5 de octubre de 2014

Manuel Montalvo, Purivios y otros juegos

Manuel MontalvoManuel MontalvoManuel MontalvoManuel Montalvo

Mi flechazo con Manuel Montalvo fue en 2010, en la exposición que el MNCARS dedicó a RoseMarie Trockel. En dicha muestra, titulada RoseMarie Trockel: Un Cosmos, la comisaria Lynne Cooke tuvo el acierto de añadir obras de otros artistas que por diversas razones completaban el imaginario de Trockel. Entre esas obras figuraban las de algunos artistas outsider como Judith Scott, James Castle o los cuadernos del poco conocido Manuel Montalvo.

Puedo afirmar sin atisbo de duda que aquellos libritos de Manuel Montalvo fueron lo más impactante de la exposición y que de hecho son de lo mejor que he visto en el campo del arte. Ahí quedan como testimonio de la pulsión enciclopédica del hombre, como muestra de amor al arte, al conocimiento y al deseo de compartir.

A día de hoy sé que el artista los llamaba “Purivios” y que los hacía para regalarlos a sus familiares con la intención de que les acompañaran, como material de consulta.

Entre los saberes recogidos en los Purivios se encuentran mamíferos, pájaros, escudos, banderas nacionales, monumentos famosos y listas de todo tipo. Todo ello alternado con microscópicas leyendas que en lenguaje de procesador de textos tendrían ¡no más de dos puntos! Uno de los libritos, tan densamente trabajado como  los demás, mide aproximadamente 5 x 3 cm.

Manuel Montalvo falleció hace sólo tres años dejando atrás una ingente cantidad de obra de lo más ecléctico. Era un hombre sencillo y afable que nació en una familia pudiente y que nunca se interesó por el estilo de vida convencional. Por satisfacer a su padre empezó derecho y filosofía pero sólo aguantó un año y enseguida volvió a volcarse en su pulsión creativa desbordada. Era de estas personas que siempre andaba con fragmentos de minas o ceras en los bolsillos y que pintaba sobre cualquier superficie, con saliva si no tenía agua. Uno de sus hermanos, el que mejor le entendió, insiste en lo portentosamente rápido que dibujaba. Un día le dio un catálogo de Goya a las 11 de la noche y se lo devolvió a la mañana siguiente plagado de dibujos en cada página.

Aun siendo completamente autodidacta, estuvo en contacto con varios artistas españoles y apuntaba como promesa del arte informalista cuando sólo tenía 20 años. Su obra es puro juego, y quizás por eso coqueteó con todos los estilos y no se detuvo en ninguno, lo que hizo que no encajara en el mundo del arte. Llegó a interesar a la galerista Juana Mordó pero, a pesar de tener talento, Manuel era indisciplinado y panorámico, poco compatible con el mercado del Arte.

El arte era un ejercicio inevitable para Montalvo, era su principal forma de comunicarse y de expresar su amor a la vida. Especialmente conmovedores son los recortables que hacía para sus sobrinos. Dibujos abigarrados sin un espacio de papel en blanco que recortaba después para crear multitud de personajes que mover por escenarios también dibujados por él. O las gomas de borrar talladas con temas como “Prehistoria” o “La Grecia de Pericles”.

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18 de julio de 2014

La Casa delle Girandole de Donato Zangrossi

Gracias a Giada Carraro, especialista en arte irregolare veneciano, por enviarme su gran pequeño libro dedicado a “La Casa de los Molinillos, el Arte Cinético de un Poeta Astrónomo Veneciano”.

En él se cuenta la historia de Donato Zangrossi, conocido como Guido o Nono Zangrossi (el abuelo Zangrossi) quien decoró con molinillos de colores la fachada de su casa en Campo Castelforte, Venecia.

Los padres de Zangrossi (1905-1990) regentaban una frutería y Guido, aunque apuntaba maneras como estudiante, tuvo que ponerse a trabajar como operario en una fábrica siendo aún joven y conformándose con dedicar sus flecos de tiempo libre a la lectura.

Zangrossi era un devorador de libros que tenía predilección por los temas de físca y astronomía. Nunca dejó de anotar en sus cuadernos teorías que aunaban ciencia y poesía ni tampoco apuntes relacionados con la moralidad. Resulta muy ilustrativo de su talante que una de sus citas favoritas fuera de su admirado Kant: “Dos cosas colman mi alma de nueva y creciente emoción: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”. Esta frase nos ayuda a imaginar al personaje asomado a su ventana, entre molinillos, devolviendo el saludo a las barcas, con la mirada afable y soñadora que se aprecia en las fotografías.

Zangrossi se casó y tuvo tres hijos con su primera esposa, que falleció joven. A su segunda mujer la encontró un año después y fue con ella con quien se instaló en la casa que había pertenecido a sus padres. La casa que se convertiría en La Casa delle Girandole. El momento propicio para entregarse a su obra no llegó, como sucede en muchos casos de artistas outsider, hasta la jubilación.

Empezó poco a poco, muy discretamente, primero con un molinillo, luego con dos. Algunos más en la segunda planta… hasta que terminó creando un complejo e hipnótico sistema dinámico que fascinaba a los que navegaban la calle veneciana. Mucha gente tenía rituales asociados al paso por el pintoresco lugar, incluso los estudiantes universitarios acostumbraban a observar en qué sentido giraban los molinillos para vaticinar el resultado de sus exámenes.

Me parece como si Zangrossi hubiera encontrado, con sus molinillos, una forma materializar ese anhelo de aunar ciencia y poesía o al menos de plasmar su visión del mundo como un maravilloso mecanismo que sigue girando mientras nos hacemos preguntas existenciales, como las que él anotaba en sus cuadernos ¿Qué soy? ¿Qué es el universo?

Desgraciadamente, tras su muerte, su obra se deterioró y ha desaparecido. Por suerte nos quedan testimonios como este librito de Giada Carraro de lo que fue durante muchos años la ilusión de un hombre, a la que dedicó su creatividad y su cariño, además de exahustivos cuidados de mantenimiento y con la que alegró, sin proponérselo, el día a día de sus vecinos.

“La casa delle girandole. L’arte cinetica di un poeta astronomo veneziano” está editado por Linaria y que puede adquirirse en IBS o en Libreriauniversitaria

Más información y bibliografía sobre Donato Zangrossi en el genial blog de Henk Van Es Outsider Environments

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Publicado por: Graciela García
Categorías : escultecturas, máquinas maravillosas | Tags: , ,
17 de junio de 2014

Michel Reverbel

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El año pasado, en mi viaje por el sur de Francia en Camper encontramos este extraño lugar ubicado en el pueblecito de Viols le Fort.

La experiencia fue de lo más curiosa. Detuvimos la furgoneta y nos acercamos para intentar atisbar algo del interior. Así descubrimos a un hombre de unos 60 años con gorra que estaba regando su propiedad. Le interpelamos: Monsieir, monsieur! y su contestación fue un chorro de agua fría en los pies que asomaban por debajo de la puerta. Pensamos que iba en broma por lo que agradecimos el chapuzón y volvimos a preguntar. Trepamos un poco por un flanco para que pudiera vernos la expresión de buenas intenciones y antes de que pudiéramos presentarnos, el señor Reverbel nos enchufó un manguerazo con cierta violencia en plena cara.

En una operación de alto riesgo, mi novio sacó la cámara para hacerle una foto y eso terminó de desatar su furia. Tuvimos que salir corriendo con el señor enfebrecido detrás. Me quedé sin saber de primera mano qué le llevaba a hacer estas creaciones y tuve que conformarme con lo que nos contaron en el pueblo:

Supimos que había sido militar y que se ganaba la vida haciendo reparaciones mecánicas. De temperamento cambiante, tan pronto podía ofrecer una reparación gratuita como ser terriblemente hosco y mandarte a hacer puñetas por haberle traído el coche.

Esa contradicción resulta bastante llamativa ya que la profusa decoración del lugar se orienta al exterior, es decir que claramente Reverbel siente la necesidad de comunicar su singularidad. También manifiesta su interés por el mundo cuando lo que elige ilustrar son personas de vida pública: políticos, actores… Sin embargo luego no quiere contacto directo o al menos no en cualquier momento. La información que he encontrado sobre él en Internet me hace pensar que otras personas que han descubierto el enclave tampoco han conseguido hablar con él.

De su universo disfrutaremos pues, sus destellos. Ahí van unas fotos del exterior que pudimos tomar.

 

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6 de mayo de 2014

“Los trajes y el arte outsider” charla

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Dentro del marco de la exposición Arte Expósito, Graciela García charlará sobre “Los trajes y el arte outsider”. El Jueves 8 de Mayo a las 19:30 en la Galería Alegría. Os esperamos!

 

 

1 de mayo de 2014

Dunya Hirschter

BIOGRAFÍA

Dunja Koprolčec nació el 18 de marzo de 1954 en Croacia. Estudió inglés y literatura comparada en la universidad de Zagreb y con dieciséis años se inició en el mundo del teatro.

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En febrero de 1975 entró a formar parte del grupo Globe Theatre, que fue un referente del teatro experimental balcánico durante la segunda mitad de los años setenta hasta principios de los ochenta y cuya influencia perdura hasta nuestros días. El grupo tenía un marcado carácter experimental y Dunya fue, de sus miembros, la más rádical y quizás la cabecilla. A Dunya se la tenía por una mujer fuerte, valiente e idealista que empujaba el arte al límite, hasta llegar a fusionarlo con la vida.

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zlatko-buricA principios de los años 80 se dedicó a viajar y de entre todos los viajes hubo uno que la marcó. Fue el descubrimiento de Marruecos y más concretamente de la ciudad de Tanger, destino de muchos hippies y artistas de aquellos tiempos. No se sabe bien lo que sucedió allí, pero Marruecos fue para ella una experiencia intensa, el punto de inflexión entre las dos Dunyas, la Dunya artista y la Dunya que terminaría convirtiéndose en vagabunda. Entre otras cosas se sabe que fue allí donde se convirtió al Islam y donde se gestó su separación de Zlatko Buric, hoy famoso actor con residencia en Dinamarca, con quien compartió la pasión por el teatro pero no el interés por el Islam. Al principio pensó que él se convertiría, que la seguiría, pero no fue así y Dunya decidió separarse.

Desde aquel primer viaje, regresó periódicamente a Marruecos y en una de sus estancias conoció a un hombre musulmán que quería casarse con ella, pero la familia de él no aceptó y Dunya lo vivió como un acontecimiento trágico. Pensaba que les habían hecho brujería y se sintió desgraciada el resto de su vida por haberse quedado sola y sin hijos.

Su última aparición en escena fue para la representación de “Fashion Show” en 1984, tras lo cual se retiró de la vida pública.

Desde entonces vivió en varios lugares sin preocuparse de visados ni permisos de estancia, lo que le valió ser deportada a su cuidad natal, Osijek, donde tenía un hermano. Como no quería quedarse en Croacia, ni tampoco vivir con su hermano, volvió a España con un nuevo nombre: Dunya Hirschter.

En España vivió un año en Madrid, en el parque de la Mezquita de la M30, alimentándose gracias a la caridad de la comunidad musulmana y durmiendo en la mezquita. Para Dunya fue una época durísima, se sentía muy desprotegida y tenía frecuentes crisis nerviosas. Escuchaba voces y se sentía perseguida. Por aquel entonces, en el parque, comenzó a trabajar en una labor de bordado en un gran manto, que lamentablemente no se conserva.

De allí viajó a Málaga donde conoció a unas personas de Granada que le ofrecieron trabajo y la llevaron de vuelta a esta ciudad que para ella era símbolo de convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos. El trabajo no le duró porque Dunya tenía un comportamiento extraño, que asustaba a la gente, pero al menos en Granada se encontraba en una ciudad más pequeña y amable; y lo más importante, con una comunidad musulmana grande y muy unida.

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Dunya apenas tenía ingresos, tan sólo una pequeña pensión que recibía de Croacia. Es por esto que las mujeres de la comunidad musulmana le llevaban alimentos y se ocupaban de sus necesidades. Ella no trabajaba para ganar dinero, ya que por un lado no conseguía mantener los empleos y por otro, la vida en este mundo había dejado de interesarle. Tampoco vendía sus creaciones, aunque de vez en cuando creaba algo para una amiga a cambio de dinero.

Dicen que pasaba muchas horas en la mezquita y que ocupaba siempre el mismo puesto, detrás del biombo que delimita el área de las mujeres, con su Corán entre las manos, vestida de forma extravagante con prendas muy viejas personalizadas por ella. En la mezquita ella tenía lo más cercano a un espacio y a una familia, pero no conseguía integrarse bien debido a que hablaba mal español y a que salvo excepciones, se la tenía por una loca.

La falta de relaciones sociales le venía muy mal, hacía que se aislara más y más y que se volcara en sus bordados, dibujos y collages.
A veces no salía durante días, dedicándose fanáticamente a sus obras y al estudio del Corán, hora tras hora, sin dormir ni comer.

Cada vez que su hermano se retrasaba en el ingreso de su pensión o cuando sentía que estaba a punto de perder la pequeña casa que tenía en el Albaicín, sufría crisis nerviosas que asustaban a los vecinos y que le valieron ser ingresada en un hospital, donde le diagnosticaron esquizofrenia y le sometieron a un tratamiento con psicofármacos muy duro. Dunya era consciente de su enfermedad y sufría por ello pero se negaba a tomar medicamentos, por lo que transitaba entre momentos de lucidez y estados de delirio.

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Así pasaron los años en Granada, cada vez más aislada, sin ser entendida por la gente del barrio, que veían en ella a una extraña y alta figura, vestida con ropas coloridas y un pañuelo en la cabeza. De duro carácter y marcado acento croata.

Una amiga que de vez en cuando la visitaba, después de no verla durante días, llamó a la policía para forzar la puerta de su casa: la hallaron sentada en la cocina, muerta. Fue enterrada el primer día enero de 2009, en el cementerio musulmán de Granada.

Si bien a su muerte han surgido algunos obituarios que cuentan parte de su vida y le rinden homenaje en virtud del legado que dejó como integrante del Globe Theater, Dunya murió sola y completamente alejada de ese breve pasado glorioso. En su tumba no hay inscripción alguna.

OBRA

La obra de Dunya se compone esencialmente de collages y de prendas y accesorios intervenidos. Mención aparte merece lo que podría ser su pieza central, el Corán que utilizaba a diario.

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Los collages de Dunya son composiciones de varias capas que combinan el dibujo de motivos ornamentales con el troquelado, muy fino y minucioso, de papeles semitransparentes. A veces incorporaba elementos que encontraba en la calle como cáscaras o elementos vegetales.

Tenía tal escasez de medios y una necesidad tan grande de expresarse que la mayoría de dibujos están trabajados por ambas caras e incluso las capas ocultas pueden estar recubiertas de minúsculas flechas y adornos de colores donde no queda ni un milímetro del papel sin cubrir.

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Dunya no podía dejar de emplear el arte como su principal medio para expresar sus sentimientos. Es posible que mediante la ropa embellecida por ella quisiera proclamar su singularidad y protegerse de su propio lado trastornado y de las miradas incomprensivas de los demás.

En Dunya llama la atención el contraste entre esa idea oscura que tenían de ella los vecinos, esa imagen de mujer mahumorada, de duro acento, inflexible (parece que se ponía muy agresiva si por ejemplo a alguien le sonaba el móvil en la mezquita) y el colorido y vitalidad que vuelca en sus creaciones textiles. Ese acto de coquetería que es adornar con colores y dorados las propias gafas, el abanico… parece demostrar que había en ella un mundo alegre y rico que ofrecer al que la mayoría de la gente, por falta de llave, no podía o no quería acceder.

Dunya-Hirschter

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Cuando uno intenta asomarse a su proceso creativo y observa sus creaciones, los collages, sus bordados, el Corán, tiene la sensación de que el tiempo se detiene. Sus creaciones nos resultan cautivadoras porque en ellas se suspende la noción del tiempo tal y como la entendemos. Se suspende la tiranía de la utilidad. En esta sociedad donde toda tarea debe ser justificada y todo minuto debe ser optimizado, se presentan rara vez objetos que disuelven el concepto de tiempo, lo dejan flotando, lo banalizan.

Dunya-Hirschter

Dunya-Hirschter

Algo de Dunya se ha quedado entre sus bordados y entre las páginas de su manoseado libro, algo físico: humores corporales y algo inasible: precisamente en esa relación con el tiempo reside el poder de la permanencia de Dunya en sus creaciones, el extraño halo que los envuelve y convierte en objetos cargados de algo que no sabemos describir.

Sus prendas son el resultado de un acto muy íntimo de comunión entre la persona y el imaginario que se construye para cubrirse y presentarse ante el mundo.

Dunya sufre una desalineación entre la realidad y la idea que ella tiene de su destino. Su traje nos recuerda a otras obras de arte outsider realizadas por mujeres en psiquiátricos, el vestido de novia que tejió Marguerite Sirvins con hilos extraídos de sus propias sábanas; el diario bordado en la chaqueta del uniforme, por dentro y por fuera, de Agnes Richter; o el misterioso conjunto conocido como La Robe de Bonneval, concebido como traje ritual para la reconciliación de una pareja que nunca más se encontraría. Se trata de obras donde las prendas de vestir son un objeto simbólico que prentende aliviar una carencia dolorosa, de libertad, de cordura, de amor, de una vida “normal”.

 

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En cuanto al Corán, hablamos de éste como si fuera una obra pero por supuesto esto es de algún modo un esnobismo que nos permitimos al sacarlo de contexto, pues para ella era un objeto inefable al que profesaba el máximo respeto. Asociarlo a una intención artística sería una blasfemia. Representaba el centro de su fe y una fuente inagotable de estudio. Es curioso porque la mayoría de los “respetos” se manifiestan como una especie de miedo a lo respetado. La mayoría de personas que respetan algo no se atreven a tocar su objeto de veneración. Más raro es encontrar “respetos” como el de Dunya, que dialogan con él y lo intervienen.

Dunya debía sentir su Corán como una parte tan íntima de sí misma que se nota que lo manejó con libertad. Lo mejoró estéticamente, lo hizo más usable, recortando papel sobrante y añadiendo pestañas para manejarlo mejor. Lo quemó en algunas páginas, quizás intencionadamente (quemaba a menudo parte de sus obras porque le gustaba o le parecía espiritual el efecto del papel quemado). Lo subrayó con fluorescente, lo dibujó, coloreó e incluso festoneó en la parte de abajo, quizás en un estado alterado de conciencia de los que da el trabajo prolongado. También le cambio el lomo, lo bordó con hilos de colores, creando una desconcertante y caótica composición.

La obra de Dunya puede verse hasta el 21 de mayo en La Galería Alegría de Madrid.

Créditos:

Gracias a Moumina Wagner, Nadja El-Shohoumi y Jessica Moroni por la información facilitada.

Las fotografías de Dunya joven provienen de: www.jutarnji.hr

Las fotografías de Dunya con pañuelo han sido facilitadas por: Moumina Wagner.

Las dos fotografías de los collages de Dunya son de Antonio Riccio.

El resto de fotografías de la obra de Dunya son de Álvaro Acinas (Galería Alegría).

9 de abril de 2014

Exposición “Arte expósito”.

Aquí os dejamos algunas fotografías de la exposición “Arte Exposito” que puede verse en estos momentos en la Galería Alegría de Madrid hasta el 17 de mayo.
Las fotos son de Álvaro Ancinas.

Ramón LosaRamón Losa
Fernando VenturaFernando VenturaDunya HirschterDunya HirschterDunya HirschterDunya HirschterDunya HirschterDunya Hirschterarte exposito ramón Losa

2 de abril de 2014

Arte expósito, exposición de arte outsider en Madrid y Barcelona en la Galería Alegría

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Los próximos días 3 y 5 de abril se inaugura en Barcelona y Madrid la exposición “Arte Expósito” que tengo el placer de comisariar. La propuesta forma parte del proyecto Jugada a 3 Bandas, que tiene como objetivo poner en relación a galerías, comisarios y artistas.

BARCELONA:
Inauguración el jueves 3 de abril a partir de las 17h.
Consell de Cent 159 08015 Barcelona. (visitas concertadas)

MADRID
Inauguración el sábado 5 de abril a partir de las 11h. Doctor Fourquet 35 28012 Madrid.
De martes a sábado de 11 a 19h.
Aquí podéis descargaros el texto de la exposición Arte Expósito en el que se habla un poquito de cada uno de los artistas.

coran_dunya_hirschterDunya Hirschter (Fotografía Álvaro Ancinas)

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Fernando Ventura

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Ramón Losa

23 de febrero de 2014

La vuelta al día en cuatro mundos (2/4) La mano sola, Opicinus de Canistris

“La vuelta al día en cuatro mundos” es un artículo para Bric-à-Brac que se compone de cuatro relatos que quieren recrear un día en la vida de los artistas Arthur Bispo do Rosário, Opicinus de Canistris, Georges Widener y Zdenek Kosek. Se trata de cuatro textos de ficción con los que hemos querido acercarnos a cómo vivieron estos artistas su pulsión “ordenadora” en el día a día.

La idea que nos hemos hecho de cómo sería un día en la vida de estos artistas creadores de cosmogonías proviene de los datos que hemos podido recabar de la bibliografía incluida y, también, de nuestra imaginación. [Los autores: Graciela García y Emiliano Bruno]
Descargar el artículo completo en Bric_à_brac

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El hermano cirujano no ha venido aún. Las sangrías de ayer me han dejado exhausto. Sin embargo me siento extraña y extremadamente lúcido, con la cabeza ligera, casi volátil: algo como un frío de plata, un frescor de menta de agua recorre por oleadas las paredes internas de mi cráneo. Veo todo con una claridad inusitada, sorprendente, como si mis propios ojos alumbraran el mundo. Ahora sé. Y debo aprovechar este momento, a pesar de que la pluma pese como una cruz en mi mano enferma y tenga que invocar a la Virgen Santísima para escribir cada palabra: pronto, tras las vísperas, llegará una vez más el momento en que la mano rehusará obedecer humanas órdenes y cobrará otra vida y fuerza. Otra verdad será revelada.

Gracias a la ayuda del hermano Paltius, cirujano, quien en gracia me tiene, el único tal vez, en este lugar, sé que mis trabajos empezaron tras los laudes del amanecer del 31 de marzo 1334. Me desplomé súbitamente al salir al claustro y caí enfermo. Recibí los sacramentos y estuve a punto de morir durante el primer tercio del mes de abril. Sé que estuve suspendido en una nube de luz, sintiendo en mi cuerpo todos los sufrimientos del hombre, la ofuscación de las mentes, el descarrío espiritual de las tierras y sus habitantes. Al volver en mí no reconocía el lugar: lo había olvidado todo y ni siquiera podía recordar lo que se veía desde la ventana de mi dormitorio. A consecuencia de la enfermedad había perdido la palabra, quedándome completamente mudo, mi mano derecha estaba como muerta y no me respondía. Además había prodigiosamente extraviado la mayor parte de mi memoria literal: mis estudios de las sagradas lecturas, mi oficio de escriba, todo había desaparecido.

En la noche del 15 de agosto, vi en un sueño a la Virgen con el Niño en su regazo. Es gracias a ella que ahora puedo dejar este testimonio: por sus méritos y palabras he recobrado parte de mi conocimiento pero, sobre todo, ha sido obrado en mí un milagro: un doble espíritu ha tomado morada en mi cuerpo y mente: mi mano ahora es la que ve, la que sabe. Yo soy su siervo y traductor.

Mi mano derecha es endeble y torpe para el trabajo mundano. Desde febrero de este Año del Señor 1335, de mi propia voluntad he renunciado a los trabajos del scriptorium, no siendo capaz de realizar el trabajo que me había sido encomendado a causa de la debilidad de mis miembros, en especial el brazo derecho, que cuelga dormido a lo largo de mi flanco la mayor parte del tiempo, y queriendo dedicarme por completo a ser mensajero del Señor. La enfermedad de la mano y su languidez me acompañan y hasta escribir estas líneas me resulta harto fatigoso. Sin embargo, cuando la Sagrada Virgen se apodera de ella, mi mano es capaz de trabajar noches enteras: todas estas imágenes han sido dibujadas sin ninguna ayuda humana sino la del Señor y de la Virgen. La Verdad que atesoran viene de Dios, de quien yo no soy más que un humilde mensajero.

Tal y como la inteligencia divina abarca juntamente todas las cosas, y tal y como toda cosa en el cielo inteligible también es cielo, y allí también la tierra es cielo, como también lo son los animales, las plantas, los varones y el mar, Dios está en el centro de todo y todo alrededor, y mi mano es su mansa y dócil servidora.

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Ahora que todo lo veo, ahora sé: en mí habitan los doctores de la iglesia, las cuatro órdenes monásticas con sus fundadores, los cuatro tipos de exégesis, los cuatro evangelistas, los profetas mayores y menores y la genealogía de María Santísima toda.

En mí, en mi cuerpo, está ahora todo. Todo el mundo revelado, sus tribulaciones, pecados y gozos están en mí. Y así hace Dios, a través de mí, como si Europa fuese hombre, de un lado, y África mujer, del otro. Adán y Eva y el Mare Diabólicum Satanás.

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He aquí el templo derrotado del Señor, cuyos ríos se han convertido en sangre corruptible: Europa tiene los ojos cerrados, la boca congelada, el brazo cuelga sin fuerzas a su lado, como el mío -porque yo también soy tal, Europa soy yo y sus ríos son heridas sangrantes que debilitan mi cuerpo. Y como en el dibujo que mi mano ha obrado, por gracia de Dios, un dragón muerde mi talón, un león atenaza mi cogote y sobre todo ella, África hija de Satanás, y sus hijos que siembran cizaña en el templo del Señor, susrran a mi oído obscenidades. La corrupción ha sembrado la división en la Iglesia del Señor, y siento yo en mi cuerpo todo este dolor, las mordeduras del león y del dragón. El pecado y la corrupción también están en mí, como está también el Señor y su gracia, como espejos que se miran y reflejan su contrario y se multiplican infinitas veces.

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Mi mano sola ha dibujado todo esto, con frenesí, en horas de trabajo febril y doloroso, guiada por la luz de la Virgen y el Señor conjuntamente.

Mi enfermedad se ve con recelo en el monasterio. He sabido que por orden del padre abad, les ha sido prohibida a mis hermanos la visión de mis trabajos. Sólo el hermano Paltius puede entrar en mi celda y visitarme. Paltius me ha hecho saber esta mañana que un tribunal de examinadores de Su Santidad vendrá a verme en cuanto mis condiciones mejoren. Mientras tanto, sus sangrías me mantienen lejos de la ominosa tropa de hijos de Satanás anidados en la Iglesia del Señor.  Cuando mis trabajos estén terminados, podré por fin descansar en paz. Haré que los pergaminos sean enviados a Su Santidad, porque en ellos está la Verdad y en la mano de Su Santidad está la salvación del mundo y de la Cristiandad. Que Dios nos proteja y salve.

arte marginalBIO: Opicinus de Canistris (1296-1350) nació en Lomello, un pequeño pueblo cerca de Pavia (Italia). Estudió teología, se ganó la vida iluminando manuscritos y llegó a desempeñar un cargo en la corte papal de Avignon. Desde joven fue presa de periodos depresivos y ataques psicóticos y en 1334 sufrió una importante ruptura psíquica que lo dejó en un estado parecido al coma durante alrededor de dos semanas. Al despertar, a pesar de haber perdido casi completamente la memoria, sintió haber recibido de la Virgen un “doble espíritu” y la capacidad de “ver la verdad”. Según él mismo relata, fue aquejado por la “enfermedad de la mano sola”: la mano derecha, que había resultado casi paralizada después de que cayera enfermo, se despertaba de vez en cuando, guiada por una entidad sobrenatural, creando las numerosas tablas que hoy conforman los manuscritos Palatinus latinus 1993 y Vaticanus latinus 6435.

Se cree que tuviera esquizofrenia o, según algunos estudiosos, el síndrome de Geschwind. Su manía autobiográfica (algo extremadamente raro y singular en la Edad Media), la  información de la que, por ende, se dispone de él, y la gran cantidad de inquietantes, complejos y maravillosos dibujos lo han convertido en objeto de estudios de numerosos especialistas, entre lo cuales el mismo Carl Gustave Jung. Sus mapas son interpretaciones antropocéntricas de la geografía física, a través de los cuales Opicinus construyó una cosmogonía personal, muy singular, en la que intenta ordenar los elementos que componen su mundo (tanto real como psíquico). El uso de los símbolos, su gusto por disimular y manipular (palabras, números, espacios), y su atracción hacia lo obsceno, lo sexual y lo escatológico son omnipresentes y están estrechamente relacionados con temas similares que se encuentran en general en la cultura medieval.

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