Archivo de la categoría ‘arte y enfermedad mental’

6 de febrero de 2011

“Jaime” (1974)

Primeros 10 minutos del documental “Jaime” (1974) del director portugués Antonio Reis, donde se retrata la vida y obra de Jaime Fernandes, que comenzó a dibujar a los 60 años durante su intenamiento en el psiquiátrico Miguel Bombarda de Lisboa. Padecía esquizofrenia y paranoia.

13 de junio de 2010

dibujos-inventario de mujeres en psiquiátricos

Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mi para ocultar el desorden de mi naturaleza (García Márquez, Memoria de mis putas tristes).

Es curiosa la afición del ser humano por los inventarios o sus conceptos afines, menos ligados a lo económico, el coleccionismo y los gabinetes de curiosidades. Parece como si necesitáramos nombrar, ordenar, representar el mundo para apropiárnoslo.

En otros artículos se ha hablado de la creación de museos personales link 1 y link 2 que responden un poco a esa necesidad de organizar y materializar los conocimientos para crear una enciclopedia a medida.

En el libro Waanzin Is Vrouwelijk, La folie au féminin, Madness is female editado por el Museo Dr. Guislain, he encontrado nuevas muestras de inventarios realizados por mujeres internadas en psiquiátricos a principios del siglo 20. Creaciones de mujeres que necesitaban desesperadamente reafirmar su identidad y que encontraban en la representación de los objetos un puente hacia la perdida materialidad del mundo. Mediante la elaboración de estos dibujos se combate de algún modo la frialdad de la institución, la carencia de objetos personales y de objetos afectivos, recuperando una porción (un registro para la memoria) de las cosas perdidas. Así Hedwig Wilms (Alemania, 1874-1915), quien apenas hablaba ni comía, quiso hacerse con una vajilla similar a la que tenía antes de ser internada y que confeccionó con el único material que tenía: grueso hilo de algodón. Así, aunque no recuperara el objeto querido sí se apropiaba de su fantasma, de su sombra. Pero volviendo a los inventarios, los siguientes dibujos proceden de tres mujeres diferentes, dos de ellas acompañan los dibujos de anotaciones a fin de definir y atrapar aún más el objeto representado. La ilusión de control que proviene de representar fragmentos del mundo reside en todos nosotros, desde niños, necesitamos dibujar a nuestros seres queridos, confeccionar barajas de cartas a medida, coleccionar todo tipo de cosas. En todos los casos, lo más interesante de los inventarios, también del más completo de ellos realizado por el artista Bispo do Rosàrio, es la selección de los objetos representados y los lazos invisibles que los ligan entre sí trazando senderos por un mapa de la psique de su autor.

aline_von_perfall

Aline von Perfall (Bamberg)

Shigeko Akakabe (Tokio)

Frau Br (Viena)

4 de abril de 2010

Martín Ramírez en el MNCARS

Martín Ramírez descubrió de manera intuitiva que trabajando la línea en sucesivas repeticiones podía levantar las formas del papel y dotarlas de corporeidad. Este sencillo gesto gráfico le permite construir asombrosos espacios donde la transición dentro-fuera se produce sin pedir permiso a la lógica.

Me pregunto qué habría pensado Escher de estas trampas bidimensionales que desafían nuestra percepción con una sencillez pasmosa.
Martín Ramírez (Jalisco, 1895- 1963) fue un campesino de origen indio que emigró a California para juntar algún dinero con el que sacar adelante a su familia y sus cuatro hijos. Allí encontró trabajo en el ferrocarril pero en 1931, las consecuencias del crack del 29 lo dejaron en la calle sin techo, sin idioma para desenvolverse y completamente desorientado. Entretanto la Rebelión Cristera arruinó a los suyos en Jalisco. Tuvo noticia de que su pequeña casa de adobe con huerta fue destruida y de que su familia se dispersó. Durante unos meses vagabundeó por las calles alimentándose de lo que encontraba y durmiendo donde podía. Nunca llegó a aprender inglés y su situación se agravó al caer enfermo.

Las autoridades lo llevaron a un psiquiátrico y allí produjo cerca de 450 dibujos durante los 33 años que estuvo internado bajo diagnóstico de esquizofrenia, depresión aguda, catatonia y psicosis. Él sabía que sus creaciones eran valiosas y a veces exponía los rollos terminados en la puerta del porche del pabellón. Sin embargo tenía que luchar para salvar los dibujos de los celadores, que registraban su habitación para destruirlos. Ramírez trabajaba con lo que tenía a mano, era un gran recolector de papeles de todo tipo, desde las notas de las enfermeras hasta papel de liar, sábanas de papel para camillas… que unía con pegamento de fabricación casera, elaborado con masa de pan, almidón de patata y su propia saliva. Ésta es la razón por la que muchas de sus obras fueron quemadas, pues se temía que contuvieran los bacilos de la tuberculosis.

En su imaginería se aprecia su vínculo con el ferrocarril, así como sus raíces mexicanas. Su universo está poblado por vaqueros, trenes, túneles, iglesias de la región de Jalisco y, ante todo, por sus características líneas concéntricas y ondulantes que son su unidad de construcción.

En el psiquiátrico, Ramírez decidió no hablar, por lo que se pensó que era sordo. Su mejor herramienta de comuniciación era el dibujo. No se cansó de repetir una y otra vez los mismos símbolos y algunas composiciones, entre las que se aprecian pequeñas variaciones en las formas.

La presencia de túneles en sus obras es constante. Juega con la ambigüedad espacial con algo tan sencillo como oscurecer sus arcos de líneas casi siempre por arriba. Ramírez parece fascinado con las construcciones humanas pero sus formas de líneas consecutivas se emparentan con el crecimiento de las formas naturales, como los mejillones o los árboles.

Parece que tuvo su léxico muy claro desde el principio, aunque no sabemos si los dibujos quemados serían acaso diferentes. La exposición del MNCARS no sigue un hilo cronológico ya que Ramírez nunca hablo de su obra ni fechó pieza alguna, sólo sabemos que las creaciones proceden de sus últimos 15 años de vida.

En el psiquiátrico estuvo en contacto con algunas imágenes que quizás influyeron en sus creaciones. Se sabe que proyectaban películas y que les facilitaban revistas. Algunos de sus dibujos incorporan imágenes impresas. Ramírez las pegaba al papel y les daba continuidad pictórica.

Una de las obras más chocantes porque se sale de su imaginería recurrente representa un barco en el agua. La forma de dibujar ambos elementos es sorprendente. Las olas se concretan en una filigrana que parece un recurso textil o medieval para atrapar la complejidad de un elemento natural.

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) de Madrid recoge en la exposición ‘Martín Ramírez. Marcos de Reclusión’ una muestra de 62 piezas que podrá visitarse hasta el 12 de julio.

15 de noviembre de 2009

Pinacoteca Psiquiátrica en España

Este fin de semana he tenido la oportunidad de visitar en Valencia la maravillosa exposición Pinacoteca Psiquiátrica en España (1917-1990) que reúne una amplia selección de obras realizadas por pacientes psiquiátricos en España entre los años 1917 y 1990.

La muestra recoge un total de más de trescientas obras de colecciones privadas, reunidas en 8 secciones: Lo primitivo y ajeno, Geometrías, Arquitecturas, máquinas y otros inventos, Ángeles y demonios, Pictoescrituras, Alienista/ alienado, Escenas hospitalarias, Melancolía, Localización de la locura, La cabeza como alegoría, Sueños, delirios y monstruos.

La exposición también incluye documentos originales, material fotográfico y dos documentales sobre el Hospital de La Santa Cruz y sobre los 600 años de historia del manicomio Padre Jofrea. Un completo catálogo incluye además varias obras que no están en la exposición y un gran cuerpo de textos de varios autores vinculados al art brut o a la psiquiatría.

Uno de los autores que más han llamado mi atención es Pedro Alonso Ruiz, un paciente del manicomio de Toledo que realiza dibujos orientalizantes entre los años 1916 y 1941. Estos se caracterizan por partir de un esbozo a lápiz realzado por un marco delimitador. En una segunda fase el autor anima la composición mediante el trabajo con tintas de anilina de varios colores entre los que destacan el turquesa y el rojo. La tinta aguada y el lápiz se funden creando una nueva textura que también se halla en las frases escritas donde el pincel repasa cada una de las letras. El resultado es una composición alegre que tiene algo de trabajo textil, quizás por la abundancia de motivos decorativos o por el tipo de representación esquematizada que tiende a enmarcarse como si fuera un pañuelo o tapiz. Al parecer, Pedro Alonso Ruíz podría haber sido influenciado por los tapices bizantinos y persas que adornaban las calles toledanas durante la procesión del Corpus Christi.

No tenía más formación que la de su oficio de herrero pero mostraba aptitudes musicales y artísticas, con una sensibilidad muy especial para trabajar los motivos decorativos, los símbolos esquematizados y los patrones ornamentales.

Solía integrar textos en sus dibujos, que conforman la imagen junto al resto de elementos compositivos o la apostillan con alusiones al Doctor Lafora o al propio autor, en lo que parecen ser firmas. Su caligrafía es también decorativa y las terminaciones de las letras se enroscan o rematan con un punto de tinta.

22 de abril de 2009

Dibujos en el suelo de Marie Lieb



Marie Lieb pasó varias temporadas internada en un psiquiátrico por mania. Allí se servía del suelo de su cuarto como lienzo para escribir y dibujar. Con tiras de retal blanco realizaba composiciones donde aparecían asteriscos y flores. También algunas inscripciones.

Tenemos testimonio de su trabajo a través de dos únicas fotografías sobre las que Wilhelm Weygandt, asistente del Dr. Emil Kraepelin, comenta: “…Motivos compuestos con tiras de sábanas de una mujer maniaca, esparcidos en el suelo de su habitación.”

20 de noviembre de 2008

Imposible no pensar en Andy Warhol



¿Quién es Heinrich Reisenbauer?

Heinrich Reisenbauer (Kirchau, Austria, 1938) trabaja en el taller de artistas de la Clínica Psiquiátrica Gugging, donde produce una y otra vez dibujos compuestos por un mismo objeto que se repite sistemáticamente a lo largo de filas y columnas.

Su trabajo nos recuerda al arte pop, en particular a las obras de Warhol, pero son las diferencias y no las semejanzas, las que hacen interesantes estos dibujos seriados. El arte pop trabaja sobre la fuerza iconográfica descubierta en objetos de la sociedad de consumo, representativos de la moda, el capitalismo o la tecnología. En cambio Reisenbauer escoge objetos cotidianos pero atemporales y los repite como un juego, por el placer de comprobar la reconfortante consistencia de las cosas y la infinita multilicidad del mundo. Los elementos se diferencian entre sí por pequeños matices, aunque a simple vista parecen todos iguales. Nada que ver con cierto trasfondo “desasosegante” que trasciende de las imágenes pop, aunque igualmente exitoso. Basta con introducir su nombre en Google para comprobar la cantidad de dibujos suyos que se subastan.

Son ejercicios plásticos, infantiles quizás, pero que nos llevan a reflexiones más profundas. Éstas comienzan en cuanto pensamos en el proceso y en la motivación que puede llevar a este hombre a repetir sin cesar la misma configuración. A partir de cierto punto, se introduce en el proceso de creación nuestra mirada, entonces todo se complica, el espectador se siente atraído por una supuesta “obsesión” o por el juego, pero entonces el autor se siente reconocido y quién sabe si no cambia su motivación. Va a ser cierto que no se puede observar nada sin modificarlo.

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9 de septiembre de 2008

Jules Leclercq





Jules Leclercq (Tourcoing, 1894 – 1966) es de los pocos hombres que bordan. Fue internado en el Hospital Psiquiátrico de Armentières debido a sus alucinaciones. Allí se encarga de organizar la ropa de la lavandería, lo que le da la oportunidad de hacerse con retales y viejos calcetines.

De profesión costurero, se hallaba familiarizado con lo hilos, los trapos y la costura, aunque no siempre se había expresado de esta manera. Los primeros años se dedicó a rellenar cuadernos con los supuestos agravios de que era objeto en el hospital. Le gustaba personalizar su ropa y tenía un gorro en que podía leerse “Muerte a Benoit”, nombre del supervisor que había firmado su admisión en el hospital.

Algunas de sus creaciones llegan a medir dos metros de altura y muchas están trabajadas por delante y por detrás. Tanto en su trabajo gráfico como bordado hay dos temas que se alternan, las escenas militares y los desnudos rodeados de flores. En las primeras llama la atención la composición organizada en secuencia, mientras que en su trabajo de desnudo se permite composiciones más libres. Otra constante será la inclusión de escritura, que hace referencia a su actividad mediúmnica.

Se declaraba a sí mismo médium y “Dador de fuego”. Tanto Tourcoing como Pas de Calais (lugares de nacimiento de Leclercq y del minero Lesage) se encuentran en el norte de Francia, en las inmediaciones de Lille. En aquella zona y por aquella época (finales del siglo XIX y principios del XX) las experiencias mediúmnicas estaban muy extendidas en los entornos humildes.

2 de septiembre de 2008

Creación textil en confinamiento

Leyendo el post del blog La Taberna del Mar sobre Marguerite Sirvins había sentido curiosidad por conocer las piezas creativas que había hecho esta mujer además de su famoso vestido de novia, cosido con hilos arrancados de sus propias sábanas.

Internada en un psiquiátrico a la edad de 41 años con diagnóstico de esquizofrenia, se sabe que había realizado numerosos bordados y acuarelas. Éste es uno de sus bordados, que al parecer siempre representaban escenas íntimas y familiares que recrean la infancia de la autora y donde los niños son los protagonistas.

Marguerite Sirvins “Escena de interior con muñeca”.
Entre 1944-1955. Hilo de lana y seda sobre tejido.

Otro hallazgo es la llamada Robe de Bonneval, obra anónima de una mujer internada en el Hospital Psiquiátrico de Bonneval en 1929, a partir de retales de tejido e hilo sobrante del taller de costura.

Anónimo “Traje de Bonneval”
Entre 1938 et 1948
Lana bordada sobre tejido y botones ;
120 x 100 x 3 cm

Comenzó a coserla a escondidas de todos, hasta que se sintió confiada para enseñarla. Tardó un total de diez años en terminarla y se compone de un conjunto de vestido, capa, toquilla, bolso y alfombra. Está bordado con motivos como plumas de pájaros y guirnaldas, siluetas de hombres y animales y se concibe como un vestido ritual.

Comenzó a confeccionarlo ante el anuncio de la muerte de su marido. Su objetivo era crear una obra tan solemne que reafirmara su poder frente a cualquier autoridad, administrativa o religiosa. Sería lucida en el curso de una celebración fastuosa, destinada a celebrar el reencuentro de la pareja en libertad, para vencer el pasado, el confinamiento y la muerte.

Por varios motivos nos recuerda a la obra de Marguerite Sirvins, y también a los atuendos de Vahan Poladian, a los impermeables de Willem van Genk y los mantos ceremoniales de Bispo Do Rosario.

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