Archivo de la categoría ‘Arte mayores’

20 de septiembre de 2009

La vejez como oportunidad (I)

S. P. Dinsmoor, Jardín del Edén

De todas la realidades (la vejez) es quizá aquélla de la que conservamos más tiempo en la vida una noción puramente abstracta. (Marcel Proust)

En el primer año de carrera en Bellas Artes teníamos una asignatura en la que debíamos escoger un tema en torno al que desarrollaríamos un proyecto, nuestro primer proyecto de investigación plástica. Debido a nuestra juventud lo acometíamos sin miedo, jugando y dando la vuelta a los pequeños descubrimientos que hacíamos con la ingenua ilusión de agotar el tema.

Hablo de esto porque el tema que yo escogí fue la vejez. Bajo el título Viejos mi proyecto presentaba multitud de experimentos en todas direcciones. Desde retratos realistas dibujados en la residencia del barrio con todo tipo de técnicas que iba aprendiendo y ensayando, hasta interpretaciones abstractas de lo que serían enfermedades como la demencia senil o la artrosis, pasando por esculturas con perchas encorvadas y otras ocurrencias.

Más allá de la dudosa calidad del resultado, la experiencia me sirvió para enfrentarme a uno de mis miedos evidentes, el miedo a envejecer, acompañado de esa sospecha abstracta de soledad a la que podría aludir la cita de Marcel Proust.

Realicé unas cinco visitas a la residencia de ancianos. Las personas que allí vivían me acogían con solemnidad o indiferencia. Me parecía increíble que individuos de aproximadamente la misma edad viviendo en las mismas circunstancias pudieran tener actitudes tan diferentes según lo que cargaran a sus espaldas. Recuerdo un hombre que era pura energía y adoptó el rol de introductor regalándome un esbozo oral de cada una de las personas que yo iba dibujando.

Algunos nunca se enteraron de que les dibujé y otros pocos mostraron indiferencia pero por lo general, tuve que hacer cada retrato dos veces para poder regalárselo a quien posaba.

Saqué una conclusión obvia: ¿qué debo hacer para ser como este señor (el introductor) cuando sea vieja? ¿cómo he de conducirme? ¿qué debo evitar para no quedarme en un recodo?.

Aún sigo habiéndomelas con esa inquietud y aplico una mirada ávida sobre las personas que mantienen su curiosidad y energía intactas siendo ya mayores.

Algunos lo demuestran embarcándose en proyectos creativos sin experiencia previa, dejándose la piel para sacar al exterior algo que llevan dentro con la premura de quien es consciente de su propia finitud.

El momento de la jubilación es un punto de inflexión que cada cual vive a su modo, como una marginación o como una oportunidad para dedicarse a lo que uno siempre quiso hacer con la serenidad propia de los años.

Bruno Montpied en su artículo Outsider art, the situacionist utopia : a parallel se fija en aquéllos que acometen su entrega a la vida creativa impulsados por una reacción contra la segregación de los mayores.

Habiendo alcanzado la edad de retirarse, estos hombres –y a veces mujeres- se sienten excluidos de la sociedad en la cuál han perdido su lugar.
Sus fuertes personalidades curtidas por circunstancias de la vida no se conforman con el vacío al que se sienten relegados. Sus “Palacios Ideales” nacen de esa represión inaceptable. La experimentación es su lenguaje de protesta, como si floreciera de manera natural y no hubiera alternativa.

Juan Antonio Ramírez nos habla con humor del síndrome de Juan Palomo para destacar que muchos autores outsider que construyen “Palacios Ideales” lo hacen tras la jubilación debido a que trabajan con sus propios recursos y necesitan disponer de tiempo.

Hace falta tiempo libre para dedicarlo a una actividad no remunerada, buena salud, energía, y un lugar propio donde poder trabajar sin impedimentos legales. Estas cosas no suelen darse de un modo coincidente hasta la edad adulta, cuando ya se han alcanzado o descartado ciertos objetivos profesionales y vitales, o cuando algunos desengaños (o iluminaciones) empujan a los individuos hacia la materialización de sus sueños privados.

Según este enfoque, la jubilación es una oportunidad que aprovechan personas como Máximo Rojo que sorteó las advertencias de su mujer que intentaba disuadirle para evitar las burlas de los vecinos. Máximo quería recrear en su jardín un material informe de conocimientos que habitaba su memoria. Sucesos de la historia que le interesaban, personajes emblemáticos en su vida y algunas parábolas personales. Lo comenzó a los 67 años y lo trabajó con devoción hasta su muerte. Ahora, el jardín de cemento languidece en la propiedad abandonada de Alcolea del Pinar.

Su historia es similar a la de Franz Gsellman, que tardó en poder entregarse a su pasión de ingeniero frustrado por las obligaciones de la granja en que trabajó toda su vida. Lo hizo a los 48 años y le dedicó los 23 siguientes. Aunque su trabajo no es el de un ingeniero al uso sino el de un artista juguetón que creó una máquina disparatada que producía luz, sonido y movimiento bajo el ambicioso título de Máquina del mundo.

También Charles Dellschau realizó sus dibujos sobre máquinas para volar a partir de los 78 años y Vollis Simpson, fabricante de maquinaria para mover casas, utilizó sus habilidades durante la jubilación para construir sus llamativos molinillos de más de 10 metros de alto a fin de calentar su hogar.

Una energía sin tregua se aprecia en S. P. Dinsmoor (EEUU, 1843-1932), soldado de la guerra civil y profesor de primaria, que a los 65 años llega a Lucas, Kansas y construye su casa y su propio Jardín del Edén poblado por estatuas de cemento y 30 árboles de cemento conectados por ramas sinuosas. También construyó un mausoleo para poder exponer su propio cuerpo embalsamado. A los 89 años se casó con una chica de 21. Su cuerpo yace, tal y como él deseaba, enterrado en su jardín.

Otro caso extraordinario es el del sátrapa Camille Renault (Francia, 1870- 1954) que esculpe en cemento los personajes de su Jardín de las sorpresas a partir de los 64 años en Attigny, Francia. Lo emprende como un desafío a su suerte que en pocos años se llevó a uno de sus hijos (ya había perdido otro en la guerra) y a su mujer. También sufrió la pérdida de su casa en un incendio.

Como él, tampoco Tressa Prisbey (1896-1988) fue una persona afortunada, y de un modo similar, comenzó a trabajar en su Pueblo de botellas a partir de los 60 años.

Más adelante seguiremos viendo autores que comienzan su actividad artística a una edad avanzada. En este post hemos citado a creadores de “entornos” y esculturas y en otros momentos ya hablamos de Bill Traylor que comenzó a dibujar con nada menos que 84 años, a la “abuela Moses” (76 años) , a Elisabeth Layton (68 años) …

7 de diciembre de 2008

juguetes contra la ceguera


Habiendo dedicado su vida al trabajo de la madera, Emile Ratier comienza a sentir que está a punto de quedarse ciego. La pérdida progresiva de la vista, le empuja a aferrarse a un mundo donde se potencian los otros sentidos. Sin dejar de trabajar el material por él más explorado, comienza a construir objetos de madera fantásticos y polisensoriales. Estos consisten en máquinas, norias, extraños tiovivos o relojes cuyo engranaje hacen funcionar los animales. El tacto y el sonido, toman un papel importante en el disfrute de estas máquinas de madera, clavos viejos, piezas de bicicleta y alambre. Ratier quedó completamente ciego a la edad de 65 años.

16 de mayo de 2008

Bill Traylor

bill_traylor

Bill Traylor era un artista autodidacta nacido esclavo en Alabama. No sabía leer ni escribir y empezó a dibujar en 1939, a la edad de 83 años. Sus composiciones son sencillas y rotundas, a menudo una figura monocromática que se desmarca del fondo. Poseen una gran fuerza mágica, quizás porque recuerdan a sombras chinescas o a los animales dibujados por los primeros hombres en las cavernas. Bill Traylor solía colgar sus dibujos en una valla cercana a su casa para entretener a los locales. Así conoció al joven pintor Charles Shannon, quien le ofreció materiales para seguir pintando y algo de ayuda financiera.bill_traylor

28 de abril de 2008

Calendarios para predecir el Juicio Final

amstrong_calendarios

Amstrong (Thomson, Georgia, 1911-1993) trabajó la mayor parte de su vida recogiendo algodón. Comienza a tener actividad creativa tres años después del fallecimiento de su esposa. Cuando dice haber sido visitado por un ángel que le pide que averigüe el día del Juicio Final.

Amstrong afronta esta misión construyendo calendarios bi y tridimensionales que le ayudan a calcular el Apocalipsis. Los artilugios, un total de más de 1500 piezas, adoptan todo tipo de formatos. Construye cajas de madera irregulares, y suele servirse de papel y pizarra, así como de objetos encontrados: buzones, urnas, cajetillas de cigarros…

Llama a su técnica pictórica “taping”. Ésta consiste en escribir signos tipográficos en rojo sobre superficies pintadas de blanco. A veces introduce otros colores, sobre todo para determinar las zonas de pasado y futuro.

Utilizando su conocimiento del tiempo y su don de la predicción realiza también algunos esquemas de inversiones.

3 de marzo de 2008

La máquina del mundo

Franz_Gsellman

Esta máquina del mundo contiene entre otras cosas dos góndolas, un timón de barco, un set de sal y pimienta, cinco crucifijos, 64 silbatos, 200 luces de colores y un barómetro. Su creador, Franz Gsellman tardó 23 años en construirla en su granja de las colinas austriacas.

Gsellman siempre tuvo una espina clavada por no haber podido estudiar ingeniería. En 1958 abondonó el negocio familiar tras el fuerte impacto que le produjo descubrir el Atomium de Bruselas. Inspirado por esta construcción, inició un recorrido por toda Bélgica estudiando por su cuenta lo que podía sobre estructuras arquitectónicas. De vuelta a casa, decidió dedicar su tiempo a la construcción de esta máquina de luz, color y sonido.

Comenzó copiando el modelo de Atomium, basándose en 25 hula-hoops. No le resultó fácil esquivar las preguntas familiares pero a pesar de todo, mantuvo su actividad en secreto durante ocho años, encerrándose en su taller cada mañana hasta la noche.

Cuando la obra salió a la luz produjo reacciones diversas, a la gente le resultaba curioso ver a este menudo y voluble hombre embarcado en lo que para ellos no tenía ningún sentido. Él sin embargo afirmaba que “Algún día sería buena para algo” Su fuerte fe cristiana le llevaba a considerar que esta máquina era un regalo que Dios le enviaba.

2 de febrero de 2008

Elizabeth Layton

Every Which WaySeptember 14, 1977

Elisabeth Layton comenzó a pintar a a la edad de 68 años durante una depresión que padecía desde hacía 35 años. Nació en Wellsville, una pequeña ciudad de Kansas. En su vida tuvo que luchar contra el trastorno bipolar mientras sacaba adelante a sus 5 hijos.

Proviene de una familia de periodistas, lo que podría explicar en parte el espíritu crítico que muestra toda su obra, cargada de humor negro y esperanza.

En muchos de sus dibujos retrata la vejez y el rol femenino, casi siempre dibujándose a sí misma mediante la técnica del “contorno ciego”.

Garden of Eden – November 1977

Masks – March, 1978

CINDERELLA – July 30, 1982

Thanksgiving – October 29, 1977

Censored – August 10, 1989

15 de enero de 2008

Abuela Moses

Ann Mary Roberts (Abuela Moses) empezó a pintar con 76 años con un vigor que la llevó a terminar más de 1500 obras antes de su fallecimiento a los 101 años. Su vida no fue fácil, cinco de sus diez hijos murieron y llevó una vida de duro trabajo como granjera. Cuando murió su esposo, ella tenía 66 años y se negó a dejarse arrastrar por la tristeza. Siguió bordando telas, como siempre había hecho, hasta que un día no pudo hacerlo, se le caía la aguja. Fue entonces cuando agarró el pincel. Moriría con él en la mano.

“Miro mi vida como un día de trabajo bien cumplido, que ha sido efectuado y con el que estoy satisfecha. Hice lo mejor que pude con lo que el destino me brindó. Y la vida es lo que de ella hacemos, siempre lo ha sido, y siempre lo será”. Abuela Moses

5 de enero de 2008

Arte a partir de los 60 años

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Vollis Simpson “Molinillos gigantes”
Fuente: MAIZELS, John (1996) Raw Creation. Outsider Art and beyond. Hong Kong, Phaidon

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Tressa Prisbey “Bottle Village”
Fuente: SCHUBERT, Marcus (1991) Outsider art II: Visionary environments. Kyoto, Art Random 75

Tressa Prisbey, comenzó a construir a los 60 años el que sería llamado Bottle Village. Todo empezó por la necesidad de levantar un lugar para guardar su colección de 17000 lápices. Pensó que una manera económica de hacerlo podría ser servirse de botellas amalgamadas con cemento. Debió encontrar la experiencia muy gratificante pues dedicó los veinte años siguientes a la construcción de otras trece casas de botellas, dos pozos de los deseos, una fuente, varias plantaciones, dos altares y un paseo de mosaicos. Los únicos materiales que compró fueron cemento, arena, papel de pared y vigas de madera. El resto lo tomó del vertedero local.

Tressa se casó a los 15 años con un hombre de 52 que ya tenía siete hijos. Le dejó, quedándose a cargo de los niños, seis de los cuales murieron. En su obra hay abundantes referencias a la maternidad y también invocaciones de magia simpática (pozos de los deseos, amuletos…). De lo que más orgullosa estaba La señora Prisbey era de su capacidad para generar algo de la nada.

“Cualquiera puede realizar cualquier cosa con un millón de dólares. Fíjate en Disney. Pero hace falta algo más que dinero para crear algo de la nada, y mira lo bien que me lo he pasado haciéndolo.”

Tressa Prisbey

Otra demostración de vitalidad e imaginación: Vollis Simpson, que era fabricante de maquinaria para transportar casas. En su jubilación aplica sus conocimientos en la construcción de unos molinillos de diez metros de altura a partir de carrocería y otros desechos de vehículos. En Alcolea del Pinar, Guadalajara, tenemos el ejemplo de Máximo Rojo. A los 67 años comienza a transformar su jardín en un museo que llamará “El Jardín Escultórico”
(ver entrada “Museos personales”)