James Castle (II)

James Castle es un ensamblador. Hace construcciones de abrigos. También hace un inventariado de los rincones que le rodean, interiores y exteriores, como si elaborara una lista visual.
Dice Zoe Leonard en el texto de escribe para el catálogo de la exposición en el Reina Sofía que los dibujos son serenos. Es cierto, no traslucen catarsis ni inquietud, son más bien el fruto de una mirada ensimismada con el orden en el mundo, una celebración de la lógica subyacente en cada mecánica y organismo.

Personas, pájaros, marcos, abrigos, sillas, cestas, carretillas… con una preferencia por lo que envuelve antes que por el contenido.

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  1. Vi la exposición sobre Castle, después de visitar la de Yayoi Kusuma. Sentí cierta paz. Claro que después de la explosión que es Yayoi cualquier cosa puede parecer un oasis.

    Dicen que para ser artista hay que ser un poco obsesivo. Yayoi es muy obsesiva (los puntos presentes desde el primer al último cuadro, los penes…), también un poco paranoica con todos esos ojos en sus cuadros.

    En Castle hay repetición, pero también hay más sosiego. Colores marrones, ocres. Elementos más cotidianos, no por eso menos simbólicos. Era una persona sin ninguna formación académica que hace unos dibujos sencillos pero muy bellos y buenos técnicamente. El arte de reciclar podría decirse, todo le servía a Castle para ser transformado. Cualquier material servía para construir un abrigo, un pájaro, una cuna…

    La repetición se puede convertir en una obsesión que nos intranquiliza, pero también hay que recordar que a la meditación se llega a través de repeticiones continuas: un sonido, una frase, un movimiento… Merece la pena ver estas dos exposiciones juntas y que cada uno saque sus propias conclusiones.

    Un saludo.
    Julia

    23 / 08 / 11:13
  2. Siempre me equivoco al poner el nombre de Yayoi Kusama. Ahora sí

    23 / 08 / 11:17
  3. Hola Julia,

    Tienes razón en que puede ser interesante ver a estos dos perseguidores juntos. Nada tienen que ver en el lenguaje formal pero desencadenan ineresantes reflexiones como las que propones.

    Otras personas me han comentado impresiones parecidas al ver las dos exposiciones una tras otra. En la obra de Castle no hay sufrimiento y resulta reconfortante meterse en su sistema tranquilo de investigación plástica. Ella es más oscura. Sólo una persona me dijo que le había fascinado tanto la de Yayoi Kusama que la de Castle le resultaba decepcionante.

    Yo las vi por separado, primero la de Castle y meses después la de Yayoi Kusama. De ésta me intrigaba su decisión de vivir en un psiquiátrico. No conocía nada de su obra y me gustó bastante, sobre todo las instalaciones, claro. Por alguna razón no me resultó turbadora.

    Gracias por compartir tus ideas, espero verte de vez en cuando por aquí… (y también espero estar yo un poco más activa) que con el verano tengo el blog abandonado.

    Un saludo,
    Graciela

    10 / 09 / 09:39

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