura oficial y están distribuidos siguiendo ciertas afinidades tácitas. Existe por ejemplo una pared dedicada a los mensajes redentores y también hay rincones y cavernas semi-escondidas para albergar las obras más misteriosas. Entre los creadores seleccionados se encuentran Monsiel, Gill, Carlo, Ramírez, Darger o Aloise.

No he encontrado ninguna fotografía del aspecto exterior del museo pero leyendo aquí y allá, he creído entender que se trata de un edificio destartalado en un complejo industrial al que se accede por una pequeña puerta negra difícil de encontrar. Ello no impide que se hayan formado largas colas a su puerta con esperas de hasta 40 minutos y que la duración de esta primera exposición se haya extendido desde octubre hasta el día de hoy.

Hiroyuki DoiEl éxito viene en parte por las acciones desplegadas para promocionarlo. Se aprovechó el flujo de visitantes a la feria de arte contemporáneo FRIEZE para ubicar una monja en la entrada que repartía flyers e indicaciones para llegar al otro museo, el Museo de Todo.

Otra clave del éxito: para esta primera exposición James Brett propuso a artistas y figuras relevantes de la cultura que escogieran uno de los autores del museo y escribiesen un texto, que luego figuraría junto a las obras del mismo. Annette Messager, por ejemplo, escogió a Aloïse Corbaz. Otros colaboradores fueron Ed Ruscha, Eva Rothschild, Tal R, Jamie Shovlin, Bob & Roberta Smith, Richard Wentworth, Idris Khan, Arnulf Rainer, Ed Ruscha, Jockum Nordstrom, Klara Kristalova, Karin Mamma Andersson, Mark Titchner, Jarvis Cocker, Nick Cave y Anthony Hegarty.

Sin duda han sabido sacarle partido a la propuesta aunque… lo cierto es que los románticos sufrimos un poco con el marketing cuando éste se apropia de las cosas con voracidad. En parte porque no podemos justificar nuestro apego a que las cosas que nos gustan permanezcan tal y como nos gustan, en una especie de terreno semi-privado. Es probable que ese recelo que me provoca ver el diseño fresco y atractivo de su web y conocer sus efectivas acciones de marketing de guerrilla sea absurdamente reaccionario. Éste no es el primer museo que se abre sobre el tema, ni mucho menos el más importante, de hecho la única diferencia respecto a los otros es que éste es fashion.

Sólo para despistar voy a terminar con un verso de Jorge Riechmann en Rengo Wrongo “La vida es sencillamente lo contrario del marketing”.

30 de enero de 2010

Algunas obras del Hospital de Toén, en Ourense

Todas estas obras son creaciones anónimas de 1990 y no tienen título, a excepción del óleo que representa a un peregrino, titulado Santiago y datado en 1985 y la imagen del hombre de perfil portando sombrero, que se titula Timbraos y es también de 1990.
A menudo me habéis preguntado si se conocen obras de arte outsider españolas. Es por ello que me gustaría seguir haciendo referencia a la reciente exposición Pinacoteca Psiquiátrica en España, 1917-1990. Hoy he querido mostrar obras de la colección del Hospital de Toén, realizadas por pacientes entre los años 1959 y 1990.

Además de las piezas que aquí se muestran, me ha parecido interesante hacer referencia al texto que se incluye en el catálogo, escrito por Alcira Cibeira Vázquez y David Simón Lorda, ambos psiquiatras, que estudian el archivo del hospital. Éstos observan que los primeros testimonios, aquéllos dibujos realizados antes de la instauración de un taller habilitado para la expresión plástica, son los más espontáneos. En ellos los pacientes se sirven de papel higiénico o cualquier otro material reciclado para abocetar sus ideas. Más adelante, en el contexto del taller, las obras se sienten más dirigidas.

De estas primeras creaciones espontáneas no tenemos ninguna muestra pero los psiquiatras detectan tendencias que ya hemos referido en este blog muchas veces: el interés por construir mundos alternativos, inventos y máquinas estrafalarias. Otra constante es la vinculación del escrito a la actividad plástica, los laberintos de palabras, las pictoescrituras, la producción de ambiciosos volúmenes autobiográficos, enciclopédicos… Es otra característica del arte hecho en psiquiátricos de todos los puntos geográficos. La reciente reunión de obras de la pinacoteca psiquiátrica española nos permite observar el mismo orden de tendencias en la producción artística de los enfermos mentales que la que hemos venido observando en el estudio de piezas más conocidas, procedentes en su mayoría de estudios anglosajones y franceses.

1 de enero de 2010

Un vaquero en un castillo de naipes

Edmond Morel, Le Château de Cartes (immeuble). Dicy, La Fabuloserie

Soy un vaquero fiero con una sola función: vigilar mi castillo de naipes.

Llevo encargándome de este trabajo ya muchos años, en una estancia de La Fabuloserie que por la noche se apaga.

Hubiera preferido encargarme del cuarto piso, acotado por cerillas azules. Es el piso más alto, el más hermoso, pero allí no nos necesitan. Es el área custodiada por las figuras de la baraja francesa. Gente muy organizada: la reina de corazones junto a la reina de tréboles, de rombos, de picas… todos dispuestos en círculo para controlar al enemigo por todos los flancos.

Dicen que arriba del todo hay una gran campana plateada, protegida por una cúpula de cartoncillos, coronada por un querubín solitario al que nunca le apetece conversar.

De vez en cuando la luz de la habitación se enciende y me pasan un plumero por todo el cuerpo, con suma delicadeza. Entonces siento que mis pies se despegan del piso y que el suelo bajo mis pies tiembla, pero enseguida me estabilizo. Vivo en una construcción más sólida de lo que parece. El pegamento que la sostiene es el que se usaba para reparar los sacos de patatas.

Alain Bourbonnais, Mademoiselle Rose. Dicy, La Fabuloserie

Mi creador se dedicaba a cultivar su pequeña propiedad en Pais-de-Calais hasta que la Segunda Guerra Mundial cambió su vida. Fue prisionero en un campo de trabajo de Austria y esta experiencia le cambió para siempre. En cuanto recibió su primera pensión comenzó a hacer construcciones fantásticas. Al principio reproduciendo aquel campo de trabajo, luego dejando volar su imaginación.

Los indios azules del segundo piso viven en alerta constante. No es de extrañar, conviven con los tramposos Joker que se divierten lanzando falsas alarmas. En la zona baja es donde mejor se lo pasan. Todos a refugio bajo las arcadas de cartón, organizando fiestas privadas mientras los demás trabajamos duro.

No les envidio. Tras su muralla de cartas, ellos no ven lo que yo veo. Cuando las luces de La Fabuloserie se apagan, desciendo por la empalizada y me escapo a las otras estancias. Converso con Mauricette y sus amigos, siempre enzarzados en grandes debates. Saludo a los Turbulentos, a Mademoiselle Rose, a La Poussette.

A veces las luces se encienden y nos pillan desprevenidos, pero la gente ya no se sorprende de encontrarnos en sitios diferentes. Nos colocan donde debemos estar y hacen como si no hubiesen visto nada.

Francis Marshall, La Soupe, Dicy, La Fabuloserie
Reinaldo Eckenberger, La Poussette. Dicy, La Fabuloserie
15 de noviembre de 2009

Pinacoteca Psiquiátrica en España

Este fin de semana he tenido la oportunidad de visitar en Valencia la maravillosa exposición Pinacoteca Psiquiátrica en España (1917-1990) que reúne una amplia selección de obras realizadas por pacientes psiquiátricos en España entre los años 1917 y 1990.

La muestra recoge un total de más de trescientas obras de colecciones privadas, reunidas en 8 secciones: Lo primitivo y ajeno, Geometrías, Arquitecturas, máquinas y otros inventos, Ángeles y demonios, Pictoescrituras, Alienista/ alienado, Escenas hospitalarias, Melancolía, Localización de la locura, La cabeza como alegoría, Sueños, delirios y monstruos.

La exposición también incluye documentos originales, material fotográfico y dos documentales sobre el Hospital de La Santa Cruz y sobre los 600 años de historia del manicomio Padre Jofrea. Un completo catálogo incluye además varias obras que no están en la exposición y un gran cuerpo de textos de varios autores vinculados al art brut o a la psiquiatría.

Uno de los autores que más han llamado mi atención es Pedro Alonso Ruiz, un paciente del manicomio de Toledo que realiza dibujos orientalizantes entre los años 1916 y 1941. Estos se caracterizan por partir de un esbozo a lápiz realzado por un marco delimitador. En una segunda fase el autor anima la composición mediante el trabajo con tintas de anilina de varios colores entre los que destacan el turquesa y el rojo. La tinta aguada y el lápiz se funden creando una nueva textura que también se halla en las frases escritas donde el pincel repasa cada una de las letras. El resultado es una composición alegre que tiene algo de trabajo textil, quizás por la abundancia de motivos decorativos o por el tipo de representación esquematizada que tiende a enmarcarse como si fuera un pañuelo o tapiz. Al parecer, Pedro Alonso Ruíz podría haber sido influenciado por los tapices bizantinos y persas que adornaban las calles toledanas durante la procesión del Corpus Christi.

No tenía más formación que la de su oficio de herrero pero mostraba aptitudes musicales y artísticas, con una sensibilidad muy especial para trabajar los motivos decorativos, los símbolos esquematizados y los patrones ornamentales.

Solía integrar textos en sus dibujos, que conforman la imagen junto al resto de elementos compositivos o la apostillan con alusiones al Doctor Lafora o al propio autor, en lo que parecen ser firmas. Su caligrafía es también decorativa y las terminaciones de las letras se enroscan o rematan con un punto de tinta.

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20