Archivo de la categoría ‘escritura’

23 de abril de 2016

Gelabert, el fontanero del manicomio y los tegramas.

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Tegrama de Gelabert
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Tegrama de Gelabert
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Tegrama de Gelabert

Gelabert entregaba cada día al Doctor Sarró una cuartilla con escritos y dibujos que él llamaba “tegrama” y que iba dirigida a Dios. Sobre el origen del nombre “tegrama”, Gelabert explicaba que si bien el telegrama sirve para relacionar a los hombres entre sí, el tegrama se utiliza para relacionarse con la divinidad.

Gelabert vivía en un contínuo éxtasis cosmogónico si despreciar las labores mundanas de fontanero que le habían sido asignadas en el asilo. Estaba en contacto contínuo con la divinidad, de quien se consideraba representante «interino-intermitente, del pueblo ignorante y pagano» transcribiendo sus propias escrituras.

Gelabert encontraba mensajes divinos en cada rincón de su pequeño mundo. La naturaleza del patio del manicomio era su principal fuente de revelaciones. Las encontraba en el vuelo de un insecto, en las nubes, en la dirección en que caminaba una orguga… pero sobre todo en los números, especialmente los de la primera docena ya que más allá de ahí la divinidad no se interesa, explicaba.

En una ocasión creció una planta en medio del patio de forma espontánea. Era una tomatera. En sus frutos y número de hojas Gelabert encontró la revelación que explicaba la comunión entre el cielo y la tierra.

El Dr Sarró consideraba que la referencia a la totalidad en su más amplio sentido era una característica general de los delirios parafrénicos.

Fuentes:

HERNÁNDEZ MERINO, A. (2000): De la pintura psicopatológica al arte como terapia en España, 1917-1987. Universidad Politécnica de Valencia.

SARRÓ BURBANO, R. (1994): De la teoría mitologemática al homo demens (recopilación de MEDIAVILLA, J. L.; GIMENO, Barcelona, E. Policrom S. A.

25 de octubre de 2015

Calle Afuera, exposición fugaz de arte bruto de Guanajuato en Madrid

art brut mexico Guanajuatao, Kaliman

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Creación de Alberto Rodríguez (Kalimán)

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Creación de Alberto Rodríguez (Kalimán)

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Creación de Alberto Rodríguez (Kalimán)

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Creación de Alberto Rodríguez (Kalimán)

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Varias obras en formato marcapáginas de Blanca Lara

Calle Afuera, exposición fugaz de arte bruto de Guanajuato en Madrid

En las calles de Guanajuato hay personas que colorean el afuera con sus ricos y diversos adentros. Personas que de una forma tímida pero anhelante (Blanca Lara) o críptica y solitaria (Alberto Rodríguez, Kalimán) interaccionan con los viandantes a través de sus artefactos.

Ana Karen G. Barajas lleva años siguiéndoles, acompañándoles y recogiendo algunas de sus creaciones. Uno de ellos es Alberto Rodríguez (1969) quien se hace llamar “Kalimán” por su gusto por la historieta y el programa de radio popular que se emitía en México entre los años 1963 y 1991.

Alberto se apodera de la publicidad que recoge por la ciudad y la interviene con su grafía. Escribe compulsivamente, a menudo por las dos caras y mientras lo hace, canta una especie de mantra “Ka Ka Equis Ka” que encuentra su eco en la escritura. A veces también rompe o quema sus creaciones y se unta la ceniza por el cuerpo, completando así una especie de ritual.

Salvo por breves estancias en un hospital psiquiátrico cercano a la ciudad, Alberto vive en las calles guanajuatenses, cobijado por la generosidad de los vecinos y sufriendo a veces su incomprensión.

Blanca Lara es otra persona a la que frecuentemente se ve en las calles vendiendo o produciendo marcapáginas. Estudió Ciencias de la Comunicación y cine en Alemania y parece que durante algún tiempo se dedicó a pintar composiciones abstractas. Actualmente tendrá unos cuarenta y cinco años (no se sabe con seguridad) y los dos temas nucleares de sus dibujos son las mujeres y los pollos. A veces se inspira en cuentos como Alicia a través del espejo o La Cenicienta y en ocasiones también toma imágenes de la vida diaria. Blanca produce en un estado cercano al trance, como pueden apreciar quienes se acercan a conversar con ella mientras dibuja en el Cafetal. El formato usado por Blanca es el del marcapáginas, utiliza folder o cartulina y se dispone a crear con acuarela, pluma y crayón. El antropomorfismo es una constante en sus dibujos y también llama la atención que los elementos de sus composiciones suelan ir ligados por una línea que recuerda a la forma en que sus ideas se conectan, como por un fino hilo, aunque carezcan de relación semántica.

Con el objetivo de mostrar las creaciones que Ana Karen G.Barajas ha ido recopilando estos últimos años y aprovechando su estancia en Madrid, hemos organizado una exposición fugaz con los dibujos de estos dos creadores.

karen-y-gracielaLa exposición “Calle Afuera. Art Brut de Guanajuato” podrá verse en el Espacio B de Lavapiés entre el 5 y el 8 de noviembre.

El día 5 a las 20h, daremos una charla con proyecciones para conocer mejor la obra de estos dos personajes singulares de Guanajuato. Esperamos veros allí.

-Ana Karen G. Barajas y Graciela García

Cómo llegar al Espacio B, calle Buenavista 39.

27 de diciembre de 2013

La vuelta al día en cuatro mundos (1/4) Bispo do Rosario

bispo do rosarioBispo se agacha lentamente apoyando la mano izquierda en su rodilla semiflexionada mientras con la otra recoge un símbolo de Volkswagen del suelo. Es el logotipo perdido de un auto que llegó, quién sabe cómo, hasta la Colonia Juliano Moreira. Bispo le dedica unos instantes, lo sopla con sus labios agrietados y retraídos por la falta de dientes, lo gira y le quita el polvo frotándolo contra la camisa que lleva debajo del Manto de Presentación. Ahora se ve más clara la letra W. Bispo se preocupa un momento, apenas recuerda haber salvado nada que empiece por esa letra.

Se guarda el objeto en el bolsillo y se camina con paso ligero y silencioso hacia su cuarto. Para llegar lo antes posible tiene que atravesar el patio que separa la vasta extensión de prados de su pabellón. Por éste se vagan algunos locos con uniforme azul, la mayoría solos y mirando al vacío. Debajo de un árbol, Luiz Carlos, que se deja afeitar por otro enfermo, le grita un saludo al verlo y Bispo le devuelve un gesto de la mano. Al pasar junto a la puerta del comedor acelera el paso. Los locos hacen cola para entrar a almorzar, dando minúsculos pasitos hacia delante. No pueden avanzar más porque están pegados entre sí, como si no dejar aire entre sus cuerpos fuera garantía de comer antes.

Borboleta, el gato al que que alimenta cada día, maúlla al verle. Bispo se agacha de nuevo y lo acaricia por compromiso, sólo una pasada. Nadie más se interpone en su camino y consigue llegar al fin al edificio.

Por las celosías del pasillo entra la luz del mediodía que se extingue al cerrar la puerta del cuarto fuerte. Allí reina la calma, la calma y la oscuridad. Bispo se serena un poco. Enciende la luz y no dedica un segundo a contemplar el fascinante microuniverso que custodia ahí dentro. Se dirige hacia la zona en que acumula sus residuos míticos: latas, botellas, zapatos, botones, telas… y deposita allí todo lo encontrado durante su paseo, clasificándolo. El símbolo de Volkfswagen se lo queda en la mano. Luego mira alrededor. Está el Arca de Noé, las otras maquetas de barcos, el tiovivo, la colección de herramientas, los mojones con las calles… Confirmado. Nada que empiece por uve doble.

bispo do rosario

 

Echa pigmento en una cuchara y mientras lo mezcla con un poco de agua, deja que las ideas vengan a la cabeza. Coge una astilla de madera con la que suele escribir y un trozo de cartón como soporte. Con estos utensilios se sienta en la Cama de Romeo y Julieta. Moja la astilla en la pintura y comienza a escribir en la esquina del cartón. Lo hace con decisión y en letras mayúsculas, encerrando en un rectángulo cada palabra terminada, para que permanezca.

bispo_do_rosario

Se encuentra completamente embebido en la tarea, casi en trance, cuando llaman a la puerta. Bispo lo ignora pero al rato llaman de nuevo. Masculla algo, irritado. No tiene ninguna intención de levantarse. La voz dulde de Rosángela María Grillo llega del otro lado del mundo, del mundo del manicomio. Entonces Bispo se acerca a la puerta, ajeno de repente al mal humor que le ha creado la interrupción. Una vez allí pregunta como siempre la contraseña: ¿De qué color tengo el aura? Azul con reflejos plateados, dice Rosángela.

Al ver a la jovencísima psicóloga, el viejo Bispo se pliega hacia delante a modo de reverencia. Le coge la mano y le sonríe mirando su aura: la Virgen María, dice, como confirmando algo que ya sabía. Adelante.

Rosángela se adentra con respeto en el extraño territorio de Bispo. Mira a su alrededor. Ha entrado varias veces pero sigue sorprendiéndose ante la visión de los objetos destinados a representar el mundo. Están por todas partes, por el suelo, por las paredes, algunos incluso cuelgan del techo. Predominan las miniaturas y los bordados. Todos realizados por Bispo con lo que tiene a mano. También hay mucha basura cuidadosamente ordenada. Sobre la mesa pueden verse los restos de una operación a medio terminar: sólo queda la manga de un viejo uniforme azul, del que Bispo extrae los hilos para bordar.

Todo lo que está aquí —Bispo abarca la habitación con un gesto de su brazo mientras habla— también lo tengo aquí, dice acariciando el manto de representación que lleva puesto. Tiene que ser así, para que no se pierda nada. ¡Ésta es el Arca de Noé! Exclama Rosángela, señalando con entusiasmo un bordado del Manto. ¡Y éste es el estandarte! Al oír la palabra “estandarte” Bispo se separa de la psicóloga para acercarse a su estandarte favorito. Le llevó mucho tiempo terminarlo y le encanta hablar de él. Vuelve a señalarle a Rosángela las distintas partes como si fuera la primera vez. Aquí están todas las variedades de deportes ¿los ves? El fútbol, el tenis, el béisbol… Y aquí la geografía del mundo: Cuba, España, Arabia Saudí, Italia…

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Aunque ya sabe la respuesta Rosángela pregunta, para halagarle, ¿y cómo es que puede conocer tantos sitios? Yo todo lo conozco, dice Bispo, soy hijo de Dios.

En realidad Bispo conocía muchos de esos sitios porque había sido marinero. La mayoría incluso los había visitado. Eso lo sabía Rosángela, que no escondía la curiosidad que le inspiraba este interno, antiguo marinero y boxeador que había escapado al electroshock y la lobotomía y se había ganado el respeto de todos hasta el punto de conseguir un cuarto para él solo, mientras otros internos se amontonaban en habitaciones y tenían que enterrar sus pocas posesiones para que no se las quitaran.

Sería quizás por su figura ascética, porque trabajaba duramente en las tareas de la Colonia o porque apenas comía ni daba problemas. O quizás, muy probablemente, porque Bispo había sido una especie de sheriff del lugar. Su facha imponente de otros tiempos aterraba a los enfermos y la sola imagen de Bispo con una toalla húmeda enrollada en la mano a modo de guante de boxeador, servía para poner orden entre los otros locos.

Me han dicho que tienes un registro de todas las personas que has conocido dentro y fuera de la colonia.

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Bispo hablaba poco pero con la pura y celestial Rosángela hacía una excepción: no en vano era la Virgen María. Se encaminó a la Cama de Romeo y Julieta, se agachó con cuidado y sacó de debajo una maleta repleta de papeles azules. Aquí hay personas que debo salvar, indicó.

La maleta ajada estaba llena de gastados papelillos azules, cada uno escrito con un nombre en letras mayúsculas. Rosángela se preguntó si ella estaría allí, deseando quizás con algo de superstición, ser una de las elegidas. Después, Bispo se levantó el Manto de Presentación para mostrar la parte interior de la prenda.

El manto estaba bordado también por dentro. ¿Y estos nombres? Estos son los nombres de las personas importantes. Mira, aquí estás tú: Rosángela María Grillo Magallanes.

Rosángela quedó sorprendida porque no se apellidaba Magallanes pero no quiso interrumpir a Bispo, cuyos ojos ahora enfocaban el vacío.

Rosángela, cuando yo muera quiero que me entierren con el Manto de Presentación. Es muy importante: tengo que ir preparado el día del juicio final. Todo esto que he construido es para eso. Cuando muera, los cielos se abrirán y comenzará el recuento del mundo. Con esta nave, con este manto y estas miniaturas que representan la existencia, me voy a presentar.

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Rosángela pasó la mano por el brazo de Bispo y se despidió. Le dijo que sí, que así se haría pero que ahora tenía que seguir visitando a otros pacientes. En realidad hoy no le tocaba ver a Bispo pero había querido hacerle una visita amistosa. A la salida, mientras recorría el pasillo iluminado por las celosías saludaba a los enfermos más o menos catatónicos que custiodaban algún rincón. Reparó en una palabra grabada en la pared: Libertad. Probablemente sería una pintada antigua, de días aún más duros, cuando trataban a los enfermos con electroshock y medidas psiquiátricas igual de atroces. Esto le hizo pensar en el particular caso de Bispo, encerrado durante 50 años pero esclavizado sobre todo por su propia mente. La última vez él había ingresado voluntariamente en la Colonia, un lugar tranquilo donde dedicarse a la misión que le había sido encomendada por los siete ángeles azules, la de salvar el mundo, replicándolo. Él nunca se consideró artista, no tenía más remedio que hacer lo que hacía. Probablemente esto le generó sufrimientos pero también le ayudó a escapar del día a día de alienamiento y precariedad que vivían otros enfermos.

Los locos, decía Bispo, son como colibrís, nunca se posan. Están a dos metros del suelo.

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BIO: Arthur Bispo do Rosário (Japaratuba, Brasil, 1911-1989) fue marinero, boxeador, empleado doméstico y muchas otras cosas antes de dedicarse a su misión. En 1939 se vio asaltado por una visión. Se le apareció Cristo acompañado de siete ángeles azules que le encomendaron salvar el mundo. En la Colonia Juliano Moreira le diagnostican esquizofrenia paranoide. Allí comenzó su labor creativa: hacer un inventario destinado a recordar a Dios lo que no puede olvidar. Contra su deseo, no le enterraron con el Manto de Presentación.

“La vuelta al día en cuatro mundos” es un artículo para Bric-à-Brac que se compone de cuatro relatos que quieren recrear un día en la vida de los artistas Arthur Bispo do Rosário, Opicinus de Canistris, Georges Widener y Zdenek Kosek. Se trata de cuatro textos de ficción con los que hemos querido acercarnos a cómo vivieron estos artistas su pulsión “ordenadora” en el día a día.

La idea que nos hemos hecho de cómo sería un día en la vida de estos artistas creadores de cosmogonías proviene de los datos que hemos podido recabar de la bibliografía incluida y, también, de nuestra imaginación. [Los autores: Graciela García y Emiliano Bruno]
Descargar el artículo completo en Bric_à_brac

24 de noviembre de 2013

Cuentos Públicos de Estilo en el Trabajo de Ventura

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Quedo con Fernando Ventura en un bar de Malasaña porque quiere enseñarme unos libros en los que está trabajando.

Ahora prefiero el collage, no sufro como con el dibujo, me dice. A lo mejor es porque en el dibujo estás tú solo. Parece estar de acuerdo. Eso es, al menos, lo que me pasa a mí, le explico.

Los collages de Ventura son tan inquietantes e inapresables como sus dibujos, con la ventaja de que estos, los collages, se alimentan del rico repertorio de texturas que le proporcionan las imágenes de revistas. Él tiene predilección por las texturas de la comida, me indica señalando el recorte de un guiso irreconocible, convertido en prótesis o muñón. Y protesta porque el collage sea, en cierto modo, una técnica de segunda.

Claro, pienso yo, el artista está en lo que escoge y transforma. El artista es un trapero. En el collage se ve más claro pero el espigado, el robo y la transformación está en cualquier obra y técnica. A mí, del collage, me atraen los regalos del azar, que se exhiben así, en bruto, tan desvergonzados. Los dos libros que me enseña Ventura son un caldo de encuentros afortunados.

El primer libro, el que lleva más avanzado, se llama “Cuentos públicos de estilo en el trabajo de Ventura” y es eso, un ejercicio de estilo, un cuaderno de aforismos, un poemario dadá… Un libro de artista que utiliza como soporte el libro de otro artista: un catálogo de escultura. Y es bueno, muy bueno. Sobre todo en algunos momentos, faltaría más.

En este libro el material de fondo y la intervención de Ventura a veces se ignoran y a veces conversan. La escultura convertida como nunca en material gráfico. Y luego están los textos, por alguna razón me quedo enganchada en uno, que me deja como con hambre “Con depresión mejor construir señales que futuro”.

Está compuesto como los otros textos juntando palabras recortadas, igual que en los mensajes anónimos. Uno escribiendo así está menos expuesto, puede querer decir algo profundo o sólo estar jugando a descubrir asociaciones inquietantes ¿Cómo será esa mesa de Ventura llena de palabras a la espera? Ventura también practica la escritura tradicional, ésa en la que las palabras son llamadas a testificar una a una, palabras de las que uno tiene que hacerse plenamente responsable. En este blog dediqué una entrada hace unos meses a sus escritos.

Al final del libro, en las últimas páginas, donde todavía Alberto Bañuelos es Alberto (sin Fernando) me encuentro unos cuantos dibujos sueltos, tamaño cuartilla. Entonces es cuando Ventura me cuenta la historia de su amigo Florentino Vico. Estos dibujos, me explica, son para que los venda un buen amigo mendigo, que duerme en la Plaza Mayor. Ventura tiene curiosidad por ver cómo reacciona la gente. Los dibujos son como siempre, potentes y de algún modo terribles. Casi todo retratos. Su amigo estará (si le dejan) vendiéndolos como suyos allí, en el corazón turístico de Madrid, junto a los pintores de quijotes y caricaturas al carbón. Con su facha de mendigo y su poderoso nombre como de alguien destinado a algo grande.

Ventura admira a su amigo. Como él, Florentino percibe la remi pero se encuentra en una situación más precaria. Ventura se ha planteado enseñarle a dibujar, meterle en esto como Jaime Vallaure hizo con él, plantarle frente a un carboncillo y animarle a emborronar, rasgar, romper y reconstruir. El problema es dónde, yo le propongo a Ventura que le de revistas y una grapadora, que haga collages nómadas, casi esculturas, para no necesitar una mesa, pero creo que no termina de ver la idea. En cualquier caso, volviendo al tema de las ventas, Ventura le ha propuesto ir a medias y si la cosa funciona, a lo mejor Florentino encuentra una cuerda de la que tirar. El precio a Ventura le da lo mismo, él siempre prefiere que sus dibujos viajen, que tomen su propio camino, no le gusta acumularlos.

Entretanto, Ventura continúa junto a Jaime el proyecto La Sociedad del Carbón, donde ambos dibujan a carboncillo mano a mano, aprendiendo a cazar la riqueza de lo borrado y lo sobreescrito por el otro. Y también, imagino, depurando el difícil arte de “parar”.

Nos despedimos. Ventura se lleva sus dos libros, que espero termine, y mientras quito el candado de mi bici  hablamos por alguna razón del problema de tener tiempo, de aburrirse. Pero sin aburrimiento no suceden cosas, acordamos, no hay caldo, sólo comida preparada que a veces, con algo de suerte, da el pego.

Si queréis saber más sobre Fernando Ventura, aquí tenéis varias entradas sobre él.

9 de noviembre de 2013

Frederic Bruly Bouabré (1923, Costa de Marfil)

Frédéric Bruly Bouabré

De este hombre me fascinan varias cosas. En primer lugar su obsesión por crear una escritura fonética, que para él no era una invención sino un descubrimiento, revelado en una sucesión de visiones que acontecen al mirar objetos cotidianos con un espíritu atento e investigador. Un espíritu como el suyo, conectado con la belleza y lo divino.

Frederic detestaba escuchar que su cultura no tenía un lenguaje escrito hasta la llegada de los occidentales, y estaba empeñado en demostrar lo contrario. Por eso se dedicó a descubrir una escritura destinada a convertirse en el Alfabeto del Oeste Arficano.

Convencido de que África occidental tiene un legado escrito olvidado, descubre los vestigios de esta escritura perdida a través de varias fuentes, la primera de ellas: las pequeñas y hermosas piedras de un pueblo llamado Bekora, en las que encuentra signos que depura e interpreta. Su segunda fuente son las escarificaciones y tatuajes de las etnias africanas que conoce. La tercera, las pesas de Akan que se utilizaban para pesar el oro. También encuentra pinturas simbólicas y trazas de escritura en las manchas negras de los plátanos, en las formas de los huitos, en objetos como un peine… (a través del grafismo de las cosas se llega a la materialización de las ideas).

Bruly-Bouabre-Frederic-estracto del alfabeto

pesas de Akan

 

Una investigación de toda una vida en esta dirección le ha llevado a crear (encontrar) un corpus de 401 pictogramas (448 según otras fuentes) que ilustran la cantidad de sonidos (sílabas) que un ser humano puede pronunciar. Juntos componen lo que él llama el Alfabeto del Oeste Africano.

Uno podría pensar que una persona tan peculiar viviría apartada de la vida laboral pero no, Frédéric estuvo desempeñando distintos puestos como secretario o auxiliar en organismos gubernamentales hasta 1982.

Su tarea como investigador, filósofo y artista comenzó en 1948 tras una visión maravillosa. Se le apareció el sol en sus siete estadios de color y a partir de entonces se definió a favor de la belleza y la paz (a Dios no le gusta la guerra). Su obra viene de alguna manera a construir una base que corrobore estos principios, tanto su alfabeto, como sus dibujos y sus escritos son una oda al patrimonio universal, la belleza natural, lo africano, el amor…. Él cree en el proyecto de una nueva sociedad sustentada en la unidad mundial y el mestizaje cultural.

Aunque es más conocido por sus dibujos, es su obra literaria y filosófica el verdadero engranaje de su particular visión. Como por ejemplo el Libro de Leyes Divinas, compuesto de 973 preceptos sobre distintas esferas de la existencia.

Frédéric Bruly Bouabré

arte outsider africano

Sus dibujos son la materialización de las revelaciones que diariamente recibe. La otra cosa que me fascina en él es su persistencia tanto en la creación (dibuja diariamente, se siente obligado a transcribir cada revelación) como en el mantenimiento de un formato que permanece inalterado a lo largo de los años.

Siempre trabaja en un tamaño de papel estándar: la cuartilla (10 x 15cm), sus herramientas son un bolígrafo negro y lápices de colores. En el centro: el dibujo, un objeto simbólico sobre un fondo de color enmarcado por un filete de otro color y un escrito en torno, siempre en mayúsculas, que describe la visión. Este escrito comienza siempre tras un punto rojo que “abre el ritual” y, cuando hay espacio suficiente, se cierra con su propio símbolo: un asterisco. Por detrás encontramos su firma y la fecha de la revelación.

5 de febrero de 2012

Grafiteros babélicos

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Giovanni Bosco. Imagen procedente del Osservatorio Outsider Art
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Giovanni Bosco. Imagen procedente del Osservatorio Outsider Art
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Giovanni Bosco. Imagen procedente del Osservatorio Outsider Art

Este post va dedicado a dos artistas descubiertos en el libro Costruttori di Babele que intervienen los muros de las ciudades que habitan.

Giovanni Bosco (Castellammare del Golfo, 1948 – 2009) trabajó desde muy joven como pastor y minero en una pequeña ciudad siciliana. Se quedó huérfano muy temprano y tuvo que enfrentarse a dos años de cárcel por robar ovejas. Durante un período de exilio se enteró de que dos de sus hermanos habían sido asesinados. La noticia le provocó una crisis nerviosa que le llevó a ser hospitalizado en un hospital psiquiátrico, donde probablemente recibió electroshock.

A su vuelta a Castellammare llevó una vida de extrema pobreza y utilizó cualquier soporte disponible para expresarse plásticamente, los muros de su ciudad, las paredes de su cuarto, cartones o papel de carta. Parece que también había inventado una especie de idioma.

Los murales se encuentran esparcidos por las calles del centro de Castellammare del Golfo y en la carretera de entrada a Salemi.

Más información y bibliografía en outsiderart.unipa.it. y en costruttoridibabele.net

melina riccio
melina riccio
Melina Riccio

Melina Riccio (1951) es una suerte de Penélope urbana. Vivió en las calles de Génova vagabundeando y pasando calamidades hasta que comprendió que tenía que recrear el paraíso en la tierra.

Melina es una señora vital que habla en rima y se viste y adorna con sus propias creaciones.
Comenzó haciendo grafitis hasta que hizo su primera exposición y lo abandonó para dedicarse a las piezas de collage con telas. Viaja acompañada de una gran bolsa de retales con los que hace instalaciones en el entorno.

Imágenes obtenidas de trenisti, de ziguline y de paperblog

5 de diciembre de 2011

Documental Arthur Bispo do Rosàrio (portugués)

Arthur Bispo do Rosário fue negro, pobre, marinero, boxeador y artista por cuenta de Dios.
Vivió en el manicomio de Río de Janeiro.
Allí, los siete ángeles azules le transmitieron la orden divina: Dios le mandó hacer un inventario general del mundo.
El inventario del mundo, inconcluso, estaba hecho de chatarras,
vidrios rotos,
escobas calvas,
zapatillas caminadas,
botellas bebidas,
sábanas dormidas,
ruedas viajadas,
velas navegadas,
banderas vencidas,
cartas leídas,
palabras olvidadas y
aguas llovidas.
Arthur había trabajado con basura. Porque toda basura era vida vivida, y de la basura venía todo lo que en el mundo era o había sido. Nada de lo intacto merecía figurar. Lo intacto había muerto sin nacer.

Inventario general del mundo. Eduardo Galeano

19 de marzo de 2011

De la pintura psiquiátrica al arteterapia en España, conferencia Ana Hernández Merino

Pinacoteca_Psiquiatrica_Espana

En esta conferencia abierta, la Dra. Ana Hernández Merino efectuará un recorrido por la historia de la pintura y la psiquiatría en España durante el siglo XX a través de distintas colecciones o textos y los comienzos del arteterapia.

En ella se estudiará la evolución desde el arte psicopatológico al arte como terapia y se establecerá un  paralelismo en este recorrido histórico entre el uso terapéutico del arte como terapia en nuestro país y en el mundo anglosajón, viendo causas y consecuencias o las relaciones con la vanguardia artística.

Se sugiere consultar con antelación al evento el catálogo on  line de la Pinacoteca psiquiátrica en la web de la Universidad de Valencia

Ana Hernández Merino

Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia (2000). Desde 1977 trabaja en los Servicios de Salud Mental habiéndose especializado en arteterapia. También es profesora en el Master de Arteterapia de la Escuela de Prácticas de Psicología de la Universidad de Murcia y colabora en los Masters de Arteterapia de la Universidad de Girona y el Master Oficial Interuniversitario (UAM, UCM y UVA) en Arteterapia y Educación Artística para la Inclusión Social.

Ha realizados diversas publicaciones en torno a la pintura de enfermos mentales y el arteterapia y ha comisariado la exposición “Pinacoteca psiquiátrica en España 1917-1990”. Edifici de la Nau, Patrocinada por el Vicerrectorado de Cultura de la Universidad de Valencia (2009).

Título: “De la pintura psiquiátrica al arteterapia en España”

Conferenciante: Dra. Ana Hernández Merino

Día: 23 de marzo

Hora: de 17 a 19

Lugar: Salón de Actos de la Facultad de Formación de Profesorado y Educación

Organización: Master Oficial Interuniversitario (UAM, UCM y UVA) en Arteterapia y Educación Artística para la Inclusión Social y Dpto. de Educación Artística, Plástica y Visual

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