Archivo de julio de 2009

19 de julio de 2009

Innovación-repetición

Donald Mitchell “Sin Título” (2001)

Quitemos al arte la vestidura de innovación con la que ha estado coqueteando y que finalmente triunfó con Las Vanguardias hasta nuestros días. Sin ese corsé, el arte aparece libre de linealidad, como compañero del ser humano, camarada de miserias y celebraciones, siempre las mismas y diferentes.

Así mirado, el arte muestra la relación significativa entre creación y repetición, de la humanidad en conjunto y de cada experiencia individual.

Podemos hacernos la pregunta a la inversa ¿qué es lo que no se repite en la obra de un autor? Las anécdotas, las ocurrencias, los regalos del azar. De este modo lo significativo y esencial (lo repetido) es refrescado por lo inesperado (lo diferente). Como en un romance imposible, la entropía corteja al principio de constancia de Freud, o viceversa.


Pereña señala el principio de constancia de Freud, como “función secundaria impuesta por la necesidad de la vida”. Y señala “la tendencia originaria del sistema neuronal es la inercia, el nivel cero, la evacuación total de la excitación”. El principio de constancia sería el intento de trasladar la homeostasis, como regulación de la constancia fisiológica del flujo sanguíneo, la temperatura, etc. (López Fdez. Cao, ¿Nos hace la creación aptos para la vida?)

Podría pensarse que tanto la inercia como la entropía son tendencias naturales cuya pugna rige el movimiento y la estabilidad necesarias para la vida. La repetición, en cualquier caso, es una utopía, ya que aplicada a lo humano no puede ser idéntica. La repetición siempre sucede en dos momentos diferentes, no puede ser simultánea.

Del otro lado se encuentra el tan alabado concepto de “inspiración” entendido como un intento de contactar con lo nuevo o irrevelado. Como si lo nuevo fuera un espíritu al que se puede invocar pero que sólo se manifiesta si lo desea.

La ausencia de inspiración es la nada creativa o repetición. Lo curioso es que el estado de inspiración es en cierto modo un estado alterado de conciencia cercano por lo tanto al ritual, al automatismo, al trance… marcados todos ellos por la repetición.

Entendemos la repetición como parte fundamenteal del arte. Incluso su negación desesperada pone de manifiesto su importancia.

Las creaciones que estudiamos, espontáneas y obsesivas, dejan al desnudo esta necesidad humana de repetir.

Repetir conductas, generar monotonías, hábitos, rituales…


El artista pinta para entenderse, para entender el mundo, para entenderse en el mundo, o para constatar y expresar su no comprensión, el abismo insondable de la ininteligibilidad de sí y del mundo, para marcar la diferencia entre sí mismo y el otro, la irreductibilidad del ser frente al otro. Para hablar del fracaso de la identidad y la falacia de la identificación, para hablar, para no hablar cuando el lenguaje no tiene ya nada que decir.
(López Fdez. Cao, ¿Nos hace la creación aptos para la vida?)

2 de julio de 2009

Pierre Carbonel



Imágenes de Pierre Carbonel, sin título ni fecha encontrados. Fuente: http://www.les-metamorphozes.com/galerie/pages/artistes.htm


Encuentro bastante complicado obtener información sobre Pierre Carbonel (Anglet, Francia, 1925), apenas unas notas biográficas en las que se cuenta que dedicaba a sus creaciones todo el tiempo que le quedaba tras su ocupación como vendedor de artículos de perfumería.
Sus pinturas me parecen enigmáticas y no acierto a desentrañar el proceso pictórico, parece que experimentó con mezclas de emulsiones “combates de densidades líquidas” era como describía él sus creaciones (Karlins, 2001, ¶ 21)
Se trata de pinturas orgánicas que tienen algo de sedimentaciones rocosas, materia erosionada y subterránea que se reúne para conformar rostros.
También tiene algunas pinturas en las que el motivo de representación no es el retrato pero lo más habitual es que se dedique a encontrar las caras que se forman en las emulsiones que prepara.
Los colores (nunca colores puros ni brillantes) apoyan esta sensación de encontrarnos ante algo subterráneo. Al parecer se basaba en una capa tal de texturas que podía llegar a engrosar el lienzo hasta 10 centímetros.

KARLINS, N. F. (24 enero 2001) Special Edition: Outsider Art. En Artnet. Recuperado el 2 de Julio en http://www.artnet.com/Magazine/reviews/karlins/karlins1-24-01.asp