Archivo de la categoría ‘memoria e identidad’

17 de mayo de 2015

Primer día de un psiquiátrico deshabitado, los espacios de Toén

 

En este enlace puede verse el libro de Adriana Leira, fotógrafa y documentalista que fue testigo con su cámara del cierre del manicomio de Toén. Las fotografías son del día siguiente al traslado y en estos momentos la autora prepara la edición del documental “La Mudanza”, con los testimonios de las personas que compartieron aquel momento histórico.

El manicomio ya está cerrado pero la expresión “¡Vas a acabar en Toén!” sigue siendo utilizada por los ourensanos para señalar un comportamiento poco cuerdo. Es probable que el Hospital Psiquiátrico de Toén, cerrado en enero de 2012, perdure mucho tiempo en el imaginario cultural gallego como símbolo de la locura. Locura entendida “a la antigua manera”, pues en palabras de Adriana Leira, se trataba de una arquitectura creada para “contener” a los locos. De un espacio que, a pesar de las protestas del personal y de las familias de los pacientes, nunca consiguió el presupuesto necesario para ser transformado en un espacio terapéutico. Las personas que allí trabajaron lo describían de esta forma:

“Nos encontramos con un hospital muy deteriorado, sin las mínimas condiciones hosteleras, aislado y que fomenta el apartheid y el estigma y por otro la reivindicación de un espacio mejor, digno, saludable, confortable e inscrito en la vida social; que no expulse, sino que acoja en un vínculo social a sus moradores, eso sí con sus peculiaridades, que la mayoría de las veces están muy alejadas de lo normativo neurótico, que trenza lo social de esa categoría.”

“Frío, con barrotes en las ventanas, que le otorgan un aspecto más carcelario que sanitario, sin aseos individualizados en las habitaciones, lo que obliga a duchas comunes, y un diseño arquitectónico global antiguo y deteriorado, lo convierten además de por muchas otras razones, en un espacio inhabitable y nada terapéutico.”

El hospital fue fundado en 1959 por Manuel Cabaleiro Goas y nació como un proyecto faraónico, con todos los avances de la psiquiatría de la época. Fue exitoso durante los años 60, hasta que a principios de los 70 empezó el declive, con la muerte de Cabaleiro.

Cuarenta años después, en 2010, Mª Jesús Gómez Rodríguez, Mª Alcira Cibeira Vázquez, Yolanda Castro Casanova, Manuela Gil Vázquez y José Antonio Camposse escribieron al valedor do Pobo para denunciar la situación deplorable en que se encontraba y para conseguir una mejora más que necesaria. Las visiones contrapuestas provocaron un gran conflicto social y político del que da cuenta este artículo en la revista Norte de Salud Mental:

Toén: la historia se repite… muchos años después

Chús Gómez, Alcira Cibeira, José Antonio Campos. Psiquiatras, Hospital de Toén.
Yolanda Castro Casanova. Psicóloga Clínica, Hospital de Toén.
Luis Rodríguez Carmona Trabajador social, Hospital de Toén.
Moncho Area. Psiquiatra, Hospital de Conxo.

Finalmente, se decidió cerrar el hospital en enero de 2012 y los pacientes fueron reubicados en el Hospital de Piñor, antiguo tuberculoso. Por suerte, o mejor dicho gracias al exhaustivo trabajo de recuperación e inventariado de Alcira y Martín, se han salvado todas las piezas de los antiguos talleres de artes plásticas que estaban en los rincones mas insólitos del hospital y que hoy forman parte de la Colección de Toén.

Éstas son algunas de ellas:

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Imágenes de las obras de la Colección de Toén facilitadas por Alcira Cibeira.

En este enlace al blog “Diario de un médico de guardia” de David Simón puede encontrarse un interesante post sobre hospitales abandonados y mucha más información sobre Toén, psiquiatría y salud mental.

26 de marzo de 2011

Antonio Ligabue rugía fuertemente antes de pintar un león o un tigre

Antonio Ligabue

13 de junio de 2010

dibujos-inventario de mujeres en psiquiátricos

Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mi para ocultar el desorden de mi naturaleza (García Márquez, Memoria de mis putas tristes).

Es curiosa la afición del ser humano por los inventarios o sus conceptos afines, menos ligados a lo económico, el coleccionismo y los gabinetes de curiosidades. Parece como si necesitáramos nombrar, ordenar, representar el mundo para apropiárnoslo.

En otros artículos se ha hablado de la creación de museos personales link 1 y link 2 que responden un poco a esa necesidad de organizar y materializar los conocimientos para crear una enciclopedia a medida.

En el libro Waanzin Is Vrouwelijk, La folie au féminin, Madness is female editado por el Museo Dr. Guislain, he encontrado nuevas muestras de inventarios realizados por mujeres internadas en psiquiátricos a principios del siglo 20. Creaciones de mujeres que necesitaban desesperadamente reafirmar su identidad y que encontraban en la representación de los objetos un puente hacia la perdida materialidad del mundo. Mediante la elaboración de estos dibujos se combate de algún modo la frialdad de la institución, la carencia de objetos personales y de objetos afectivos, recuperando una porción (un registro para la memoria) de las cosas perdidas. Así Hedwig Wilms (Alemania, 1874-1915), quien apenas hablaba ni comía, quiso hacerse con una vajilla similar a la que tenía antes de ser internada y que confeccionó con el único material que tenía: grueso hilo de algodón. Así, aunque no recuperara el objeto querido sí se apropiaba de su fantasma, de su sombra. Pero volviendo a los inventarios, los siguientes dibujos proceden de tres mujeres diferentes, dos de ellas acompañan los dibujos de anotaciones a fin de definir y atrapar aún más el objeto representado. La ilusión de control que proviene de representar fragmentos del mundo reside en todos nosotros, desde niños, necesitamos dibujar a nuestros seres queridos, confeccionar barajas de cartas a medida, coleccionar todo tipo de cosas. En todos los casos, lo más interesante de los inventarios, también del más completo de ellos realizado por el artista Bispo do Rosàrio, es la selección de los objetos representados y los lazos invisibles que los ligan entre sí trazando senderos por un mapa de la psique de su autor.

aline_von_perfall

Aline von Perfall (Bamberg)

Shigeko Akakabe (Tokio)

Frau Br (Viena)

14 de diciembre de 2008

Los calendarios de George Widener

Titanic. Dibujo técnico del Titanic con lista de varios items a bordo.

Tinta sobre servilleta. 7″x11″

Retrato de Sarah. Retrato a partir de fechas de 4 cumpleaños familiares.

Tinta sobre servilleta. 6″x7″




George Widener (Cincinatti,1962) es capaz de recordar sucesos y datos asombrosamente precisos desde el 180 a.C. También puede determinar en que día de la semana cae cualquier fecha de los futuros 80000 días.

Su fascinación con el Titanic le lleva a retener todo tipo de datos, incluso cuántas libras de tomates eran transportadas en el barco. Cuando descubrió que uno de los pasajeros se llamaba como él, se sintió aún más unido a la historia.

Siempre trabaja con el concepto de calendario, ocho años de lunes, “círculo mágico” con miércoles, domingos de desastre, todo viernes… son algunos de sus temas. Los “cuadrados mágicos” le permiten establecer vínculos entre eventos del pasado y también para predecir el futuro. En un Cuadrado Mágico los n números de una fila o columna siempre suman lo mismo.

Adora los sellos, tiene decenas. Los combina con tipografía escrita a mano y dibujos de línea o coloreados. Le gusta cómo se mezclan los números y las letras en sus trabajos, le parece que se comportan igual que las ciudades, los edificios y los barcos. Por alguna razón siente que están conectados entre sí, que cuando trabaja con calendarios, está manejando el espacio igual que se hace con los sistemas urbanísticos o infraestructuras.

Suele tener preparados papeles teñidos con té o café, y su soporte favorito son las servilletas, por la manera en que se desliza el bolígrafo por su superficie.

Widener encontró trabajo a los 17 años como técnico audiovisual para el ejército del aire. Se le daban bien las tareas pero mal las personas, por lo que se vio obligado a dejarlo. Durante una temporada viajó por toda Europa y a su vuelta, encontrando problemas para trabajar, residió en hogares de acogida. Su vida transcurría entre los libros de historia de las bibliotecas.

Widener padece el síndrome de Asperger (descrito en 1943 por Hans Asperger como una tipología leve de autismo que suele estar acompañada de un desarrollo excepcional de la memoria).

24 de septiembre de 2008

Arte en confinamiento (II)

El gesto del encierro tiene otra profundidad: no aisla a extraños desconocidos; los crea, altera rostros familiares en el paisaje social, para hacer de ellos rostros extraños que nadie reconoce ya.

En los comienzos del siglo XX las mujeres podían ser internadas en psiquiátricos por varias razones, por prostitución, malas relaciones familiares, por tener un hijo ilegítimo, un amor desafortunado, un divorcio, un matrimonio sin hijos o incluso por viudedad. Al menos así sucedía en Alemania, donde se han rescatado más muestras del trabajo de los internos gracias a la labor del psiquiatra Hans Prinzhorn.
Para ello bastaba con que su padre, su hermano o su marido la condujeran a un centro psiquiátrico donde a menudo se les diagnosticaba esquizofrenia que en aquella época era llamada Dementia Praecox.

Allí sufrían las duras “terapias” consistentes en aislamiento, baños de larga duración, camisas de fuerza, sujeción con paños mojados, sobre-alimentación involuntaria, “curas” de sueño, de malaria, de insulina, electroshocks… No es de extrañar que necesitaran desesperadamente reafirmar su identidad. Es por ello que las creaciones que nos han quedado como testimonio suelen ser autorretratos, biografías o representaciones de objetos cotidianos. Apenas podían conservar pertenencias y su apego a lo poco que les rodeaba podía constituir un vínculo a la “materialidad” del mundo.

barbara_suckful

Barabara Sückfull

Barbara Suckfüll integraba en sus extraños dibujos con escritura las siluetas de cucharas, tazas y platos que la rodeaban. Dicen los informes que Hedwing Wilms (Alemania, 1874-1915) apenas hablaba y solía renunciar a la cena. Con grueso hilo de algodón construyó una vajilla textil que le recordaba a la que tenía antes de ser internada. Se compone de un conjunto de bandeja, jarra y taza, que no podemos evitar comparar con el trabajo de Meret Oppenheim.

Hedwing Wilms

Meret Oppenheim

Sin embargo, lo que para Meret Oppenheim es una elección estética para Hedwing Wilms es fruto de una limitación. Una limitación que puede dar como resultado creaciones insólitas y poéticas como ésta.

21 de septiembre de 2008

Adelaide V. Hall (Virginia, 1863-?)

Este pañuelo de ganchillo fue confeccionado por una interna del Hospital Psiquiátrico Saint Elisabeths en Washington y analizado por la Dra. Arrah B. Evarts en torno a 1918.

El nombre de la paciente era Adelaide V. Hall, ésta procedía de una familia pobre de 8 hermanos que fueron criados por su padre. La pieza narra un hecho importante en la infancia y adolescencia de la autora. Se sabe que dormía en la misma cama que su padre, y ella afirma que mantenían relaciones sexuales. La doctora Evarts interpretó este relato como una fantasía de incesto, lo que es criticado por el estudioso del arte outsider John M. MacGregor quien, 80 años más tarde, ha investigado el caso de la paciente y considera que la pieza representa hechos autobiográficos. MacGregor atribuye a la doctora el interés de la época por corroborar las teorías del psicoanálisis en sus inicios.

La madre de Adelaide falleció siendo ella muy pequeña por lo que apenas la recuerda, su hermana mayor asumió el papel de “cuidadora” durante algunos años pero pronto abandonó el hogar para formar su propia familia quedando Adelaide, aún niña, a cargo de la casa.

El resto de sus hermanos no parecen desempeñar un papel importante en la infancia de la autora, a excepción de uno que compartía cama con su padre y con ella. El padre era alcohólico y cuando bebía se volvía violento y mezquino.

Cuando Adelaide tenía 13 años su hermana mayor se la lleva a vivir con ella. Allí sufrirá un amor imposible pues se enamora de su cuñado. Se sabe que tuvo varios romances con hombres casados, uno de los cuales le contagió la sífilis.

No están claras las razones de su internamiento psiquiátrico, que tuvieron lugar en dos ocasiones. Se le diagnosticó melacolía, depresión y… aventuradamente a juicio de MacGregor, trastorno bipolar, delirios e hipocondría.

En la pieza llama la atención que las figuras aparecen identificadas con letras y números pegados sobre el tejido. También integra otros elementos no textiles, una especie de huevo colocado en la cabeza de una figura con los genitales destacados, un botón y varias arandelas. Aprendió a coser y trabajó una temporada haciendo vestidos, lo que explica su habilidad a la hora de realizar este trabajo. También confeccionó varios vestidos para bebés que nunca llegó a tener, pues según documentan los archivos del hospital, padeció varios embarazos psicológicos.

2 de septiembre de 2008

Creación textil en confinamiento

Leyendo el post del blog La Taberna del Mar sobre Marguerite Sirvins había sentido curiosidad por conocer las piezas creativas que había hecho esta mujer además de su famoso vestido de novia, cosido con hilos arrancados de sus propias sábanas.

Internada en un psiquiátrico a la edad de 41 años con diagnóstico de esquizofrenia, se sabe que había realizado numerosos bordados y acuarelas. Éste es uno de sus bordados, que al parecer siempre representaban escenas íntimas y familiares que recrean la infancia de la autora y donde los niños son los protagonistas.

Marguerite Sirvins “Escena de interior con muñeca”.
Entre 1944-1955. Hilo de lana y seda sobre tejido.

Otro hallazgo es la llamada Robe de Bonneval, obra anónima de una mujer internada en el Hospital Psiquiátrico de Bonneval en 1929, a partir de retales de tejido e hilo sobrante del taller de costura.

Anónimo “Traje de Bonneval”
Entre 1938 et 1948
Lana bordada sobre tejido y botones ;
120 x 100 x 3 cm

Comenzó a coserla a escondidas de todos, hasta que se sintió confiada para enseñarla. Tardó un total de diez años en terminarla y se compone de un conjunto de vestido, capa, toquilla, bolso y alfombra. Está bordado con motivos como plumas de pájaros y guirnaldas, siluetas de hombres y animales y se concibe como un vestido ritual.

Comenzó a confeccionarlo ante el anuncio de la muerte de su marido. Su objetivo era crear una obra tan solemne que reafirmara su poder frente a cualquier autoridad, administrativa o religiosa. Sería lucida en el curso de una celebración fastuosa, destinada a celebrar el reencuentro de la pareja en libertad, para vencer el pasado, el confinamiento y la muerte.

Por varios motivos nos recuerda a la obra de Marguerite Sirvins, y también a los atuendos de Vahan Poladian, a los impermeables de Willem van Genk y los mantos ceremoniales de Bispo Do Rosario.

14 de octubre de 2007

Bordar la memoria. Agnes Richter

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Agnes Richter. Fuente: http://prinzhorn.uni-hd.de

Si estuviera en un hospital de finales del SXIX sin comprender porqué he sido internada; si vistiera un frío uniforme día tras día y viera mi identidad cada vez más desintegrada; si fuera drogada contínuamente y a pesar de todo me quedara esperanza, yo también escribiría.

Pero escribir no era algo al alcance de cualquiera en aquella época, y menos para un loco, y menos para una mujer.

Agnes Richter, como el resto de las mujeres del psiquiátrico sólo podía asistir a los talleres adecuados a su género: los talleres de costura.

Allí consiguió hilo y aguja para bordar su biografía sobre la chaqueta de su uniforme.

También lo entalló para hacerlo más ajustado a sus formas. Así creó una segunda piel para contener su memoria, bordada por dentro y por fuera, hasta el último rincón. Porque en la batalla contra el olvido lo que no se escribe muere y lo que es peor ¿y si el recuerdo muere antes que ella misma?