4 de abril de 2010

Martín Ramírez en el MNCARS

Martín Ramírez descubrió de manera intuitiva que trabajando la línea en sucesivas repeticiones podía levantar las formas del papel y dotarlas de corporeidad. Este sencillo gesto gráfico le permite construir asombrosos espacios donde la transición dentro-fuera se produce sin pedir permiso a la lógica.

Me pregunto qué habría pensado Escher de estas trampas bidimensionales que desafían nuestra percepción con una sencillez pasmosa.
Martín Ramírez (Jalisco, 1895- 1963) fue un campesino de origen indio que emigró a California para juntar algún dinero con el que sacar adelante a su familia y sus cuatro hijos. Allí encontró trabajo en el ferrocarril pero en 1931, las consecuencias del crack del 29 lo dejaron en la calle sin techo, sin idioma para desenvolverse y completamente desorientado. Entretanto la Rebelión Cristera arruinó a los suyos en Jalisco. Tuvo noticia de que su pequeña casa de adobe con huerta fue destruida y de que su familia se dispersó. Durante unos meses vagabundeó por las calles alimentándose de lo que encontraba y durmiendo donde podía. Nunca llegó a aprender inglés y su situación se agravó al caer enfermo.

Las autoridades lo llevaron a un psiquiátrico y allí produjo cerca de 450 dibujos durante los 33 años que estuvo internado bajo diagnóstico de esquizofrenia, depresión aguda, catatonia y psicosis. Él sabía que sus creaciones eran valiosas y a veces exponía los rollos terminados en la puerta del porche del pabellón. Sin embargo tenía que luchar para salvar los dibujos de los celadores, que registraban su habitación para destruirlos. Ramírez trabajaba con lo que tenía a mano, era un gran recolector de papeles de todo tipo, desde las notas de las enfermeras hasta papel de liar, sábanas de papel para camillas… que unía con pegamento de fabricación casera, elaborado con masa de pan, almidón de patata y su propia saliva. Ésta es la razón por la que muchas de sus obras fueron quemadas, pues se temía que contuvieran los bacilos de la tuberculosis.

En su imaginería se aprecia su vínculo con el ferrocarril, así como sus raíces mexicanas. Su universo está poblado por vaqueros, trenes, túneles, iglesias de la región de Jalisco y, ante todo, por sus características líneas concéntricas y ondulantes que son su unidad de construcción.

En el psiquiátrico, Ramírez decidió no hablar, por lo que se pensó que era sordo. Su mejor herramienta de comuniciación era el dibujo. No se cansó de repetir una y otra vez los mismos símbolos y algunas composiciones, entre las que se aprecian pequeñas variaciones en las formas.

La presencia de túneles en sus obras es constante. Juega con la ambigüedad espacial con algo tan sencillo como oscurecer sus arcos de líneas casi siempre por arriba. Ramírez parece fascinado con las construcciones humanas pero sus formas de líneas consecutivas se emparentan con el crecimiento de las formas naturales, como los mejillones o los árboles.

Parece que tuvo su léxico muy claro desde el principio, aunque no sabemos si los dibujos quemados serían acaso diferentes. La exposición del MNCARS no sigue un hilo cronológico ya que Ramírez nunca hablo de su obra ni fechó pieza alguna, sólo sabemos que las creaciones proceden de sus últimos 15 años de vida.

En el psiquiátrico estuvo en contacto con algunas imágenes que quizás influyeron en sus creaciones. Se sabe que proyectaban películas y que les facilitaban revistas. Algunos de sus dibujos incorporan imágenes impresas. Ramírez las pegaba al papel y les daba continuidad pictórica.

Una de las obras más chocantes porque se sale de su imaginería recurrente representa un barco en el agua. La forma de dibujar ambos elementos es sorprendente. Las olas se concretan en una filigrana que parece un recurso textil o medieval para atrapar la complejidad de un elemento natural.

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) de Madrid recoge en la exposición ‘Martín Ramírez. Marcos de Reclusión’ una muestra de 62 piezas que podrá visitarse hasta el 12 de julio.

14 de febrero de 2010

El Museo de Todo

Esta tarde, escuchando Radio 3 me he enterado de la reciente apertura (en octubre del año pasado) de un museo de arte outsider en Londres. Se llama The Museum of Everything y se encuentra en una antigua lechería y estudio de grabación en Primrose Hill.

El museo parte de una idea del coleccionista James Brett y sugiere múltiples significados para el término outsider art mientras cuestiona la noción de museo como un espacio dedicado a un área concreta de nuestro patrimonio cultural. Los creadores reunidos en esta primera exposición son considerados fuera de los parámetros de la cultura oficial y están distribuidos siguiendo ciertas afinidades tácitas. Existe por ejemplo una pared dedicada a los mensajes redentores y también hay rincones y cavernas semi-escondidas para albergar las obras más misteriosas. Entre los creadores seleccionados se encuentran Monsiel, Gill, Carlo, Ramírez, Darger o Aloise.

No he encontrado ninguna fotografía del aspecto exterior del museo pero leyendo aquí y allá, he creído entender que se trata de un edificio destartalado en un complejo industrial al que se accede por una pequeña puerta negra difícil de encontrar. Ello no impide que se hayan formado largas colas a su puerta con esperas de hasta 40 minutos y que la duración de esta primera exposición se haya extendido desde octubre hasta el día de hoy.

Hiroyuki DoiEl éxito viene en parte por las acciones desplegadas para promocionarlo. Se aprovechó el flujo de visitantes a la feria de arte contemporáneo FRIEZE para ubicar una monja en la entrada que repartía flyers e indicaciones para llegar al otro museo, el Museo de Todo.

Otra clave del éxito: para esta primera exposición James Brett propuso a artistas y figuras relevantes de la cultura que escogieran uno de los autores del museo y escribiesen un texto, que luego figuraría junto a las obras del mismo. Annette Messager, por ejemplo, escogió a Aloïse Corbaz. Otros colaboradores fueron Ed Ruscha, Eva Rothschild, Tal R, Jamie Shovlin, Bob & Roberta Smith, Richard Wentworth, Idris Khan, Arnulf Rainer, Ed Ruscha, Jockum Nordstrom, Klara Kristalova, Karin Mamma Andersson, Mark Titchner, Jarvis Cocker, Nick Cave y Anthony Hegarty.

Sin duda han sabido sacarle partido a la propuesta aunque… lo cierto es que los románticos sufrimos un poco con el marketing cuando éste se apropia de las cosas con voracidad. En parte porque no podemos justificar nuestro apego a que las cosas que nos gustan permanezcan tal y como nos gustan, en una especie de terreno semi-privado. Es probable que ese recelo que me provoca ver el diseño fresco y atractivo de su web y conocer sus efectivas acciones de marketing de guerrilla sea absurdamente reaccionario. Éste no es el primer museo que se abre sobre el tema, ni mucho menos el más importante, de hecho la única diferencia respecto a los otros es que éste es fashion.

Sólo para despistar voy a terminar con un verso de Jorge Riechmann en Rengo Wrongo “La vida es sencillamente lo contrario del marketing”.

30 de enero de 2010

Algunas obras del Hospital de Toén, en Ourense

Todas estas obras son creaciones anónimas de 1990 y no tienen título, a excepción del óleo que representa a un peregrino, titulado Santiago y datado en 1985 y la imagen del hombre de perfil portando sombrero, que se titula Timbraos y es también de 1990.
A menudo me habéis preguntado si se conocen obras de arte outsider españolas. Es por ello que me gustaría seguir haciendo referencia a la reciente exposición Pinacoteca Psiquiátrica en España, 1917-1990. Hoy he querido mostrar obras de la colección del Hospital de Toén, realizadas por pacientes entre los años 1959 y 1990.

Además de las piezas que aquí se muestran, me ha parecido interesante hacer referencia al texto que se incluye en el catálogo, escrito por Alcira Cibeira Vázquez y David Simón Lorda, ambos psiquiatras, que estudian el archivo del hospital. Éstos observan que los primeros testimonios, aquéllos dibujos realizados antes de la instauración de un taller habilitado para la expresión plástica, son los más espontáneos. En ellos los pacientes se sirven de papel higiénico o cualquier otro material reciclado para abocetar sus ideas. Más adelante, en el contexto del taller, las obras se sienten más dirigidas.

De estas primeras creaciones espontáneas no tenemos ninguna muestra pero los psiquiatras detectan tendencias que ya hemos referido en este blog muchas veces: el interés por construir mundos alternativos, inventos y máquinas estrafalarias. Otra constante es la vinculación del escrito a la actividad plástica, los laberintos de palabras, las pictoescrituras, la producción de ambiciosos volúmenes autobiográficos, enciclopédicos… Es otra característica del arte hecho en psiquiátricos de todos los puntos geográficos. La reciente reunión de obras de la pinacoteca psiquiátrica española nos permite observar el mismo orden de tendencias en la producción artística de los enfermos mentales que la que hemos venido observando en el estudio de piezas más conocidas, procedentes en su mayoría de estudios anglosajones y franceses.

1 de enero de 2010

Un vaquero en un castillo de naipes

Edmond Morel, Le Château de Cartes (immeuble). Dicy, La Fabuloserie

Soy un vaquero fiero con una sola función: vigilar mi castillo de naipes.

Llevo encargándome de este trabajo ya muchos años, en una estancia de La Fabuloserie que por la noche se apaga.

Hubiera preferido encargarme del cuarto piso, acotado por cerillas azules. Es el piso más alto, el más hermoso, pero allí no nos necesitan. Es el área custodiada por las figuras de la baraja francesa. Gente muy organizada: la reina de corazones junto a la reina de tréboles, de rombos, de picas… todos dispuestos en círculo para controlar al enemigo por todos los flancos.

Dicen que arriba del todo hay una gran campana plateada, protegida por una cúpula de cartoncillos, coronada por un querubín solitario al que nunca le apetece conversar.

De vez en cuando la luz de la habitación se enciende y me pasan un plumero por todo el cuerpo, con suma delicadeza. Entonces siento que mis pies se despegan del piso y que el suelo bajo mis pies tiembla, pero enseguida me estabilizo. Vivo en una construcción más sólida de lo que parece. El pegamento que la sostiene es el que se usaba para reparar los sacos de patatas.

Alain Bourbonnais, Mademoiselle Rose. Dicy, La Fabuloserie

Mi creador se dedicaba a cultivar su pequeña propiedad en Pais-de-Calais hasta que la Segunda Guerra Mundial cambió su vida. Fue prisionero en un campo de trabajo de Austria y esta experiencia le cambió para siempre. En cuanto recibió su primera pensión comenzó a hacer construcciones fantásticas. Al principio reproduciendo aquel campo de trabajo, luego dejando volar su imaginación.

Los indios azules del segundo piso viven en alerta constante. No es de extrañar, conviven con los tramposos Joker que se divierten lanzando falsas alarmas. En la zona baja es donde mejor se lo pasan. Todos a refugio bajo las arcadas de cartón, organizando fiestas privadas mientras los demás trabajamos duro.

No les envidio. Tras su muralla de cartas, ellos no ven lo que yo veo. Cuando las luces de La Fabuloserie se apagan, desciendo por la empalizada y me escapo a las otras estancias. Converso con Mauricette y sus amigos, siempre enzarzados en grandes debates. Saludo a los Turbulentos, a Mademoiselle Rose, a La Poussette.

A veces las luces se encienden y nos pillan desprevenidos, pero la gente ya no se sorprende de encontrarnos en sitios diferentes. Nos colocan donde debemos estar y hacen como si no hubiesen visto nada.

Francis Marshall, La Soupe, Dicy, La Fabuloserie
Reinaldo Eckenberger, La Poussette. Dicy, La Fabuloserie
15 de noviembre de 2009

Pinacoteca Psiquiátrica en España

Este fin de semana he tenido la oportunidad de visitar en Valencia la maravillosa exposición Pinacoteca Psiquiátrica en España (1917-1990) que reúne una amplia selección de obras realizadas por pacientes psiquiátricos en España entre los años 1917 y 1990.

La muestra recoge un total de más de trescientas obras de colecciones privadas, reunidas en 8 secciones: Lo primitivo y ajeno, Geometrías, Arquitecturas, máquinas y otros inventos, Ángeles y demonios, Pictoescrituras, Alienista/ alienado, Escenas hospitalarias, Melancolía, Localización de la locura, La cabeza como alegoría, Sueños, delirios y monstruos.

La exposición también incluye documentos originales, material fotográfico y dos documentales sobre el Hospital de La Santa Cruz y sobre los 600 años de historia del manicomio Padre Jofrea. Un completo catálogo incluye además varias obras que no están en la exposición y un gran cuerpo de textos de varios autores vinculados al art brut o a la psiquiatría.

Uno de los autores que más han llamado mi atención es Pedro Alonso Ruiz, un paciente del manicomio de Toledo que realiza dibujos orientalizantes entre los años 1916 y 1941. Estos se caracterizan por partir de un esbozo a lápiz realzado por un marco delimitador. En una segunda fase el autor anima la composición mediante el trabajo con tintas de anilina de varios colores entre los que destacan el turquesa y el rojo. La tinta aguada y el lápiz se funden creando una nueva textura que también se halla en las frases escritas donde el pincel repasa cada una de las letras. El resultado es una composición alegre que tiene algo de trabajo textil, quizás por la abundancia de motivos decorativos o por el tipo de representación esquematizada que tiende a enmarcarse como si fuera un pañuelo o tapiz. Al parecer, Pedro Alonso Ruíz podría haber sido influenciado por los tapices bizantinos y persas que adornaban las calles toledanas durante la procesión del Corpus Christi.

No tenía más formación que la de su oficio de herrero pero mostraba aptitudes musicales y artísticas, con una sensibilidad muy especial para trabajar los motivos decorativos, los símbolos esquematizados y los patrones ornamentales.

Solía integrar textos en sus dibujos, que conforman la imagen junto al resto de elementos compositivos o la apostillan con alusiones al Doctor Lafora o al propio autor, en lo que parecen ser firmas. Su caligrafía es también decorativa y las terminaciones de las letras se enroscan o rematan con un punto de tinta.

15 de octubre de 2009

2×2 Forum für Outsider Art, Kunsthaus Kannen: Münster

2X2_outsider_forum

Hace poco tuve la oportunidad de participar en el 2×2 Forum für Outsider Art que tuvo lugar entre los días 1 y 4 de octubre de 2009. Consistió en una exposición del trabajo realizado en estudios y talleres de Alemania, Italia, Finlandia, España, Austria, Suiza, Luxemburgo, Rusia y Noruega reunidos en la sala de exposiciones del Kunsthaus Kannen, un espacio-museo para la creatividad creado dentro del complejo hospitalario Alexianer en la ciudad de Münster. Entre los expositores se encontraba la reputada Clínica Maria Gugging en la que han surgido creadores de la talla de August Walla y Rudolf Horacek.

Cada taller participante disponía de un pequeño stand de 2 x 2 metros donde exponer algunas obras, videos, libros, folletos, etc. Los videos también podían ser visionados en una sala de proyecciones adyacente, situada entre la gran sala de exposiciones y el espacio de los talleres que, cuando el tiempo lo permitía, se extendían a los bellos jardines.

Stand de La Manica Lunga Officina Creativa

Una pequeña pero bien provista videoteca y biblioteca de arte outsider estaba a la disposición de los expositores y de los participantes de los talleres. También podían adquirirse numerosos ejemplares, tanto de las propias publicaciones del centro como de editoriales externas y catálogos de exposiciones de todo el mundo.

Además de las espontáneas puestas en común entre los distintos estudios, se desarrolló un ciclo de conferencias y mesas redondas en las que participaban galeristas, arteterapeutas, psiquiatras, coleccionistas y representantes de museos de arte outsider.

La arteterapeuta Lisa Niederreiter planteó las cuestiones éticas que se derivan de la publicación y el marketing aplicados a este tipo de creaciones, apuntando hacia la normalización de estos artistas.

El Doctor Wolfram Voigtländer, psiquiatra y coleccionista de arte outsider de puso de relevancia que desde que los historiadores de arte lidian con el arte outsider y ya no lo hacen los psiquiatras han surgido más talleres.

Kunsthaus Kannen, vista exterior.

Como pudimos apreciar en el Foro, éste es un fenómeno evidente cuyo alcance es discreto en el caso de España. La impresión que me ha causado conversar con los representantes de los estudios adheridos a centros psiquiátricos es que muchos hospitales europeos son conscientes de que, al fomentar la creatividad de los pacientes y organizar exposiciones, se mejora su autoestima así como la imagen que su entorno tiene de ellos. Por supuesto, al final todo revierte en una mejor reputación para los centros, de este modo todo el mundo se beneficia. Es el caso de ARTeliers, un conjunto de talleres dirigidos por Ruth Ehemann en el Kantonalen Psychiatrischen Klinik Wil en Suiza. La propuesta ha ido evolucionando a espacios cada vez más grandes hasta contar con el enorme recinto de la antigua lavandería del hospital en el que tienen lugar talleres de cerámica, papel y nuevos medios.

En resumen, podría decirse que el arte outsider como fenómeno está lejos de apagarse. Su compleja relación con el mercado del arte no impide que sigan surgiendo creadores interesantes. Si además aceptamos que en muchos aspectos el hecho de coleccionar está cerca de lo patológico, asistimos a un mecanismo de retroalimentación entre los que hacen y los que coleccionan, incentivado por las ponderaciones de los galeristas e intermediarios.

A este respecto, Christian Berst, fundador de la galería Objet Trouvé de París, señala que el mercado del arte ha hecho caso omiso de las advertencias de Michel Thévoz “L’art brut n’est pas à vendre”. No sólo el Art Brut se vende sino que además se cotiza a precios cada vez más altos.

20 de septiembre de 2009

La vejez como oportunidad (I)

S. P. Dinsmoor, Jardín del Edén

De todas la realidades (la vejez) es quizá aquélla de la que conservamos más tiempo en la vida una noción puramente abstracta. (Marcel Proust)

En el primer año de carrera en Bellas Artes teníamos una asignatura en la que debíamos escoger un tema en torno al que desarrollaríamos un proyecto, nuestro primer proyecto de investigación plástica. Debido a nuestra juventud lo acometíamos sin miedo, jugando y dando la vuelta a los pequeños descubrimientos que hacíamos con la ingenua ilusión de agotar el tema.

Hablo de esto porque el tema que yo escogí fue la vejez. Bajo el título Viejos mi proyecto presentaba multitud de experimentos en todas direcciones. Desde retratos realistas dibujados en la residencia del barrio con todo tipo de técnicas que iba aprendiendo y ensayando, hasta interpretaciones abstractas de lo que serían enfermedades como la demencia senil o la artrosis, pasando por esculturas con perchas encorvadas y otras ocurrencias.

Más allá de la dudosa calidad del resultado, la experiencia me sirvió para enfrentarme a uno de mis miedos evidentes, el miedo a envejecer, acompañado de esa sospecha abstracta de soledad a la que podría aludir la cita de Marcel Proust.

Realicé unas cinco visitas a la residencia de ancianos. Las personas que allí vivían me acogían con solemnidad o indiferencia. Me parecía increíble que individuos de aproximadamente la misma edad viviendo en las mismas circunstancias pudieran tener actitudes tan diferentes según lo que cargaran a sus espaldas. Recuerdo un hombre que era pura energía y adoptó el rol de introductor regalándome un esbozo oral de cada una de las personas que yo iba dibujando.

Algunos nunca se enteraron de que les dibujé y otros pocos mostraron indiferencia pero por lo general, tuve que hacer cada retrato dos veces para poder regalárselo a quien posaba.

Saqué una conclusión obvia: ¿qué debo hacer para ser como este señor (el introductor) cuando sea vieja? ¿cómo he de conducirme? ¿qué debo evitar para no quedarme en un recodo?.

Aún sigo habiéndomelas con esa inquietud y aplico una mirada ávida sobre las personas que mantienen su curiosidad y energía intactas siendo ya mayores.

Algunos lo demuestran embarcándose en proyectos creativos sin experiencia previa, dejándose la piel para sacar al exterior algo que llevan dentro con la premura de quien es consciente de su propia finitud.

El momento de la jubilación es un punto de inflexión que cada cual vive a su modo, como una marginación o como una oportunidad para dedicarse a lo que uno siempre quiso hacer con la serenidad propia de los años.

Bruno Montpied en su artículo Outsider art, the situacionist utopia : a parallel se fija en aquéllos que acometen su entrega a la vida creativa impulsados por una reacción contra la segregación de los mayores.

Habiendo alcanzado la edad de retirarse, estos hombres –y a veces mujeres- se sienten excluidos de la sociedad en la cuál han perdido su lugar.
Sus fuertes personalidades curtidas por circunstancias de la vida no se conforman con el vacío al que se sienten relegados. Sus “Palacios Ideales” nacen de esa represión inaceptable. La experimentación es su lenguaje de protesta, como si floreciera de manera natural y no hubiera alternativa.

Juan Antonio Ramírez nos habla con humor del síndrome de Juan Palomo para destacar que muchos autores outsider que construyen “Palacios Ideales” lo hacen tras la jubilación debido a que trabajan con sus propios recursos y necesitan disponer de tiempo.

Hace falta tiempo libre para dedicarlo a una actividad no remunerada, buena salud, energía, y un lugar propio donde poder trabajar sin impedimentos legales. Estas cosas no suelen darse de un modo coincidente hasta la edad adulta, cuando ya se han alcanzado o descartado ciertos objetivos profesionales y vitales, o cuando algunos desengaños (o iluminaciones) empujan a los individuos hacia la materialización de sus sueños privados.

Según este enfoque, la jubilación es una oportunidad que aprovechan personas como Máximo Rojo que sorteó las advertencias de su mujer que intentaba disuadirle para evitar las burlas de los vecinos. Máximo quería recrear en su jardín un material informe de conocimientos que habitaba su memoria. Sucesos de la historia que le interesaban, personajes emblemáticos en su vida y algunas parábolas personales. Lo comenzó a los 67 años y lo trabajó con devoción hasta su muerte. Ahora, el jardín de cemento languidece en la propiedad abandonada de Alcolea del Pinar.

Su historia es similar a la de Franz Gsellman, que tardó en poder entregarse a su pasión de ingeniero frustrado por las obligaciones de la granja en que trabajó toda su vida. Lo hizo a los 48 años y le dedicó los 23 siguientes. Aunque su trabajo no es el de un ingeniero al uso sino el de un artista juguetón que creó una máquina disparatada que producía luz, sonido y movimiento bajo el ambicioso título de Máquina del mundo.

También Charles Dellschau realizó sus dibujos sobre máquinas para volar a partir de los 78 años y Vollis Simpson, fabricante de maquinaria para mover casas, utilizó sus habilidades durante la jubilación para construir sus llamativos molinillos de más de 10 metros de alto a fin de calentar su hogar.

Una energía sin tregua se aprecia en S. P. Dinsmoor (EEUU, 1843-1932), soldado de la guerra civil y profesor de primaria, que a los 65 años llega a Lucas, Kansas y construye su casa y su propio Jardín del Edén poblado por estatuas de cemento y 30 árboles de cemento conectados por ramas sinuosas. También construyó un mausoleo para poder exponer su propio cuerpo embalsamado. A los 89 años se casó con una chica de 21. Su cuerpo yace, tal y como él deseaba, enterrado en su jardín.

Otro caso extraordinario es el del sátrapa Camille Renault (Francia, 1870- 1954) que esculpe en cemento los personajes de su Jardín de las sorpresas a partir de los 64 años en Attigny, Francia. Lo emprende como un desafío a su suerte que en pocos años se llevó a uno de sus hijos (ya había perdido otro en la guerra) y a su mujer. También sufrió la pérdida de su casa en un incendio.

Como él, tampoco Tressa Prisbey (1896-1988) fue una persona afortunada, y de un modo similar, comenzó a trabajar en su Pueblo de botellas a partir de los 60 años.

Más adelante seguiremos viendo autores que comienzan su actividad artística a una edad avanzada. En este post hemos citado a creadores de “entornos” y esculturas y en otros momentos ya hablamos de Bill Traylor que comenzó a dibujar con nada menos que 84 años, a la “abuela Moses” (76 años) , a Elisabeth Layton (68 años) …

23 de agosto de 2009

Los dibujos de caras de Maria-Faustina Stefanini

Maria-Faustina Stefanini

La vida de Maria-Faustina Stefanini es intensa y seductora. Cuando acompaña a su familia a probar suerte en Francia es una chica atractiva de carácter fuerte e independiente. Tiene bastantes relaciones amorosas de las que resultan dos hijos que esconde en un primer momento y que termina entregando a la asistencia pública. Más tarde decide ir a París para ser actriz y cosecha bastantes éxitos. Llega a casarse con un marqués al que abandona nada más hacerse efectivo el matrimonio.

Maria-Faustina Stefanini fue una mujer atípica para su época, una de las primeras en conducir un automóvil y una hábil manipuladora de sus encantos. Se cree que fueron dichos encantos los que la liberaron de la cárcel donde cumplía una condena injusta. Su marido, deseoso de venganza, la acusó de espionaje y consiguió que la encarcelaran.

Produjo su obra pictórica en escasos dos años y su familia la relaciona con experiencias mediúmnicas. Realizó unos trescientos dibujos, casi todos sobre facturas de gasolina Mobiloil.

El día de Navidad de 1970 colocó un papel en la puerta de su casa diciendo “estoy de viaje”. Intrigada, una vecina hizo que forzaran su puerta y allí descubrieron a la marquesa en un estado de salud muy débil. Todas las paredes estaban cubiertas de frescos del mismo tipo que sus pequeños dibujos. Falleció en el hospital a los pocos días.

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